Agunos datos históricos inéditos, la interpretación de sus cuadros y aspectos de su época adulta, dan vida la novela "La víspera del grito", texto de la escritora puertorriqueña Helena Sampedro da un nuevo sentido a la figura del pintor expresionista noruego Edvard Munch (1863-1944). 

En entrevista, la destacada empresaria, gerente de diversos medios de comunicación en Puerto Rico y maestra en negocios por la Universidad de Miami, habló de quien es considerado, al lado de Vicent van Gogh, un precedente fundamental del expresionismo, gracias a su icónica obra “El Grito”.

En cerca de 300 páginas y 103 capítulos, la autora explora el caudal de experiencias que abonan y finalmente componen la obra de un artista; partiendo de la premisa de que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, es una interioridad que se manifiesta.

“Es una novela que recoge algunos datos históricos que no se conocían de su juventud e hilvano a través de lo que interpreto en sus cuadros y de su época adulta, una juventud para hacerla compatible con esa vida que después conoceremos”, dijo.

“Lo que me interesó de Edvard Munch fue esa obra de angustia de temor, de dolor, esa expresión de vacío que podría ver en sus cuadros y, a la vez, una expresión tan fuerte de poder que no eran compatibles y como autora, decidí que habría que escribir algo de él.

“Algo que desembocara en su pintura más icónica ‘El Grito’, algo desde la condición humana, no desde la pintura, pero sí la pintura como un desahogo; es como cuando tienes mil problemas pero a la vez te das cuenta que con los valores que te inculco tu madre, puedes salir adelante pese a que todo está contra ti, tienes la suficiente confianza que te ayuda a superarlo y luego convertirlo en lo que es el grito”, indicó.

Previo a la creación de la que tal vez fuera su obra más famosa “El Grito”, la vida de Munch fue guiada por su constante cercanía con el dolor y los demonios que escaparon de sus pesadillas para apropiarse de cada trazo que escurría de sus manos.

Sampedro construye a través de las pinceladas de este artista, los laberintos de voces y sombras de su juventud hasta hoy desconocida.

“Según la investigación, Munch buscó en El Grito varias vertientes, la primera, cuenta que durante su primer viaje a París, a los 23 años, observó una escultura peruana y dicen que de ahí copió 'El Grito', es una escultura que impacta y mucha gente piensa que él pintó ese reflejo de lo que sintió.

“También se dice que él estaba en un monte en Noruega cuando se le apareció una silueta desfigurada y esta es la interpretación de él mismo, es decir, como reacciono a través de ese grito”, señaló Sampedro.

“La víspera del grito” se divide en cuatro partes, en el primer apartado, a decir de su creadora, se recogen las pérdidas que él tuvo de joven, que fue su madre y hermana, mientras que su padre era un cristiano y a partir de estos puntos, se desarrolla la trama.

En segundo lugar, se refiere a la relación filial que tiene con su padre y tía, con el yo interior, con situaciones que surgen en su mente y que pueden o no, ser reales.

En tercer lugar, "trató de presentar el cambio que hay dentro de uno, de la condición humana, cuando se presentan elementos que hay frente a la pared; uno puede luchar contra ello o rendirse, pero en este caso, Edvard a través de su pintura, canaliza todos sus problemas interiores".

Y como último punto, comentó se aborda el tema del amor que todo lo sana y que según Sampedro, da la fuerza para caminar hacia adelante.

A lo largo de esta novela, la escritora invita al lector a explorar las manías de un alma que encontró en el arte, el amor y la locura un vehículo para expresar los límites de la complejidad humana.

“Realmente, 'El Grito' que presentamos aquí no es el de la pintura, sino el de la condición interna del ser humano que se expresa a través de un grito para dar el paso nuevamente; lo único que tenemos en común Munch y yo es que nacimos un 12 de diciembre, pero somos diferentes, soy optimista, él pesimista y lo que nos unió fue el cuadro de Day After.

“Cuando vi a esa mujer acorralada en las paredes en dicha pintura y tirada en la cama, las paredes que parecen no hacer nada, realmente aprisionan, ese rostro distendido de una persona que parece que hubiera fallecido, eso me motivó y me pregunté cómo era posible que una persona del siglo XVIII y principios del XIX expresara tanto dolor”, refirió.

La autora concluye en su trabajo literario que su idea es arrinconar al lector, que se sienta tan agobiado como me sentí yo en esa sala con las pinturas, si logro transferirle a través de mis letras un poco de sensibilidad o empatía con el dolor, habré logrado lo que quise cuando lo escribí".