“La soledad del pintor es como la de cualquier otra persona que está insatisfecha. A veces, no sé si estoy más insatisfecho con la vida o con mi obra, y aunque me siento bien y joven, y a pesar de que en cualquier momento nos puede llevar el ‘carajo’, sigo trabajando; soy afortunado por tener vitalidad y muchísimas cosas más”.

Así se expresó el artista plástico y visual Javier Vázquez Estupiñán (Irapuato, Guanajuato 1951), a quien el mundo conoce desde 1974 como Jazzamoart, sobrenombre que adoptó y le ha granjeado fama internacional. “Tengo la fuerza creativa que es como el espejo de mí mismo, de mi sentir y de mi emoción”, abundó entrevistado en su estudio por Notimex.

Dijo que todo eso es producto de su propia soledad, y consideró que aunque esté rodeado de familia, amigos y conocidos, “al final del día uno está sólo y nos vamos a dormir con nuestros fantasmas, nuestros problemas y nuestras ambiciones; eso se refleja en lo que pinto cada día, que puede ser en tonos claros y brillantes, o bien, negros y obscuros”.

Subrayó que se siente bien, con deseo y ánimo de seguir creando pinturas, esculturas y arte objeto, y de vez en cuando, tocar sus instrumentos musicales favoritos. Igualmente, aseguró tener muchos planes y proyectos para realizar, dentro y fuera del país, desde el primer día de 2018, particularmente para beneficio de su tierra natal, Irapuato.

Recordó que esa localidad guanajuatense ha crecido mucho industrial y económicamente, y destacó que eso es bueno, “aunque culturalmente seguimos jodidos”. Consecuentemente adelantó que tiene la ilusión de crear un museo de arte contemporáneo local, lo que hasta el momento no existe en todo el estado de Guanajuato; “Hay que trabajar en eso”, acotó.

Reconoció, sin embargo, que esa responsabilidad la asume indirectamente, “porque como no tengo ni mucho tiempo ni muchas ganas de involucrarme en esas cosas, relego desde hoy ese proyecto a mi esposa, a mis hijos y a mis paisanos que creen en ese proyecto; yo espero que se concrete pronto, antes de que me lleve el ‘carajo’ y no lo vea”.

En tono jocoso e hilarante, dejó ver que cuando el “carajo” se lo lleve, lo hará al infierno, donde desea estar, porque “el cielo ha de ser muy aburrido con sus angelitos encuerados tocando el arpa, mientras en el infierno están los músicos, jazzistas, pintores, los poetas malditos y todos los grandes borrachos ilustres dentro de la historia del arte universal”.

Mientras ese proyecto se concreta, el entrevistado cierra 2017 con su monumental libro “Jazzamoart. La soledad del pintor”, obra a la que considera “una travesura colectiva” de sus familiares y amigos. Es un libro de arte de 392 páginas y 230 imágenes, testimonio de parte de su trabajo, recopilado y organizado por su esposa Nora y por su hijo Jazzamoart.

Con trabajos realizados en México, París y Nueva York y un sinnúmero de exposiciones en galerías y museos de México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia y Noruega, dijo que el libro bilingüe realizado en gran formato (Editado y distribuido por el sello Turner) es obra de Alejandro Magallanes, diseñador de la espléndida publicación.

Al hablar de las imágenes que incluye el libro, reproducciones fotográficas de Manuel Zavala, con tristeza dijo: “esa es la nota triste de todo este enorme trabajo: nuestro amigo Manuel no alcanzó a ver publicado este proyecto, ya que murió poco antes de que la obra saliera de la imprenta; a él está dedicado”.

“Este objeto llamado libro recoge momentos memorables de mi trayectoria, Tengo más de 50 años trabajando, soy bastante prolífico, inquieto y constantemente estoy haciendo travesuras. Esta publicación es una muestra de eso, pero más allá de los libros que puedan existir sobre mi trabajo, este es un momento feliz dentro de mi vida y de mi profesión”, destacó.

Con docenas de premios nacionales e internacionales en su vitrina, y considerado por los críticos más severos y exigentes del orbe como “artista versátil y prolífico”, Jazzamoart ha presentado su obra en cerca de 500 exposiciones en México, Estados Unidos, Canadá, América Latina, Europa, Corea del Sur y Japón.

 El libro es un reflejo de la música, pintura y personalidad de Jazzamoart, de su creación artística. En su obra se mezclan pintura, escultura, cerámica, muralismo y escenografías para los escenarios más importantes del jazz. Piezas marcadas por el brío y la fuerza, sus cuadros e improvisaciones llenan de vitalidad museos y salas de conciertos del mundo.

La publicación “detiene el tiempo, lo atrapa y se convierte en memoria de mi trabajo”, aseguró el artista visual, al informar que personajes de la cultura actual como Julio Patán, Kim Levin, Graciela Kartofel, Evodio Escalante, Manuel Marín, Jorge F. Hernández y Rafael Pérez se asomaron a su obra para luego escribir ensayos en torno al artista y su trabajo.

La obra está estructurada en cuatro ejes temáticos: “Retrato de ausencia”, “El jam de la pintura”, “Las noches y antros de Jazzamoart” y “Divertimentos y cachivaches”. Ofrecen comentarios Arnold Belkin, Carlos Blas Galindo, Teresa del Conde, Rafael Coronel, Luis Rius Caso, Raquel Tibol, Carlos Montemayor y otros.

Amante de los libros, el artista aseveró que tener en las manos esta pesadísima (3.7 kilogramos) publicación tiene su recompensa, porque los libros han sido y serán insustituibles. “Más allá de las cuestiones mediáticas, el libro es eterno como las pasiones amorosas. A pesar de la modernidad, es el maravilloso compañero en cualquier hora y lugar… como los placeres de todos los días”.

Y añadió: “ese es el precio de un libro que uno quiere y aprecia, a cambio el placer de olerlo, poder sentirlo y disfrutar su contenido impreso en papel no se compara con otros dispositivos”.

La única participación del entrevistado en la creación de esta fina entrega fue al pintar los cuadros que se reproducen en sus páginas. La selección es de su esposa e hijo; “con eso me lavo las manos, porque mis amigos músicos, pintores, artistas de diversas disciplinas que no aparezcan en estas páginas y reclamen, no podrán hacerlo a mí”, rubricó con gracia.