En la esquina de la avenida Manuel González y Paseo de la Reforma, atrás de un montón de postes y conos naranjas indicadores de obras, hay una pequeña reja blanca y un camino de tierra que se esconde entre los altos edificios, es el Huerto Tlatelolco.

Con sus más de mil metros cuadrados guarda a más de una decena de árboles frutales, una buena diversidad de hortalizas y a un puñado de personas amantes de la tierra.

La directora y fundadora de Cultiva Ciudad (organización civil que opera el huerto) Gabriela Vargas, recordó en entrevista con Notimex que todo empezó hace 18 años, cuando comenzó a desarrollar agricultura urbana en las ventanas de su departamento para que su entonces pequeña hija comiera alimentos orgánicos.

“Empecé en la ventana de mi departamento y de ahí me seguí sembrando, desde mi experiencia sembrar te cambia la vida y la concepción que tienes con el tema de tus alimentos, sí hay una transformación muy profunda que te lleva sembrar tus alimentos”.

El objetivo de Cultiva Ciudad, explicó, es transformar comunidades, hacer una educación con consciencia mediante el desarrollo de proyectos integrales de agricultura urbana “creemos que los huertos urbanos son una estrategia para hablar de regeneración en las ciudades, de volver a conectar a los habitantes urbanos con los ciclos de vida y la naturaleza”.

Ello, dijo, deriva en beneficios físicos tan solo por el hecho de salir, tomar el sol y tocar la tierra que a decir de la directiva es una terapia mental y emocional aunado a que fomenta una reconexión espiritual, por lo que el Huerto Tlatelolco, “es una estrategia para sembrar la paz y mitigar violencia e inseguridad y generar comunidad alrededor de la comida”.

Otros huertos urbanos en la Ciudad de México 

Detalló que en México el problema de salud es grave y está vinculado con la alimentación; así, el Huerto Tlatelolco nació en 2012; Vargas ha trabajado en el desarrollo de huertos en instituciones públicas y privadas, y antes de llegar a la avenida Paseo de la Reforma, apoyó los trabajos para el desarrollo de Huerto Romita, que en su opinión es uno de los primeros espacios que puso en el mapa el tema de los huertos urbanos.

Luego de incidir en ese espacio, Vargas activó el Vivero Urbano Reforma en donde actualmente se ubica la subestación eléctrica Diana, enfrente de la Estela de Luz, fue así como después de desocupar dicho espacio llegaron a Tlatelolco, en la sombra de la Torre Oaxaca, demolida en 1990 tras quedar dañada en el sismo de 1985.

En ese sentido, puntualizó que algunos de los huertos urbanos que hoy existen viven en espacios donde tras los sismos de dicho año hubo construcciones; así, el Huerto Tlatelolco, que primero fue pensado como un parque para personas de la tercera edad y donde se sembraron árboles frutales, no se concluyó y el espacio se quedó vacío, esperando pacientemente la llegada del huerto.

Así, en 2012, cuando el proyecto llegó a habitar el lugar que se ubica en avenida Paseo de la Reforma esquina con Manuel González, ya contaba con árboles frutales; pero desde entonces el espacio se ha construído de manera paulatina, al involucrar no solo a los vecinos de la Unidad Habitacional Tlatelolco, sino para todos aquellos interesadas en el amor por la tierra.

El lugar, busca también ser un centro educativo, productivo y demostrativo de las distintas técnicas de cultivo en la ciudad así como para hacer usos de los recursos naturales, por lo que cuenta con sistemas de recolección de agua pluvial, biofiltros, sistemas de riego por goteo y por absorción, por mencionar algunas ecotecnias.

“Es un espacio donde buscamos cerrar los ciclos, especialmente el de los nutrientes, tenemos un programa de compostaje comunitario que transforma desechos orgánicos de los vecinos y de lo que se produce en el huerto y se convierte en el abono de las plantas, es un espacio de inspiración, donde la gente viene reconecta con la naturaleza, es un espacio donde ahorita ya después de cinco años cada vez el proyecto ha ido creciendo en el aspecto de generar información”.

De lo que se trata, dijo, es de replicar este tipo de espacios en todas las colonias de la Ciudad de México ya que además sirven para regenerar el tejido social de los barrios de la capital; durante los sismos de septiembre pasado contribuyeron con la elaboración de ensaladas con hortalizas producidas en el huerto.

