En el pasado, ver transitar por las calles de la Ciudad de México al Fairlane 57 era de lo más común puesto que servía como taxi: sus colores en verde y negro, y unos triángulos blancos emulaban a un cocodrilo que andaba en el asfalto, hoy en día, uno de ellos causa expectación cada vez que sale de paseo, y pertenece a Pato, guitarrista de La Maldita Vecindad.

Sus dientes triangulares se asoman entre los cientos de automóviles que se mueven a diario en la capital del país, sus tonos cromados no pasan desapercibidos, eso lo sabe Pato, quien admite a Notimex, que lo suyo y el “cocodrilo” fue amor a primera vista.

“Fue un flechazo, un amor profundamente fuerte y empezó hace 22 años; a mí siempre me encantaron los coches viejos, en particular los de los años 50 por la estética espacial, toda llena de cromo, a mí de morrito me conectaron mucho.

“Nosotros ensayábamos en Tacubaya y cerca de ahí está el edificio Ermita y el cine Ermita. Yo iba dado la vuelta y así como postal veo este coche en la puerta del cine y me quedé impresionado, y en eso descubro el símbolo mágico de “Se vende”.

“No tenía teléfono, pregunté quién era el dueño pero nadie sabía, hasta que me quedé un ratote esperando, y en eso veo que de la puerta lateral del cine sale un señor y abre el coche, era el cácaro cerrando el turno, me preguntó si me interesaba comprarlo y le dije que sí; yo ni sabía manejar, tampoco quería tener coche, pero me quedé prendado”, expresó.

Cuando adquirió el carro se dio a la tarea de pintarlo como los taxis de aquella época pero no sabía cuáles eran los colores ni el estilo, así que publicó un anunció en "Tiempo Libre" buscando una fotografía y tres meses después obtuvo respuesta.

Alguien que vivía en Cuernavaca se la ofreció, así que acordaron verse en una caseta de cobro y ahí se la regalaron; con la fotografía se apagaron también discusiones sobre si los “dientes” iban para arriba o hacia abajo.

Incluso, antes de obtener la instantánea, Pato visitó la hemeroteca de la UNAM y consultó varias revistas pero en las que aparecía el taxi estaban en blanco y negro, también vio varias películas de la época para ver los colores reales del auto.

“Me la pasaba casando las escenas, en 'La tijera de oro' en las primeras tomas llega 'Tin Tan' con un cocodrilo, un Impala 58, pero no había como grabarlo así que conseguí una casetera; después me enteré que en “Aviso oportuno” de 'Los Polivoces' salía uno a colores, así que compré la película y contacté a un pintor de coches de aquella época que había pintado cocodrilos, vivía por Aragón, y lo llevé allá.

“Cuando salió del taller fue impresionante, lo aplaudían porque los conectó mucho con ese México que ya no era, les recordaba historias de sus propios padres que eran choferes, por eso digo que es el primer coche interactivo de México: ocasiona pláticas, anécdotas y sonrisas; de eso hicimos una canción, que yo hice para mí pero que a Maldita Vecindad le gustó, la arreglamos y se quedó”, expresó.

Haberlo tuneado como “Cocodrilo” no se trata solo de un capricho, para él forma parte del imaginario colectivo, de esa mexicanidad contemporánea de la época, del cine, de la música, las vecindades, de los grandes cómicos, de los pachucos y del escenario donde se desarrollaban estas historias.

Todo eso quedó plasmada en una canción que se llama “Kumbala”, pero no sólo en esa, pues los barrios y las vecindades también forman parte de su universo, de todos los personajes típicos de ahí: el bolero, la madre abnegada, y los que desarrollaron los oficios como los choferes de taxis, los porteros, de los obreros, y cuando había dinero para ir a “dominguear” era en un taxi: el cocodrilo.

“Y desde entonces siempre ha sido un personaje más de esta vecindad, en esta Maldita Vecindad y nosotros que somos hijos del Quinto Patio nos acompañó en este recorrido urbano, nunca medí el alcancé que tendría, creí que podría ser un personaje más, al final del día se convirtió como en un icono urbano que rebasa más allá del trabajo de Maldita y más allá del ámbito rockero”.

Con un mantenimiento frecuente, Pato tiene el carro listo para andar, y aunque no ha tenido accidentes graves sí ha sido delinquido, pues no ha falta quien le robe algún accesorio o lo raye, pero nada que lamentar.

Entre las anécdotas que ha pasado junto a él, recuerda que en una ocasión lideró la peregrinación de los taxistas a La Villa, pero para no quedar mal, lo llevó al mecánico para estar en óptimas condiciones, sin embargo no pudo componerlo y así se lo tuvo que llevar.

“Al final no salimos de Centro Médico sino de Lomas de Chapultepec y de ahí teníamos que pasar por Reforma y subir a la Basílica, fue un milagro que no se haya parado, porque tenía atrás de mí a 600 taxis”.

Otra de sus historias la protagoniza una pareja de adultos mayores, quienes lo vieron por Insurgentes y le hicieron la parada, aunque Pato estaba acostumbrado, sólo les sonrió y les dijo que era un automóvil particular.

“Pero en un descuido, el viejito abrió la puerta y se subió, le expliqué que era un auto particular, así que se bajó todo enojado, pero la señora me insistió que los llevara y acepté porque ya estaban avanzando los demás carros.

“Llegando a su destino me preguntó el señor que cuánto les iba a cobrar porque no traía taxímetro, dije que nada, pero la señora sacó su monedero y me dio dos pesos 'para mi refresco', agarró sus bolsas y se despidió”, recuerda con una sonrisa.

El cocodrilo ha sido el transporte de Pato para toda ocasión, ha llevado a su familia de paseo, a sus hijas a la escuela, ha llegado a los conciertos de la banda en él, también se ha llevado sus instrumentos.

“Para mí no es un vehículo, es un puente que nos comunica con ese México que ya no es con el de ahora, porque es importante preservarlo en la memoria”.