Del escritor mexicano Julián Herbert (Acapulco, 1971) ya está en las mesas de novedades el libro “Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino”, una compilación de relatos que descubren la visceralidad y todo el horror de los días en que un ramillete de personajes trata de conservar la cordura.

En sus páginas están un vengativo "coach" de recuerdos personales, un burócrata mexicano que vomita sobre la madre Teresa de Calcuta en el aeropuerto Charles de Gaulle de París, un reportero adicto al "crack" convertido en payaso de rodeo literario, el fantasma de Juan Rulfo, y por si fuera poco, un psicoanalista lacaniano y caníbal.

Igualmente el lector va a ir descubriendo, paso a paso, lentamente, a un videoartista cuya singular obra consiste en filmar pornografía gonzo con mujeres enfermas de Sida, a Dios revelado como nini, a un narcotraficante idéntico a Quentin Tarantino, obsesionado con encontrar y asesinar nada menos y nada más que a Quentin Tarantino.

Todos esos personajes habitan mundos de estados éticos alterados. Sin embargo, a diferencia de lo que podría pensarse, esa alteración consiste en que su ética es mucho más rigurosa que la de cualquier otro mortal; no más justa ni más benévola, pero sí mucho más implacable. Esa característica hace que la lectura sea más jocosa.

Los 10 cuentos cortos que integran el libro son vértigos totales, universos tan excéntricos como perfectamente lógicos. Transitan de la ternura de “El Ángel Exterminador” a la violencia de una carcajada plagada de caries. Con una prosa afilada y contundente, feroz como un lento relámpago, Julián Herbert recuerda a “la experiencia humana”.

Pero la presenta como una masacre de capas de cebolla, una zona ciega y egoísta que las sociedades contemporáneas son incapaces de dilucidar. “Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino” es una publicación de apenas 192 páginas, una lectura recomendada para gente adulta por el autor de una obra literaria amplia y reconocida.

Herbert es autor de los poemarios “El nombre de esta casa” (1999), “La resistencia” (2003 y 2015), “Kubla Khan” (2005), “Pastilla camaleón” (2009), “Álbum Iscariote” (2013), de la antología bilingüe español/alemán “Jesus Liebt Dich Nicht”/“Cristo no te ama” (2014) y de la novela “Un mundo infiel” (2004).

Igualmente, del libro de cuentos “Cocaína” (manual de usuario, 2006), del volumen de ensayos “Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente” (2010) y de la colección de artículos “El borracho que se cree invisible” (2014). Es coautor, junto a León Plascencia Ñol, de la colección de relatos “Tratado sobre la infidelidad” (2010).

Junto a Luis Jorge Boone es autor del díptico narrativo “El polvo que levantan las botas de los muertos” (2013). Ha realizado tres compilaciones: “El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente. 1965-1979” (2005), en colaboración con Rocío Cerón y León Plascencia Ñol; “Anuario de poesía mexicana 2007”, y “Escribir poesía en México” 1 y 2 (2010 y 2012), en colaboración con Santiago Matías y Javier de la Mora.

En 2009 fundó el colectivo de arte interdisciplinario Taller de la Caballeriza. Es vocalista de la banda de rock Madrastras y del colectivo de electropoesía Id Machine. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” (2003), la Presea “Manuel Acuña” (2004), y el Premio Nacional de Cuento “Juan José Arreola” (2006).

Igualmente posee el Premio Nacional de Cuento “Agustín Yáñez” (2008, compartido con León Plascencia Ñol). Su novela “Canción de tumba” (2014) recibió el Premio “Jaén de Novela” 2011 y el Premio de Novela “Elena Poniatowska” 2012. Algunos de sus cuentos y poemas han sido traducidos a otros idiomas, y es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.