Explicó además que este tipo de espacios generan resiliencia al ser capaces de proveer alimentos frescos con todos sus nutrientes a la comunidad local, en ese sentido, añadió que hablar de alimentos locales tienen una implicación global importante en términos de medio ambiente, así como en la agroindustria, “se trata de sanar comunidades a muchos niveles, desde la parte de con qué te alimentas, como con quiénes te vinculas y el valor que le das a los alimentos”.

El huerto mide mil 650 metros y a cinco años de existir calculó que al menos el años pasado se cosecharon más o menos como mil 500 kilos de hortalizas, así, en este verde espacio se cosechan 90 variedades de plantas comestibles y cuenta con un banco de semillas vivo; es decir, son las semillas que el mismo huerto desprende, por lo que además, viene con un geoplasma vivo que se ha adaptado al suelo de la capital mexicana.

El lugar cuenta con dos esquemas de voluntariado; uno abierto en donde en los horarios del huerto las personas pueden participar en las actividades que ahí se desarrollan, en tanto que el otro se realiza tres veces al año y se realiza los sábados, este tiene una duración de tres meses.

Además, ofrece un programa continuo de talleres de agricultura urbana, ecotecnias y bioconstrucción, así como eventos anuales como “El Festival de la Madre Tierra”, “Cultivar la Milpa” y “Come de tu Cuenca” tendientes a generar recursos para el huerto; así, el último reunió en la edición pasada a 10 chefs que elaboraron platillos gourmet con los alimentos que el huerto produce así como con insumos locales.

El proyecto ha crecido debido a alianzas con organizaciones civiles e iniciativas similares al mismo, con ello, se busca también un sistema alimentario más sano y más justo, lo que se logra con alimentos locales; poco a poco el espacio ha vivido diversas transformaciones y en la actualidad se trabaja en la construcción de uno para realizar los talleres, así como una cocina.

Alimentos que se cosechan 

La producción agrícola del Huerto Tlatelolco consiste en una buena variedad de hortalizas, acelgas y espinacas, así como jitomate, cebolla y calabaza, aunado a árboles frutales; el lugar se divide en huerto biointensivo y bosque comestible donde se aprovecharon los arboles que ya estaban en el lugar, aunque se han añadido más especies.

Explicó que el sistema con el que se desarrolló el huerto requirió en un principio mucho tiempo de planeación y trabajo; sin embargo, una vez establecido el ritmo solo se requiere esperar para cosechar.

La producción de este espacio se comercializa como mercado vivo y los vecinos de Tlatelolco y cualquier persona de a pie puede ir a adquirir a precios accesibles alimentos orgánicos que son cosechados al momento, los cuales además llegan a algunas de las cocinas de restaurantes de la Ciudad, en específico algunas especialidades como flores comestibles y hierbas.

“Buscamos vincular con la comunidad local que empiecen a consumir alimentos frescos y con todos sus nutrientes”, en el espacio trabajan poco menos de 10 personas entre sociólogos, biólogos, agrónomos y un carpintero que cuida el espacio, por mencionar a algunos de los amantes de la tierra que ahí colaboran, ello, además de la ayuda que proporcionan los voluntarios.

Éstos últimos, explicó, son principalmente los vecinos del lugar, estudiantes de la secundaria aledaña y alumnos de diferentes carreras universitarias que ahí hacen su servicio social; por lo que el lugar se enriquece con los saberes de todos, prueba de ello es la reciente participación del huerto en una convocatoria en la Organización de Naciones Unidas referente a jardines de comida.

El lugar cuenta con un banco de semillas de diferentes especies y el año pasado se desarrolló un proyecto de mapeos de huertos urbanos en la ciudad con una participación de 60 proyectos activos, el evento buscó reunir a las iniciativas que ya están en operación para obtener apoyos de las autoridades y crecer la instalación de huertos.

En ese sentido, Vargas detalló que para la instalación de un huerto solo se requiere un espacio donde se reciban al menos cinco horas de sol, que sea accesible; así, se puede iniciar con un huerto en un huacal, “sembrar te cambia la perspectiva y te vuelve un consumidor más responsable porque empiezas a valorar el trabajo que cuesta sembrar, valoras el trabajo del campesino”.

Indicó que cada vez hay más personas volviendo a sus raíces, a lo básico, principalmente en la manera de comer y México es un país se agricultores, por lo que es común que muchas personas tengan sus plantas de alimentos en sus patios, nada más es necesario retomar esta actividad y replicarla, dijo.