Precursor del naturalismo en Hispanoamérica, el escritor Federico Gamboa es recordado por novelas como “El evangelista”, “Metamorfosis”, pero sobre todo por la más conocida: “Santa”, que fue llevada con éxito al cine, en 1931, convirtiéndose en la primera cinta sonora en este país.

Nacido hace 153 años, el 22 de diciembre de 1864, el escritor se desempeñó también como periodista y diplomático en países como Argentina, Brasil, Estados Unidos, España y Bruselas, entre otros.

Como dramaturgo escribió “La última campaña” y “Entre hermanos”, mientras que en las obras autobiográficas se encuentran sus nueve diarios.

De acuerdo con sus biógrafos, el género más cultivado y por el cual es más reconocido es la narrativa, en partícular la novela, donde integró el naturalismo francés a la estética de su obra.

Se sabe que su trabajo cumbre: “Santa”, fue escrito en Guatemala entre 1900 y 1902, éste narra la vida de una joven desafortunada, quien trabaja en un burdel y es rechazada por su familia.

Respecto a la novela, Javier Ortiz Vázquez de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, aclaró los elementos del naturalismo en la obra, como los burdeles, los bajos fondos urbanos y la “jerga propia de los individuos que los habitan”.

Dicha narración tiene muchas similitudes con la "Naná", de Émile Zola, ya que ambas utilizan al mismo modelo de la “mujer fatal”, así como la nostalgia de las protagonistas.

Poco después de terminar su obra, durante su cargo como plenipotenciario en Guatemala, Gamboa fue cesado de su puesto, acusado injustamente de irrumpir en la casa del gobernador Manuel Estrada Cabrera para pedirle una copa de alcohol.

Un suceso relacionado con este hecho fue un atentado al mandatario guatemalteco, el 29 de abril de 1907, cuando una bomba estalló en un túnel creado expresamente para albergar el explosivo, refiere Harim B. Gutiérrez en la revista "BiCentenario".

Entonces se creyó que la legación de México había brindado asilo a los autores del ataque y se pidió un cateo en la residencia, hecho que negó el escritor e instó a que registraran el lugar a fin de encontrar a los responsables.

Al regresar a México, Porfirio Díaz le ofreció un cargo de diputado que Gamboa rehusó, y apuntó en su diario "Guárdome de exteriorizar ningún entusiasmo que la noticia me provoca; pero no me seduce ni un poquito calcularme de maniquí votante".

Cuentan que poco antes de estallar la Revolución mexicana fue enviado como embajador a Europa, y con la caída de Díaz, Francisco Madero lo mantuvo en su cargo.

Después de la decena trágica, Victoriano Huerta le dio el puesto de secretario de Relaciones Exteriores y Gamboa aceptó a pesar del desprecio que sentía por el “usurpador”

En el artículo "Federico Gamboa, entre Santa y Porfirio Díaz", de Margo Glantz, la investigadora concluyó que el escritor fue un personaje contradictorio, quien “nunca pudo resolver su dilema vital, porque, como bien dice sor Juana: labra prisión la fantasía”.

Gamboa murió el 15 de agosto de 1939, a los 74 años, y dejó alrededor de 40 obras, entre ensayos, teatro, trabajos periodísticos, novelas, así como sus memorias.