Las fuerzas de seguridad de la República Democrática del Congo (RDC) reprimieron hoy con gases lacrimógenos y disparos a manifestantes que reclaman la renuncia del presidente Joseph Kabila, con un saldo de al menos cinco muertos, siete heridos y unos 50 detenidos.

A pesar de que el gobierno prohibió cualquier protesta de carácter político, cientos de personas, en su mayoría católicos, lograron concentrarse en marchas dirigidas por sus párrocos en Kinshasa, antes de ser dispersados con gases lacrimógenos y municiones reales.

Las manifestaciones tuvieron lugar justo un año después de la firma del Acuerdo de San Silvestre, que planteaba la celebración de elecciones presidenciales antes de que finalizara 2017.

En el distrito de Lemba, fieles católicos de la parroquia de San Agustín fueron dispersados por el Ejército con disparos al aire mientras rezaban, mientras escenas similares se produjeron en otras iglesias de Kinsahasa, capital de la REDC, informó la radio local Okapi.

Según el grupo de derechos humanos Human Rights Watch (HRW), dos hombres fueron asesinados a tiros fuera de una iglesia en Kinshasa, aunque otras fuentes dan cuenta de cinco muertos.

El gobierno y oposición firmaron hace justo un año el Acuerdo de San Silvestre para celebrar elecciones antes de que terminara 2017, sin embargo, la Comisión Electoral anunció en octubre pasado que no sería posible convocarlas, sino hasta diciembre de 2018.

Los comicios debían haberse realizado originalmente en diciembre de 2016, pero las autoridades congoleñas las retrasaron alegando deficiencias en el censo, decisión considerada por la oposición como una maniobra de Kabila para postergar su salida de la presidencia.

Kabila, que se mantiene en el cargo desde la muerte de su padre en 2001, ya se ha presentado a dos elecciones y tiene prohibido por la Constitución optar a un tercer mandato.