Destrozada tras décadas de guerras, Camboya todavía lucha en su guerra particular contra la amenaza silenciosa de las minas antipersona, de las cuales aún se encuentran activas centenares de miles.

En los años setenta los Jemeres Rojos utilizaron minas masivamente. Su líder, Pol Pot, encabezó una de las revoluciones más sangrientas de la historia de la humanidad, en la que alrededor de 1.8 millones de personas perdieron la vida.

Después del final de la revolución y el comienzo de la guerra civil, la amenaza no se aplacó y el ejército vietnamita y el gobierno de Camboya colocaron más minas sobre el territorio, incluso después de la muerte de Pol Pot, a mediados de la década de 1990.

La provincia noroccidental de Battambang, a unos 80 kilómetros de la frontera con Tailandia, es una de las áreas más afectadas por el trágico fenómeno de las minas. No muy lejos del centro de Battambang, una ciudad de alrededor de 130 mil habitantes, se encuentra el Centro Regional de Rehabilitación Física, operativo desde finales de los años 80.

"Aquí -explica el Dr. Heng Vanny, subdirector del centro- proporcionamos servicios de rehabilitación física. La mayoría de nuestros pacientes son víctimas de las minas, personas que han perdido una mano, o un pie, o una pierna. En estos casos, después de visitas en profundidad, les fabricamos prótesis a medida. Si no pueden caminar, les damos sillas de ruedas y muletas. Insistimos mucho en la fisioterapia, sin la cual es casi imposible fortalecer los músculos y luego llevar la prótesis".

Y continúa: "Aquí no nos limitamos a prestar asistencia. Dos veces al año nuestro equipo va a los pueblos para verificar el estado de las prótesis y las sillas de ruedas. Si hay que arreglarlas, lo hacen in situ; en los casos más graves, invitan a los pacientes a regresar a nuestro centro. Cada vez que vamos a los pueblos nos reciben con gran entusiasmo, nos aprecian mucho. Nuestros pacientes aprecian mucho nuestro trabajo".

La joya del centro de Battambang es el laboratorio de prótesis, donde trabajan una docena de técnicos. En una sala se preparan, tras unas mediciones muy precisas, las prótesis de yeso de piernas, pies, brazos y manos.

En las formas se modelan placas de plástico caliente de color rosa y, tras una serie de pasos en hornos, sierras de corte, limas y cepillos, las prótesis están listas para ser entregadas a los pacientes. De ellos depende la aprobación final tras un período de prueba.

Los tratamientos del Centro Regional de Rehabilitación Física de Battambang son completamente gratuitos. El centro, al igual que los otros 11 centros hermanos repartidos por Camboya, depende del Ministerio de Asuntos Sociales para la Rehabilitación de los Veteranos y los Jóvenes y recibe subvenciones del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Anualmente, solo por Battambang pasan más de dos mil pacientes entre víctimas de minas y de accidentes de tránsito, y discapacitados desde el nacimiento.

Kek Vong y Sat Kheaur, de 55 y 43 años respectivamente, se hicieron amigos mientras hacían fisioterapia en el centro. "Entre carreras de obstáculos, paseos en bicicleta, partidas de bolos, pruebas de equilibrio y partidos de baloncesto aquí se conoce a mucha gente. Una vez me encontré con un primo lejano que no sabía que había perdido una pierna, como yo. Yo voy al centro desde que me explotó una mina, en 1984. Es gracias a eso que tengo una prótesis y puedo caminar", cuenta Kek, quien despertó hace poco de la siesta.

"En este dormitorio -interviene Sat, su vecino de habitación- nos permiten descansar el tiempo necesario. También hay uno para las mujeres. Cuando tenemos que estar sin movernos durante mucho tiempo, nos dan de comer tres veces al día: por la mañana pan, por la tarde arroz y por la noche otra vez arroz. Además, a los que tienen dificultades para llegar al centro por sus propios medios, el personal va a buscarlos a casa y los regresa sin pedir dinero a cambio. Yo vengo cada dos o tres años, es decir, lo que dura de promedio una prótesis".

Camboya es uno de los países con mayor cantidad de minas activas. Los registros del Centro Camboyano contra las Minas (CMAC), un organismo estatal con el que los centros regionales de rehabilitación física trabajan en estrecha colaboración, informan que solo entre 1980 a 1998, las partes en conflicto colocaron alrededor de seis millones de minas que hasta la fecha han provocado más de 65 mil víctimas entre muertos y heridos, y que cada año continúan provocando al menos mil.

Al firmar la Convención Internacional de Ottawa para la Prohibición y la Destrucción de Minas Antipersona, el gobierno de Phnom Penh se comprometió a limpiar todo Camboya de las minas para el 2015.