Con un mensaje vistosamente frío, en el cual evitó destacar cualquier cualidad humana o espiritual, el Papa Francisco envió sus condolencias por la muerte del cardenal Bernard Francis Law, emblema del mal manejo de la Iglesia católica a la crisis por abusos sexuales contra menores.

Tras la muerte del purpurado, nacido casualmente en Torreón, México, en 1931 porque su padre era piloto, la sala de prensa del Vaticano difundió este miércoles un mensaje del pontífice dirigido al decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano.

El texto apenas refiere que el pontífice supo de la noticia del fallecimiento de quien era arcipreste emérito de la Basílica Papal de Santa María la Mayor y expresa sus “sentimientos de condolencias”.

“Elevo oraciones de sufragio para que el Señor, Dios rico de misericordia, lo acoja en la paz eterna y envío la bendición apostólica a cuantos comparten el dolor por la desaparición del difunto purpurado, que confío a la materna intercesión de la Virgen María Salus Populi Romani”, agregó.

En los mensajes de este tipo, es común que quede plasmado cómo el Papa recibe al menos “con tristeza” la muerte de un cardenal y destaque ampliamente su carrera eclesiástica, enumerando algunas de sus cualidades personales.

Así lo hizo, por ejemplo, al expresar sus condolencias por el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, quien también fue arcipreste de una basílica papal y falleció el 20 de noviembre pasado.

A él se refirió con “sincera admiración” por un “estimado hombre de Iglesia” que “vivió con fidelidad su largo y fecundo sacerdocio y episcopado al servicio del evangelio y de la Santa Sede”.

Pero de Law el mensaje papal ni siquiera mencionó que fue arzobispo de Boston, Estados Unidos, cargo que ocupó entre 1984 y 2002. Esto se debió a la crisis por abusos sexuales que él no supo prever ni mitigar.

Nacido el 4 de noviembre de 1931, fue ordenado sacerdote por la diócesis de Natchez-Jackson en 1961. En 1973 el Papa Pablo VI lo designó obispo de Springfield-Cape Girardeau, y en 1984, el Papa Juan Pablo II lo transfirió a Boston, una de las diócesis católicas más tradicionales de Estados Unidos.

En 1985 fue ordenado cardenal y fue considerado uno de los hombres fuertes de la Iglesia tanto en Estados Unidos como en el Vaticano. Pero su suerte cambió en 2002, cuando una investigación del Boston Globe sacó a la luz las historias de 87 sacerdotes pedófilos.

Pronto quedó a la vista el mal manejo que como obispo les dio a las denuncias por abuso, determinando una y otra vez el traslado de parroquia para los sacerdotes acusados. La serie de reportajes del grupo de periodistas, conocido como Spotlight, precipitó la peor crisis de la Iglesia católica estadunidense.

Pese a que aceptó públicamente su fracaso en la gestión de las denuncias y prometió aplicar una política de tolerancia cero, debió presentar su renuncia en diciembre de 2002. Casi dos años después fue designado por el Papa Juan Pablo II como arcipreste de la Basílica Santa María la Mayor de Roma.

Se mantuvo en el puesto hasta cumplir 80 años, en 2011. Pero el fantasma de los abusos sexuales lo persiguió hasta el final.

Pese a la frialdad de las condolencias del Papa Francisco, el Vaticano realizará las exequias del purpurado según lo marca el protocolo. Estarán encabezadas por Sodano mañana jueves en el altar de la cátedra de la Basílica de San Pedro.

Al final de la misa, está previsto que el Papa presida de la “ultima commendatio” y de la “valedictio”, como se le conoce al rito litúrgico del último adiós.