En la absoluta penumbra, fusiones de música oriental, jazz, rock y world music fueron el hilo conductor del concierto sensorial que ofrecieron anoche en el Lunario el compositor y multiinstrumentista Fausto Palma, la chelista Maricarmen Graue, ex-alumna de dicha Fundación, y la cantante María del Carmen Camarena. 

En la primera ocasión que se realizó este recital, el público fue partícipe de un viaje sensorial, donde la música, además de escucharse, se toca con el alma y se siente con el corazón.

Ante un lleno total, el recital acompañado de narraciones poéticas sobre la oscuridad, sirvió para recaudar fondos que generen oportunidades de desarrollo para personas con discapacidad visual.

Por espacio de hora y media, la música y la oscuridad fueron protagonistas de esta invitación al público para abrir sus sentidos, imaginar y crear, partiendo de la propia música de Fausto Palma.

Apenas se anunció la tercera llamada y de inmediato las luces del foro se apagaron en su totalidad, incluyendo aquellos anuncios de los sanitarios y salidas de emergencia, para dar paso a la completa penumbra.

Instantes después, el sonido de agua fluyendo en lo que parecía ser un gran rio se hizo presente y de inmediato se escuchó un poema acerca de la oscuridad.

“Hola. Soy la oscuridad, soy ese al que tus ojos le huyen y, sin embargo, el resto de tu cuerpo me puede sentir. Soy tacto, soy gusto, olfato y oído, una hoja en blanco, la creatividad en estado puro”, se escuchó en la penumbra para luego recibir los primeros acordes.

En un ejercicio de introspección, la música de corte oriental invadió el foro mientras los asistentes se limitaron a observar sus teléfonos celulares, la oscuridad era total, tanto que lo único que alumbraba al espacio eran las alarmas contra incendio que desde el techo emitían una pequeña luz verde que parpadeaba.

Tras dos piezas en la oscuridad, llegó el jazz y sobre el escenario los cincos músicos apenas recibieron un destello de luz iluminando a su vez, sus cuerpos y observando únicamente sus siluetas.

Conforme transcurrió el concierto la música poco a poco subió de tono y a la mitad se dejó sentir el rock, acompañado por fusiones de música oriental y algunos solos de guitarra.

Vino un segundo poema sobre la oscuridad y detrás de él, las extraordinarias sonoridades de Fausto Palma, quien junto con el resto de sus músicos "se echaron un palomazo en lo oscurito", llevándose al final los aplausos.

Durante la actividad se dio empleo a más de 35 personas con discapacidad visual como guías, todos ellos, pertenecientes a dicha Fundación, quienes contentos, también disfrutaron el recital, no sin antes, llevar hasta sus asientos al público o bien, ayudarlos a caminar en la penumbra durante su paso al sanitario.