En víspera de Navidad, el Papa Francisco clamó por la paz para las zonas más calientes del mundo y pidió la liberación de todos los secuestrados, especialmente los sacerdotes y las religiosas que permanecen cautivos en diversas partes del mundo.

Al mediodía de este domingo, el Papa se asomó a la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano y saludó a una multitud congregada en la Plaza de San Pedro, en una fría pero soleada mañana romana.

“En la espera orante del nacimiento del príncipe de la paz, invocamos el don de la paz para todo el mundo, especialmente para las poblaciones que más sufren a causa de los conflictos en curso”, dijo, tras bendecir a la multitud con la oración mariana del Angelus.

“Renuevo, en particular, mi llamado para que en ocasión de la santa Navidad las personas secuestradas –sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles laicos- sean liberados y puedan volver a sus casas”, agregó.

Aunque no mencionó precisamente algún caso específico, apenas el pasado 17 de diciembre Jorge Mario Bergoglio había pedido públicamente la liberación de seis religiosas que se encuentran secuestradas en Nigeria. Existen otros casos similares.

En su mensaje también dedicó una oración especial por las poblaciones de la isla de Mindanao, en Filipinas, golpeada por una tempestad que ha causado numerosas víctimas y destrucciones.

“Dios misericordioso acoja a las almas de los difuntos y consuele a cuantos sufren por esta calamidad”, dijo, hablando en italiano.

En su reflexión previa al Angelus, el pontífice recordó el pasaje evangélico de la anunciación y destacó la actitud de la Virgen María, quien al saber que Jesús sería llamado “hijo del altísimo” no se exaltó, no cayó en vanagloria, fue humilde y modesta.

“Nos hace comprender que María es verdaderamente humilde y no busca mostrarse. Reconoce ser pequeña ante Dios y está contenta de ser así. Al mismo tiempo, es consciente que de su respuesta depende la realización del proyecto de Dios, y que por lo tanto ella está llamada a adherir con toda sí misma”, señaló.

“En estas horas que nos separan de la Navidad, por favor se los pido: encuentren algún momento para detenerse en silencio y en oración ante el pesebre, para adorar con el corazón el misterio de la verdadera Navidad, la de Jesús, que se acerca a nosotros con amor, humildad y ternura. Y en esos momentos también acuérdense de rezar por mí”, apuntó.