Agricultura de conservación, clave en seguridad alimentaria

Ante la constante amenaza del cambio climático y el aumento en el número de personas para 2050, que superará los nueve mil millones, la agricultura de conservación es clave para el futuro de la...

Ante la constante amenaza del cambio climático y el aumento en el número de personas para 2050, que superará los nueve mil millones, la agricultura de conservación es clave para el futuro de la seguridad alimentaria.

La población mundial pasará de seis mil 800 millones a nueve mil 100 millones de personas en los próximos 32 años, lo que representa un tercio más de bocas qué alimentar, según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Esto significa que el mundo deberá aumentar 70 por ciento su producción de alimentos, como resultado del incremento demográfico y el aumento de los ingresos.

Para Rubén García Torres, productor agropecuario en el municipio de Chignahuapan, Puebla, el desafío de producir más y mejores alimentos puede enfrentarse con el impulso de la agricultura de conservación en México.

Se trata de un sistema sin labranza que aumenta el rendimiento, protege los campos de la erosión, mejora la calidad del suelo y mitiga los efectos de la sequía, explicó el habitante de la comunidad de San Antonio Matlahuacales, donde ha dedicado más de 70 años de su vida al campo.

La agricultura de conservación es una práctica sustentable que también brinda un soporte a los campesinos, al reducir los costos de la producción y la mano de obra, destacó en entrevista con Notimex.

De acuerdo con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), la importancia de la alternativa agrícola radica en sus tres principios: reducir al mínimo el movimiento del suelo (sin labranza), dejar el rastrojo del cultivo anterior como capa protectora y la rotación de cultivos.

Al permanecer sobre la superficie del suelo, explicó García Torres, los residuos de las cosechas anteriores se descomponen y se transforman en materia orgánica de manera gradual.

“Cada vez que movemos el suelo (para sembrar), perdemos agua porque se seca con la puesta del sol y arrastra la tierra porque favorecemos el impacto directo agua de lluvia o la fuerza del viento”, sostuvo.

García Torres contó que hace siete años implementó “como prueba” este método en media hectárea y en la actualidad suman 20 hectáreas restauradas, en donde produce maíz, cebada, avena y chícharo, que después vende en las centrales de Abasto de la Ciudad de México y Puebla.

“Ya no volteo para nada mis suelos (porque) la tierra se ha ido restaurando, al dejarle todo el zacate, el suelo va engrosando más y tenemos un poco más de producción”, comentó el agricultor.

Añadió que el rastrojo funciona además como una cobertura para disminuir el desarrollo de melaza, al bloquear el contacto con la luz solar, y con la rotación de los cultivos se evita que plagas o enfermedades se hagan más resistentes.

Beneficios en el campo

Como parte de The Good Growth Plan, un plan de compromisos global con la seguridad alimentaria y la sostenibilidad agrícola para 2020, la empresa Syngenta estableció ocho parcelas demostrativas en 2015 para promover el uso de la agricultura de conservación.

En todas se hizo una inversión igual a la realizada con el sistema tradicional; sin embargo, durante el primer año se redujo el costo hasta en 35 por ciento con el sistema de agricultura de conservación.

Los resultados de la firma mostraron que al eliminar labores de labranza del suelo se disminuyó 30 por ciento el costo total de producción por hectárea y al complementar la nutrición inorgánica con compostas se redujo 20 por ciento adicional.

García Torres consideró que los agricultores mexicanos deben adquirir los conocimientos necesarios para hacer uso de este método, pues “las tierras son la única herencia que le vamos a dejar a nuestros hijos”.

Demanda de alimentos

La FAO prevé que la demanda de cereales (como alimentos y como piensos para animales) alcanzará tres mil millones de toneladas en 2050.

En tanto, el 72 por ciento de la producción cárnica será para el consumo en los países en desarrollo, que en la actualidad utilizan tan sólo 58 por ciento.

Asimismo, la producción de biocombustibles también aumentará la demanda de productos básicos agrícolas, en función de los precios de la energía y las políticas gubernamentales.