El Papa lamentó hoy aquí que los seres humanos se hayan empeñado en “robar y herir con obras de muerte, con mentiras e injusticias” el año que termina, pero agradeció por todas aquellas personas que hacen el bien cotidianamente en silencio.

La tarde de este domingo, Francisco despidió el 2017 presidiendo el rezo de las vísperas y cantando el himno litúrgico de agradecimiento del “Te Deum”, ante miles de personas congregadas en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Durante su sermón, pronunciado en italiano, precisó que todavía viviendo el espíritu de la Navidad la Iglesia católica eleva a Dios el agradecimiento por el año que termina, reconociendo que todo el bien es don suyo.

No obstante, constató: “También en este tiempo del año 2017, que Dios nos había entregado íntegro y sano, nosotros humanos lo hemos robado y herido con obras de muerte, con mentiras e injusticias”.

“Las guerras son el signo flagrante de este orgullo reincidente y absurdo. Pero son también todas las pequeñas grandes ofensas a la vida, a la verdad, a la fraternidad, que causan múltiples formas de degradación humana, social y ambiental”, señaló.

Aseguró que por todo eso, los hombres quieren y deben asumir su responsabilidad ante Dios, los hermanos y la creación.

Pero advirtió que en esta noche vieja “prevalece la gracia de Jesús” y la gratitud que él mismo siente en el ánimo pensando en la gente que vive “a corazón abierto” cada día en Roma.

Sostuvo que siente simpatía y gratitud por todas aquellas personas que, cada día, contribuyen con pequeños pero preciosos gestos concretos al bien de la “ciudad eterna”.

“Buscan cumplir lo mejor posible sus deberes, se mueven en el tráfico con criterio y prudencia, respetan los lugares públicos y denuncian las cosas que no van, están atentos a las personas ancianas o en dificultad”, indicó.

“Estos y otros mil comportamientos expresan concretamente el amor por la ciudad. Sin discursos, sin publicidad, pero con un estilo de educación cívica practicada cotidianamente. Y así cooperan silenciosamente al bien común”, añadió.

El Papa presidió así la última celebración litúrgica pública del año y mañana, lunes 1 de enero, recibirá el 2018 presidiendo la misa en la misma Basílica de San Pedro.