Entre senderos flanqueados por eucaliptos, con los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl como vigías, se encuentra Tlalmanalco, municipio mexiquense donde sus apacibles calles armonizan con sus antiguas construcciones de estilo franciscano.

Tlalmanalco, que en náhuatl significa "tierra aplanada", conserva sus raíces y cultura tradicionales gracias que su población es mayormente indígena, lo que representa uno de los mas grandes atractivos de este poblado, donde se puede disfrutar de un clima agradable casi todo el año pero que en época invernal da un toque especial por su cercanía a los volcanes.

Llegar a este municipio desde la Ciudad de México no es complicado, sólo hay que tomar Boulevard Puerto Aéreo, seguir por Calzada Ignacio Zaragoza hasta la autopista 190 y después tomar la desviación a Chalco, donde se continúa por la carretera 115.

En esta época invernal, los lugareños aprovechan lo que los bosques alpinos y las tierras húmedas del lugar les ofrecen y con ramas y “piñas” elaboran coronas ya arreglos navideños.

Y es la naturaleza uno de sus grandes atractivos, como la Cascada de los Diamantes, de tres mil 200 metros de altura y resultado del deshielo del glaciar Ayolotepito, que corre hasta la parte baja del volcán Iztaccíhuatl.

También están las cascadas Congelada y de Mexcolongo, cuyas caídas permiten la refracción de la luz en el agua y dan un toque especial los paisajes naturales.

En la ruta Nexcualongo-Loma Larga, que conduce a Chalchoapan, el reto es llegar a la cima del Iztaccíhuatl, para lo cual se requiere, además de un guía y del equipo necesario, mucho carácter y determinación.

Pero el tema religioso tiene mucho peso en este municipio, donde los templos destacan por estar en un buen estado de conservación, gracias a los materiales con que fueron construidos.

Un ejemplo de ello es el Convento de San Luis Obispo, una construcción sacra, de las mejor preservadas de todas las que se erigieron en la Nueva España.

De acuerdo con el sitio mexicodesconocido.com.mx, en ese monasterio se atesoran diversas maravillas, entre las que destaca un vistoso retablo de proyección churrigueresca elaborado en madera de cedro en el que se representa la Visitación de la Virgen.

A su vez, el convento de San Luis Obispo es reconocido por los especialistas en arte y arquitectura novohispana como una obra maestra por su refinamiento y nobleza.

Por su parte, la Capilla Abierta es un sitio muy visitado pues ahí se celebraban misas a los indígenas que no se habían convertido al catolicismo y ahora, figuras de diablos, ángeles, flores, guirnaldas y frutas labradas en la construcción del siglo XVI.

Un sitio con historia es el Museo Comunitario Nonohualca, donde se exhiben piezas prehispánicas halladas en el pueblo y en sus alrededores, como la representación escultórica de Xochipilli, que hoy se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia, en Chapultepec.

Pero lo que en realidad llama la atención de los turistas es la comunidad de San Rafael, que tiene su origen en la instalación de una fábrica de papel que funcionó entre 1930 y 1970, y que dio pie a que se levantara el pueblo, cuyas casas poseen un estilo francés, con un cine y un casino que se han vuelto emblemáticos.

Recorrer este pueblo no lleva mucho tiempo, sin embargo conocer en voz de sus pobladores las leyendas e historias antiguas hacen interesante caminar por sus calles, donde se pueden apreciar diversos lugares para disfrutar de su comida, que pese a ser de lo más común en el país, resulta una experiencia única con los paisajes que brinda el lugar.