Con la exposición "FNLP/Archivo de Intuición y Desastre", el espacio cultural Casa Vecina cerrará definitivamente sus puertas, tras 12 años de trabajo, mismos en los que se convirtió en un lugar de desarrollo para las artes, así como un vínculo con la comunidad.

El espacio diverso y plural que impera en el Centro Histórico de la Ciudad de México acogió la incansable labor de Casa Vecina, encausándolo y dando forma a las diferentes expresiones culturales, donde lo mismo trabajaron con la comunidad de tejedoras de la calle de Regina, organizaciones de gente de la calle y escribanos, por mencionar algunos.

Aunque por el momento no saben lo que pasará con su histórico edificio, ubicado en la calle de Mesones esquina con Regina, lo cierto es que ha comenzado la cuenta regresiva y el próximo 4 de enero oficialmente cerrarán sus puertas.

Por lo que como despedida han preparado la exposición "FNLP/Archivos de Intuición y Desastre", de César Cortés Vega, la cual se inauguró el pasado 14 de diciembre. Dicho trabajo tiene la intención de construir un archivo subjetivo vinculado con todo tipo de desastres y formas de organización colectiva frente a ellos.

“Es una especie de oficina móvil que recorre diversas zonas de la ciudad, buscando a través de entrevistas capturar datos así como objetos personales que vinculen a la gente con ese momento, por eso a diferencia de otros archivos, se dice que este, ésta vivo y en constante renovación”, dijo Aisa Serrano, Curadora del programa Mociones de Casa Vecina, en entrevista con Notimex.

Destacó que en este archivo habla de desastres de todo tipo que van desde lo económico, social y cultural, además de que se complementan con textos que se pueden consultar por internet, al igual que las entrevistas e imágenes realizadas por el artista.

“No es un foque terapéutico, sino más bien aborda el cómo afrontas y solucionas la situación”, apuntó Serrano, al señalar que este proyecto es parte del seminario de producción artística Mociones.

Pero este este espacio creativo durante sus 12 años de existencia logró desarrollar y difundir proyectos de arte contemporáneo, siempre buscando el diálogo interno e interdisciplinario.

“Es un espacio que se construye a través de la experimentación y liberación de pensamiento y diálogo”, apuntó Valeria Cabello, Curadora del programa Residencia Cultural, durante el recorrido por las instalaciones de esta casona del primer cuadro de la ciudad, donde hasta el último momento continuarán trabajando en promover el arte.

Aunque prefieren no hablar de números, la ejecutiva que Casa Vecina reconoció que se sumó desde su creación a la corriente cultural que impera en el Centro Histórico, donde la gran variedad de matices le proporcionó su propia identidad ante los ojos de sus vecinos y visitantes.

“El tiempo es imparable y quedó mucho por hacer, pero también se ha hecho mucho; ha sido un espacio muy característico”, explicó Caballero, al recalcar que son muchos los proyectos impulsados.

Sin embargo, de los números, prefiere no hablar, ya que Casa Vecina se ha distinguido no solo por impulsar proyectos propios, sino también por la infinidad de colaboraciones que hacen con festivales y organizaciones.

“Nosotros no pensamos en el éxito del proyecto en términos numéricos, nosotros nos quedamos con los vínculos que se han hecho en más de una década”, apuntó Serrano, complementando la respuesta de su compañera.

Por su parte, Caballero añadió que en el caso de la Residencia Cultural, programa que ella maneja, adquiere sentido porque se realiza en colaboración con alguna comunidad y los proyectos que participan son seleccionados a través de una convocatoria.

Son tres o cuatro proyectos que son apoyados, cuya duración es de tres a cuatro meses.

“Urbanóculi” fue uno de los seccionados, en el cual la artista alemana Nikki Schuster trabajó con gente de la calle, a quienes enseño a través de talleres la animación con la finalidad de que pudieran contar sus propias historias de vida.

Resaltó que algo muy importante es que lograron hacer vínculos con artistas jóvenes y expertos amantes de arte contemporáneo como Hermann Bellinghausen, Marina Garcés y Marcelina Bautista.

De esta forma, después de 12 años de generar, promover y compartir proyectos artísticos, Casa Vecina ha comenzado a empacar para cerrar sus puertas y concluir su historia.