El grupo narcoparamilitar “El Clan del Golfo” de Colombia, que busca negociar su entrega a las autoridades, es una combinación de experiencias de sus líderes con la guerrilla en la que militaron y del desarticulado cartel de Medellín. 

La búsqueda de una negociación obedece a los contundentes golpes que ha recibido esa organización, que es el principal objetivo militar de las fuerzas armadas y policiales de Colombia, por mandato del presidente Juan Manuel Santos.

El 14 de diciembre pasado, el jefe máximo de “El Clan del Golfo”, Dairo Antonio Úsuga, alias "Otoniel", anunció una tregua unilateral de acciones militares, al estilo de los grupos insurgentes, a pesar que es una de las más temibles bandas criminales de las mafias del narcotráfico en esta nación sudamericana.

La propuesta de esa organización de cese unilateral de acciones ofensivas y su intención de abrir una negociación con el gobierno se da en el marco de implementación del Acuerdo de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y los avances en las negociaciones con el único grupo insurgente reconocido en Colombia, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Pero la propuesta de negociar con el gobierno de Santos también se presenta cuando esta banda criminal ha recibió los más grandes golpes por parte de las fuerzas militares y policiales de Colombia.

El golpe más contundente que recibió en el último semestre de 2017 “El Clan del Golfo” fue la muerte durante un operativo militar de Roberto Arias Gutiérrez, alias "Gavilán", segundo al mando de esa organización, después de Úsuga.

La captura de centenares de integrantes de la banda, aliados, incautación de grandes cargamentos de droga y de caletas con cuantiosas cantidades de dinero en moneda nacional y en dólares, han minado la estructura de ese grupo, que tiene su centro de operaciones en la estratégica zona bananera de Urabá, por sus salidas a los océanos Pacífico y Atlántico.

“El Clan del Golfo” tiene una particularidad si se compara con otras organizaciones del narcotráfico, incluso con los otrora temibles carteles de Medellín, de Cali y del Norte del Valle, que dominaron el negocio entre 1980 y 2000, cuando fueron desarticulados por los organismos de seguridad.

Esta caracterítica única radica en que “El Clan del Golfo” asimiló la experiencia de la guerrilla que operó por varias décadas en la zona bananera de Urabá y la dinámica operacional del desaparecido cartel de Medellín y de lo que se conoce como “Oficina de Envigado”.

Los actuales jefes de “El Clan del Golfo”, fueron guerrilleros y mandos medios disidentes del Ejército Popular de Liberación (EPL), que negoció un acuerdo de paz con el gobierno del entonces mandatario César Gaviria (1990-1994).

Una parte importante de integrantes del EPL que no se acogió al acuerdo de paz, fueron reclutados por los grupos paramilitares de extrema derecha, bandas de sicarios y con el tiempo fue ganando espacio en el mundo de las drogas.

Muchos de ellos murieron en la confrontación con las fuerzas militares y otros en ajustes de cuentas de sus organizaciones criminales.

Esa banda también tiene alianzas con poderosas organizaciones del narcotráfico que surgieron de los remanentes que quedaron de la desarticulación de los grandes carteles de la droga: Medellín, Cali y Norte del Valle.

Para las autoridades colombianas “El Clan del Golfo” es la única organización de tráfico de drogas que tiene una estructura nacional con mandos regionales, aunque no le dan la categoría de cartel, sino de banda criminal.

El jefe máximo de “El Clan del Golfo”, en el video en el que anunció el cese al fuego unilateral, salió con uniforme verde olivo, al viejo estilo de guerrillero del EPL, para dar connotación política a su mensaje a los colombianos.

Pero el jefe de Estado y las fuerzas militares y policiales fueron claros en ratificar que esta organización es una banda criminal, responsable de asesinatos, desplazamientos, y es la principal exportadora de cocaína pura a los mercados internacionales.

La negociación política fue descartada contundentemente por el presidente Santos, quien el 19 de diciembre pasado subrayó: “con esta organización criminal no puede haber una negociación política (…) porque 'El Clan del Golfo' no es un grupo político”.

“Aquí lo que cabe es un sometimiento a la justicia. En ese sometimiento, la Fiscalía tiene la posibilidad de ofrecer ciertos términos, de acuerdo con las condiciones de ese sometimiento. Eso es lo que posiblemente vaya a suceder, espero que suceda, porque sería una buena noticia para el país”, enfatizó el mandatario para descartar cualquier especulación sobre una negociación con ese grupo.