El ajuar funerario de la Reina Roja que fue reconstruido y por primera vez se exhíbe íntegro en el Museo J. Paul Getty como parte de la exposición "Golden Kingdoms" podrá ser visitado ahora en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, a partir del 28 de febrero.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recordó que un equipo multidisciplinario hizo la aproximación fidedigna, hasta ahora única, del entierro de la alta dignataria maya del periodo Clásico, cuyas cuentas y teselas aparecieron hace 23 años, ante la mirada incrédula de los arqueólogos. 

La reconstrucción del ajuar funerario, continuó, contó con el apoyo financiero del Instituto de Investigación Getty y se basa en el minucioso registro que de estos materiales llevó a cabo el equipo del Proyecto Arqueológico Palenque, que incluyó hace unos años la restauración de la máscara de malaquita y el collar de la Reina Roja, siendo los únicos elementos del ajuar que se habían expuesto.

Con esa información, a la que se suman los estudios antropofísicos y antropométricos hechos a los restos óseos del personaje por especialistas como Arturo Romano y Vera Tiesler, es que en los últimos meses se trabajo en “dar el salto” de la bidimensión de los dibujos reconstructivos e interpretativos de la inhumación de la Reina Roja, al montaje de las piezas en una tercera dimensión, en particular del tocado, el pectoral y las pulseras.

Ése ha sido uno de los principales retos para el restaurador Constantino Armendáriz, hacedor de tales dibujos (series donde se observan las diferentes capas de deposición de los objetos) y quien hizo el trabajo de “reconstrucción” de los elementos, tomando en cuenta la anatomía de esta dignataria maya que falleció entre los 50 y 60 años de edad.

“Sin todos los años de dibujo, de todo el modelado, sin insistir en cada uno de los detalles: de los bordes, de la forma de las teselas, habría sido imposible llevar a buen puerto esta propuesta de montaje, la cual esperamos aterrice también en un mediano plazo en el Museo Alberto Ruz Lhuillier, de la Zona Arqueológica de Palenque”, expresó Armendáriz.

En este trabajo hizo mancuerna con el arqueólogo Arnoldo González Cruz, quien en 1994 —junto con su colega Fanny López— descubrió el sarcófago de la Reina Roja. Ambos proponen ahora una recreación real del momento en que fue amortajado el cuerpo de Tz’ak-b’u Ajaw hace mil 345 años, un ceremonial que Arnoldo González, director del Proyecto Arqueológico Palenque, describió a detalle en su libro (INAH, 2011) sobre la dignataria maya.

Fue así como el área de restauración del campamento de Palenque devino durante algunos meses de 2017 en una especie de taller de alta costura, en donde los bocetos debían traducirse en piezas únicas. Para armar el citado tocado del dios Narigudo, Constantino Armendáriz hubo de “barajar” un conjunto de 103 teselas de jadeíta, 14 piezas de concha y 37 pequeños fragmentos de caliza.

Aunque su familiaridad con la “Reina Roja” comenzó hace 12 años, cuando empezó a delinear los primeros dibujos sobre el contexto funerario, el restaurador destaca la dificultad de llevar éstos a una reconstrucción certera. Por ejemplo, para abordar el tocado, debió considerar que reposaba sobre una bóveda craneana con un pronunciado modelado (de tipo tabular oblicuo).

Para hacer la propuesta volumétrica de la pieza, el especialista realizó diversos acercamientos observando la forma de cada tesela para deducir el tipo de soporte que las mantuvo unidas. “En el caso de la máscara lo que se debe lograr es un retrato; sin embargo, el tocado es más complejo porque guarda una disposición triangular, y si bien sabemos alude a una figura zoomorfa, desconocemos la representación como tal”, detalló.

De igual modo iniciaron las labores de restauración del k’ub o pectoral de la Reina Roja, partiendo del registro fotográfico de los objetos que en 1994 aparecieron sobre el tórax del personaje: 172 cuentas de jadeíta, cuatro navajillas de obsidiana, cinco conchas de nácar, dos perlas y una aguja de hueso.

González y Armendáriz explicaron que por su cantidad, forma y tamaño, las cuentas debieron estar sujetas a un soporte de tela y se ubicaron solamente en la parte frontal del cuerpo, pues 90 por ciento de ellas aparecieron en la primera capa de deposición. 

Como narra el arqueólogo Arnoldo González, las exequias de la Reina Roja efectuadas en 672 d.C., se completaron colocando una diadema doble sobre su frente, pulseras en ambas muñecas, dos orejeras y dos cuentas globulares de jade atadas a sus tobillos. Finalmente, le fueron colocados el cinturón real y la máscara de malaquita, guardando su identidad para la posterioridad.

Gracias a la integración que se ha hecho del ajuar funerario, los especialistas se han encontrado muy cerca, como nunca antes, del momento en que el cuerpo inerte de la Reina Roja, Tz’ak-b’u Ajaw, la “Señora Sucesión”, fuera dispuesto en su última morada en el “Lugar de las grandes aguas”.