La Constitución de 1991 sembró los cimientos políticos y jurídicos para lograr los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC y se constituyen en los dos hechos políticos más transcendentales en los últimos 70 años de la historia republicana de Colombia.

La Constitución de 1991 es de gran importancia porque logra cambiar el sistema político y jurídico regido hasta ese momento por la Carta Magna de 1886, ultraconservadora y excluyente de múltiples derechos de los colombianos.

El ordenamiento jurídico de Colombia antes de 1991 nunca fue producto de procesos democráticos, y todas las constituciones del siglo XIX dependieron de los intereses políticos de los partidos que en ese momento estaban en el poder.

“Las constituciones de Colombia del siglo XIX todas fueron escritas por el grupo que le ganaba a otro una guerra civil y armaba una Constitución a imagen y semejanza de sus ideas”, explicó a Notimex Antonio Navarro Wolf, un ex jefe rebelde quien fue copresidente de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

Entre 1989 y 1991 en Colombia se dieron los primeros acuerdos para la desmovilización de las guerrillas del M19, con gran influencia de los movimientos insurgentes del cono sur, como eran los Tupamaros, y otros como el Ejército Popular de Liberación (EPL), de línea maoísta.

Según Navarro Wolf, en 1989 fracasó en Colombia “un intento de refuerzo constitucional”, lo que llevó al surgimiento de “un movimiento estudiantil totalmente fresco, totalmente ciudadano, que dijo hay que hacer una Asamblea Constituyente y fueron a las urnas y votaron para pedir la constituyente”.

Millones de ciudadanos acompañaron esta iniciativa estudiantil y exigieron una Asamblea Nacional Constituyente, una figura que no estaba contemplada en el ordenamiento constitucional de 1886, por lo que era ilegal su convocatoria.

Pero ese movimiento estudiantil que se conoció en Colombia como la “Séptima Papeleta” coincidió con el Acuerdo de Paz que firmaron en 1990 los grupos insurgentes del M19, EPL y otros más pequeños, como el Partido de los Trabajadores (PT) y el indigenista Quintín Lamen.

El movimiento estudiantil de la “Séptima Papeleta” y el acuerdo de paz con dichos grupos insurgentes se dieron -según Navarro Wolf- “por pura casualidad histórica”.

Agregó que “ese principio de reconciliación de la paz, más ese esfuerzo de la Constituyente, concluyó en una Asamblea Constituyente donde nadie tenía mayoría, nosotros (M19) que habíamos firmado la paz unos meses antes, sacamos casi un tercio de la Constituyente, el antiguo e histórico Partido Liberal otro tercio, los conservadores otro tercio”.

Los liberales y conservadores, que fueron los artífices de la anquilosada Constitución de 1886, se sentaron en el mismo recinto con los exinsurgentes para diseñar la nueva Carta Magna, que rige en Colombia desde 1991.

“Creo -sostuvo Navarro- que la Constitución de 1991 en Colombia fue un salto institucional importantísimo porque modernizamos las instituciones colombianas aún más de lo que hasta hoy se ha desarrollado esa modernización. Fue una constitución avanzada para su tiempo, fue de algún modo ejemplo para algunos otros países de América Latina”.

Para el caso de Colombia “fue un salto adelante enorme (…) Yo creo que la Asamblea Constituyente fue sobre todo un momento de concertación nacional que duró dos meses y después de esos dos meses volvimos otra vez a las diferencias políticas, a la lucha de las tendencias a todo lo demás".

"Pero durante esos meses realmente los colombianos nos concentramos en dar un paso adelante todos juntos y lo logramos: La Constitución de 1991”, aseveró.

El nuevo marco constitucional permitió abrir más los espacios a una democracia restringida, y facilitó la incorporación a la vida política nacional de los exinsurgentes que dejaron las armas entre 1990 y 1991.

Pero a la vez la Constitución de 1991 -en palabras de Navarro Wolf- fue “la gran estantería Institucional”, para que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hayan logrado firmar un Acuerdo de Paz en noviembre del 2016 y la posterior dejación de armas en agosto del 2017 para dar de esta forma el salto al movimiento político con la sigla: Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

El Acuerdo de Paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las FARC puso fin a una violencia política que tuvo su origen con el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, en abril de 1948.

Entre 1948 y 1964 -un periodo que se conoce como la violencia entre liberales y conservadores, por la lucha a sangre y fuego por el poder- murieron más de 300 mil colombianos.

Pero la guerra que empezaron a librar las FARC contra el Estado colombiano entre 1964 -cuando surgen- y noviembre de 2016, el saldo de muertos también superó los 300 mil.

Asimismo, hubo más ocho millones de desplazados, la gran mayoría campesinos pobres que fueron desalojados por los actores de la guerra: insurgencia-paramilitares de extrema derecha y organismos de seguridad del Estado colombiano.

Con el Acuerdo de Paz con las FARC, Colombia dejó para la memoria histórica más de 600 mil muertos entre 1948-2016, cuando fue sellado el pacto entre el gobierno de Santos y las FARC, con el aval de las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad.