La reforma jubilatoria propuesta por el presidente de Argentina, Mauricio Macri, desató un clima de tensión política que ya se tradujo en peleas en el Parlamento, masivas marchas de protesta, represión policial y el anuncio de un paro nacional.

El gobierno propuso cambios a la actualización de las jubilaciones que, según la oposición, representa una rebaja de por lo menos 3.0 por ciento de sus ingresos.

Consultoras privadas y economistas han estimado que el recorte, que también afecta a beneficiarios de programas sociales, oscila entre 68 mil y 100 mil millones de pesos (4 mil y 5 mil 800 millones de dólares).

La víspera, el oficialismo logró que la iniciativa fuera aprobada por mayoría en la Comisón de Previsión Social de la Cámara de Diputados, en una escandalosa sesión en la que hubo golpes, gritos y forcejeos entre legisladores y parte del público que quería presenciar el debate.

Con el dictamen en la mano, el oficialismo apuró la discusión y citó a una sesión extraordinaria en la Cámara de Diputados que se realizará este jueves, que se prevé sea maratónica y en la que el gobierno confía que la reforma sea aprobada por mayoría.

Este miércoles, la respuesta inmediata de un colectivo de organizaciones sociales fue una multitudinaria marcha en el centro de Buenos Aires para repudiar los cambios jubilatorios.

Cuando intentaron llegar al Congreso, los manifestantes fueron reprimidos por un operativo del cuerpo de Gendarmería, lo que incrementó la tensión social, porque se temía que en cualquier momento la situación se desbordara y hubiera heridos.

La llegada de cientos de efectivos provocó que diputados opositores salieran a defender a los manifestantes, pero también ellos fueron golpeados por las fuerzas de seguridad.

Mientras los gendarmes mantenían un cordón para impedir el paso de la gente, los dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT) anunciaban en sus oficinas que se sumarán a la movilización frente al Congreso, prevista para mañana, y en la que se esperan decenas de miles de personas.

Además, convocaron a un paro general para el próximo viernes, lo que complica a Macri porque la CGT sí tiene una representatividad de millones de trabajadores y no se les puede descalificar tan fácilmente como a las organizaciones sociales que marcharon este miércoles.

En medio del intenso debate social, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, negó que vayan a “quitarle la plata a los jubilados”, como denuncia la oposición, y aseguró que “van a ganar más el año que viene, van a estar en torno del cinco por ciento por encima" de la inflación.