Adrián tiene 37 años de edad, cada mañana se levanta a las 2:10 horas para llegar a las tres a la panadería La Boheme, donde es encargado de la promoción de pan blanco de la firma.

A los 15 años aprendió el oficio en uno de los talleres de la Fundación Renacimiento, dedicada desde 1992 a la protección y cuidado de niños en situación de calle.

Adrián recuerda que jamás pensó que el pan sería su forma de vida y tras un traspié que lo llevó a prisión seis años, hace apenas tres regresó al lugar que lo vio desarrollar el trabajo que hoy le da el sustento de cada día, seguridad social y la certeza de que no volverá a las calles.

"Aprendí a desarrollarme como persona, ver a aquel Adrián de ese tiempo y el de ahora, es una lección. Era un chico que estaba perdido y me enseñé a caminar por la vida, muchas experiencias buenas y otras malas, y a lo que soy ahorita, estoy viviendo de nuevo (...) yo no quería salir, pero me ayudaron mucho, el trabajo ayuda muchísimo y que uno quiera, ya no estoy para perder el tiempo, claro que quiero".

Al igual que Adrián, Mateo Dornier, que se autodefine como "francochilango", tiene 37 años y su camino fue bien diferente, creció en un pequeño pueblo francés, en donde aprendió el valor de la solidaridad y la ayuda a los demás, él participa activamente en las actividades de la Fundación Renacimiento, dirigida por José Vallejo.

Hasta hace poco, el también fundador de la firma Campo Vivo y propietario de La Boheme formó parte del patronato de la fundación y si bien había participado activamente en ésta con recursos financieros o iniciativas para donar una parte de las utilidades de sus productos, en su opinión, aún había mucho por hacer, ello, desde el emprendedurismo y mediante contactos con medianos empresarios que, como él, buscan generar un cambio en México.

"Yo tuve suerte de tener una familia, me ayudaron, fui a la escuela, he tenido acceso a una escuela de agronomía y eso me ha permitido ser emprendedor, quién mejor que los emprendedores para ayudar a los chavos en situación de abandono social", precisó en entrevista con Notimex.

Por ello, desarrolló el programa Pyme por un Futuro Justo, en donde se busca crear una organización de al menos 12 medianos empresarios que mes con mes cubran los gastos de la fundación, los cuales ascienden 150 mil pesos sólo para la atención y cuidado de los 70 niños que ahí son atendidos.

Para que la organización sea además autosustentable se requerirían al menos unos 300 mil pesos, estimó, ello, para no sólo dar el sustento a los pequeños, sino para aumentar los salarios de las 22 personas que ahí trabajan, así como para desarrollar talleres productivos para que los niños aprendan nuevas formas de ganarse la vida y favorecer que Renacimiento sea autosustentable.

Lo anterior, no sólo ayudará a las empresas mediante el sello Pyme para un Futuro Justo, el cual podrán colocar en sus productos para evidenciar que pese a que no son las grandes firmas transnacionales, ponen su granito de arena para ayudar a los demás, lo que a su vez las convierte en empresas socialmente responsables.

"Primero hay que darle pescado a la Fundación y luego enseñarla a pescar para que tenga más pescado. Muchos emprendedores están interesados en poner un taller de cerámica o de ropa para generar más empleos", añadió.

Hasta el momento, precisó Dornier, se cuentan con tres firmas dispuestas a aportar recursos económicos a la fundación durante 2018, y otras tres están ya muy involucradas; así, ya se tienen cubiertos al menos seis meses de los gastos de la fundación, la expectativa es lograr que más empresas se involucren, dijo.

Explicó que las firmas que formen parte de esta iniciativa podrán también ser parte del consejo de la fundación, de lo que se trata, abundó, es que se tengan los gastos cubiertos y luego que genere sus propias ganancias con talleres productivos. Actualmente cuenta con una panadería y una planta purificadora de agua, lo que se traduce en empleos.

Añadió que lo que tienen las medianas empresas es creatividad y ganas de hacer las cosas, por lo que además pueden ayudar con sus saberes e insumos que deriven en productividad para la fundación.

En ese sentido, ejemplificó, la panadería en donde se hacen pasteles de frutas y otros panes de temporada, los cuales se venden vía Internet, ya generan ganancias para la fundación.

Renacimiento, que ha atendido a más de mil niños desde 1992, cuenta con los talleres de panadería, serigrafía, computación y trabajo en madera, los cuales son implementados con base en los intereses de los menores de edad o de aquello que sea rentable para la fundación.

De los mil 26 niños que han sido atendidos en la fundación, 515 fueron reintegrados a sus núcleos familiares, 489 son egresados de la fundación y ya viven una vida independiente, y sólo 22 de ellos regresaron a las calles, murieron o están en prisión.

Para Mateo Dornier, Adrián es un caso de éxito debido a que tuvo que sortear la vida en las calles y después la cárcel para darse cuenta que el trabajo y el apoyo recibido, no sólo de la Fundación sino también de La Boheme, es una de las herramientas que le han salvado la vida. Hoy, Adrián no sólo es el mejor panadero de México, según Dornier, sino también, uno de sus mejores amigos.