“Los escritores vagabundos”, de Philippe Ollé-Laprune, es un ensayo sobre la literatura nómada, y sintetiza en 356 páginas que el vagar por tierras ignotas es “una dosis de libertad o una ilusión de libertad”. Sea por razones aventureras, personales o políticas, autores europeos y latinoamericanos salieron de su país de origen.

Al atravesar el Atlántico, adoptaron otra lengua y escribieron en el idioma que les prestó su patria temporal. Hemingway en Cuba; Traven, Artaud, Burroughs y Lowry en México; Bernanos y Cendrars en Brasil; César Vallejo y César Moro en París. Breton y Lawrence produjeron parte de su obra literaria y sus obras mayores luego de esa errancia a ultramar.

Unos fueron a Europa en busca de la cultura madre, otros llegaron a América para saber de su fuerza vital y salvaje. Durante su estancia forzosa o voluntaria, de este lado o del otro del océano, recibieron el influjo creador de la expatriación y lo transmitieron en sus obras. Ollé-Laprune, escritor parisino radicado en México es vagabundo de la literatura.

*****

“Meditaciones desde el subsuelo”, de Guillermo Fadanelli. ¿Qué causas pueden sustentar a la escritura? ¿Tiene sentido seguir escribiendo en el mundo de hoy? Para responder, cita a Doctorow: “La ficción enseña las leyes de la comunidad y distribuye el sufrimiento”. A partir de ella construye argumentos a favor de la producción de ficciones y su consumo.

La literatura nos ayuda a aceptar la diferencia: Nos ejercita en el conocimiento de otros mundos e individuos y nos acerca al sufrimiento ajeno. Y amplía nuestra imaginación moral. Pero la literatura también nos enseña a dudar y romper con productos con los que la globalización intenta pastorearnos: Nos hace cuestionar tradiciones y dogmas, asegura.

A su vez, la literatura aísla al lector haciendo que le resulte más fácil oponer resistencia al mundo globalizado, de mercadotecnia y barbarie. Opta por identificar su propuesta ético-política como vertiente de la tradición anarquista, en la que el individuo es protagonista; La comunidad en tiempos de crisis continúa viva en la pluralidad del individuo, concluye.

*****

“Principio y fin”, de Antonio Malpica. Sol y luna, luz y oscuridad, demonio y héroe, son Orich Edeth y Er Oodak. De un lado el valor y la bondad, del otro el egoísmo, la ruindad. Posiciones opuestas en un mismo tablero que se disputan la Tierra desde hace milenios. Una batalla muy esperada a punto de estallar para dejar rastros de un inicio y un final.

En esta novela, unos muchachos de secundaria, una joven y estoica doctora, un hombre lobo, el último mediador y varios héroes están por decidir el futuro de la humanidad. Esta historia llegará a su conclusión, pero forzosamente se requiere de arrojo y determinación de todos ellos para conseguir que el mundo vea, al fin, el tan anhelado nuevo comienzo.

Antonio Malpica, músico y dramaturgo, descubrió que le divertía contar historias cuando ya había terminado la carrera de ingeniero. Empezó a hacer teatro con su hermano Javier y, luego, a escribir novelas. Hoy tiene publicados más de veinte libros. Es el primer autor mexicano en ganar el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil (2015).

*****

“Lucky Boy”, de Shanthi Sekaran, es una emocionante historia sobre la inmigración y un niño muy amado por dos madres. “Solimar” es una joven indocumentada en Estados Unidos a quien un embarazo absolutamente inesperado le otorga identidad en un mundo en el que es invisible, pero la fantasía acaba cuando la arrestan por su estatus migratorio.

En tanto, “Kavya” es una migrante de la India quien disfruta una vida perfecta al lado de su esposo, un joven brillante de Silicon Valley, excepto por que no puede embarazarse. El milagro sucede cuando le dan en custodia a “Ignacio”, el hijo de “Solimar”, quien está con ella y con su marido hasta que la adopción se concrete, cuando “Soli” sea deportada.

‘Nacho’ para “Soli”, ‘Iggy’ para “Kavya”, está rodeado de amor. Su destino y las vidas opuestas de sus dos madres se debaten con tanta fuerza como aquella con la que “Soli” lucha para recuperarlo; es una novela conmovedora, que toca acertadamente dos temas universales como la maternidad y el amor que todo lo puede.

*****

“Vida y milagros de la crónica en México”, de Sara Sefchovich. La idea central de este libro no es menos contundente que polémica: La crónica es lo mejor de la literatura que se hace en México. La autora halla en la crónica la clave para entender nuestra visión del país y de nosotros mismos y su expresión cultural. Eso lo sustenta de la siguiente manera:

“La narrativa, la poesía y el ensayo funcionaron como crónicas a lo largo de la historia de México”. Ni el cine, la música, la fotografía o la pintura se alejan de esa vocación por la inmediatez, por el relato fiel e inventado de lo real, por la problemática reflexión sobre el yo de quien cronica, por la creación de obras a la vez retrato, espejo y caja de resonancia.

Al recorrido histórico por el género de la cónica, desde el Popol Vuh y Hernán Cortés hasta los autores de hoy, se agrega la lectura crítica, a veces cómplice, a veces mordaz, pero siempre profunda e informada de Sefchovich. La invitación es clara: Reestructurar la idea del lector sobre la literatura mexicana con la lectura de sus cronistas más notables.