El presidente de Argentina, Mauricio Macri, sufrió hoy el primer “cacerolazo” masivo en su contra, luego de que esta capital se colmara de personas que hicieron sonar ollas y sartenes para repudiar su reforma jubilatoria y las políticas represivas de su gobierno.

Por la noche, de manera inesperada, en todos los barrios de la ciudad comenzó a sonar el estruendo de cucharas, tapas de aluminio y todo aquel instrumento de cocina que sirviera para hacer ruido en señal de protesta.

El motivo fue la reforma jubilatoria que comenzó a discutirse esta tarde en la Cámara de Diputados y que, según la oposición, rebaja en por lo menos 68 mil millones de pesos (cuatro millones de dólares) las jubilaciones y diversos programas sociales para 2018.

Las autoridades, por el contrario, aseguran que los jubilados no perderán porque la actualización de sus ingresos estará 5.0 por ciento por encima de la inflación.

En medio de este debate, ya hubo tres violentas represiones de las fuerzas de Seguridad en diferentes movilizaciones que se realizaron en la última semana frente al Congreso.

Los actos más violentos se registraron este lunes, en el segundo intento del gobierno por sacar adelante su reforma en la Cámara de Diputados después de que la sesión del pasado jueves se suspendiera en medio del caos que provocó la acción policial.

La reforma previsional generó un clima de tensión social que terminó de estallar este lunes cuando decenas de miles de manifestantes protestaron en forma pacífica en los alrededores del Congreso.

La movilización fue ensombrecida por un grupo de violentos que provocaron primero a la Policía de la Ciudad y después se enfrentaron con Gendarmería y la Policía Federal.

En lugar de cercar o detener sólo a los grupos involucrados en la violencia, las fuerzas de Seguridad reprimieron de manera indiscriminada a los manifestantes con gases lacrimógenos y balas de goma, además de que realizaron detenciones al voleo.

Por la noche, el reporte era de cientos de detenidos y heridos (entre ellos más de 70 policías) de traumatismo, hipotensión, convulsiones, traumatismo de ojo y dificultades respiratorias.

Pese al caos y a la jornada de violencia que se vivió en la ciudad, el gobierno evitó que la sesión en Diputados se suspendiera como pedía la oposición.

Después de siete horas de represión, cuando los enfrentamientos habían terminado en el Congreso y en la Avenida 9 de Julio, comenzaron a escucharse los “cacerolazos” que de inmediato rememoraron las protestas que en 2001 terminaron con el gobierno de Fernando de la Rúa.

En múltiples esquina se fue juntando cada vez más gente indignada ya no sólo con la reforma jubilatoria, sino con las políticas represivas del gobierno y que han afectado incluso a los periodistas que cada vez son más agredidos por fuerzas de Seguridad en las manifestaciones.

Los "cacerolazos" eran apoyados por automovilistas que hacían sonar sus bocinas y por mujeres y hombres que se sumaban a la protesta desde sus ventanas, haciendo sonar algún sartén o aplaudiendo.

Mientras tanto, los diputados continuaban un debate que se prevé culminará por la madrugada con la aprobación de la reforma, ya que el gobierno no quiere dar marcha atrás con la medida por más impopular que sea.