Traducidas en más de 45 países, las novelas del escritor de origen argelino Yasmina Khadra han impactado en el mercado hispano tanto por su temática como por su lenguaje y vertiginoso estilo, como ocurre con "La última noche del Raís", una especie de retrato íntimo del dictador libio Muamar Gadafi. 

En el volumen, publicado en México por Alianza Literaria, Khadra narra en primera persona todo lo que pasa por la mente del dictador la noche que habrá de ser asesinado a manos de los rebeldes.

Las humillaciones que de joven lo llenan de ambición y más adelante de poder, su desencanto amoroso, su egolatría sin fin, las arbitrariedades y la megalomanía que desborda un personaje lleno de sombras, que llegó a tener un poder real entre las naciones árabes y que, sin embargo, acabó por decepcionar a su gente.

La trama gira en torno al sitio de la última noche con vida del general, de este hombre poderoso, cuyos leales hacen hasta lo imposible para mantener con vida en medio de la metralla enemiga.

No se trata de justificar al dictador, aclara Kahdra, sino de hablar de un aspecto poco o nada explorado en este caso.

De conocer al hombre y las debilidades que también encarnaba el déspota iluminado que todo mundo conoce, y que la historia habrá de juzgar en su momento.

Mostrar un poco las angustias y desmesuras de un hombre que genuinamente se creyó elegido para guiar los destinos de su pueblo y que por 42 años encabezó un gobierno despiadado.

Es la historia universal del tirano, de aquel que fuera odiado por unos, adulado por muchos otros, y que al final acaba solo en una alcantarilla, como la rata en la que la vida lo convirtió a los ojos de la gente que oprimió.

El relato cruza desde su nacimiento y el rechazo del que fue objeto por ser un beduino bastardo, hasta su encumbramiento en el ejército y más adelante un líder mesiánico, un déspota iluminado que era más que extravagante.

Khadra visitó México en noviembre pasado para presentar este libro en la Feria Internacional del Libro (FIL), de Guadalajara, y para hablar de la cercanía de su literatura con este país, en el que vivió por un tiempo, y de quien extraña sus paseos por la colonia Condesa y sus charlas con colegas que admira como Paco Ignacio Taibo II.