Con las puertas abiertas a la hiperinflación, los venezolanos tendrán que destinar la mayor parte de sus ingresos de fin de año sólo a la compra de alimentos y dejar para mejores tiempos la tradición de estrenar ropa.

En las fiestas decembrinas lo normal es celebrar las cenas de Navidad y Año Nuevo con abundantes hallacas, que es un tamal relleno de carne y otros ingredientes envuelto en hojas de plátano, con botellas de whisky, y con ropa para estrenar, en especial para recibir el Año Nuevo.

Sin embargo, la hiperinflación de 2017 ha traído consigo un cambio obligado en las costumbres en Venezuela.

Ante la falta de cifras oficiales, analistas independientes calcularon que la inflación en este año superará el mil por ciento, con los precios de bienes de consumo masivo que aumentan varias veces a la semana.

Según el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda), el costo de la canasta básica familiar escaló por encima de los cinco millones de bolívares en octubre pasado, en un país en que el ingreso mínimo nacional se ubica en menos de 500 mil bolívares mensuales (alrededor de siete dólares en el mercado libre).

El Cenda estimó que en octubre eran necesarios 40.97 salarios mínimos para poder comprar la canasta básica, que tuvo un aumento en octubre de 43.39 por ciento respecto a septiembre.

Por lo general diciembre es el mes de mayor carga inflacionaria, por el aumento de precios de ropa, alimentos y juguetes.

Una persona que reciba dos o tres millones de bolívares en bonos de fin de año, podría hacer con ese dinero una compra quincenal para una familia de tres o cuatro miembros. Lo que implicaría invertir los llamados “aguinaldos” sólo en comida.

La presidenta del Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio), María Carolina Uzcátegui, dijo que la caída del poder adquisitivo de los venezolanos obliga a los comerciantes a hacer descuentos.

“Tenemos el tema de la falta de poder adquisitivo de la gente, es muy poco lo que se va a recibir de utilidades, y es muy poco lo que se puede hacer con eso", lamentó.

"Se habla de que el 95 por ciento de los venezolanos quisimos usar todo lo que recibieron en utilidades única y exclusivamente en comida. Ese es el gran drama de los comerciantes, no hay quien compre, se acabó la capacidad de compra”, advirtió Uzcátegui.

Agregó que ahora hay pocos productos disponibles y con el “mercado interno depauperado, con poca capacidad de compra, no vamos a ver el intercambio que veíamos en otras épocas”.

Una blusa de mujer costaba en un mercado popular 500 mil bolívares, un pantalón de hombre 600 mil, pero la explosión de precios también causó grandes afectaciones al mercado de licores, por ejemplo una botella de whisky de 12 años cuesta más de 500 mil bolívares y el precio de la de 18 años supera el millón de bolívares.

Además, el precio del kilo de pollo fue regulado por el gobierno en 27 mil bolívares, menos de la mitad del precio al que se vende, y de inmediato desapareció de los refrigeradores.

Ante esto, a los trabajadores les queda destinar la mayor parte de sus ingresos a proveerse de la mejor cena navideña posible, en el marco de una inflación desatada y de escasez de productos.

“Cuando a uno le provoca (se le antoja) una chuchería (golosina), ahora lo piensa para comprarla. Los precios están inaguantables”, comentó a Notimex la analista en contabilidad Aura Jiménez en un supermercado caraqueño.

Explicó que con sus hermanos y hermanas se unió para comprar los ingredientes para las hallacas, repartiéndose entre seis la compra de harina de maíz, carne de res y vacuna, hojas de plátano y aceitunas.

“Sólo así podemos hacerlas. Este año estamos todos muy cortos para las compras. Me tocó la gallina y estoy comparando precios”, comentó.

Otro acompañante en la cena de Navidad es el pan de jamón, cuyo precio escaló por encima de los 100 mil bolívares, un nivel nunca antes visto en las panaderías.

El caraqueño Henry Mora, un maestro jubilado, dijo que a la tragedia de los altos precios se suma el de las medicinas.

“Cuando cobro la pensión (de la seguridad social de alrededor de 200 mil bolívares) tengo que decidir si compro comida o medicinas. Las pastillas para la hipertensión me cuestan más de 100 mil bolívares”, se quejó.

Las campanas de Año Nuevo sonarán al ritmo de la inflación, pero desde ya los venezolanos ven con preocupación los primeros días de enero próximo, debido a que por lo general en ese mes baja de forma drástica la oferta de bienes.