Desde la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los años 90, Camboya fue sembrada de minas antipersona y de minas anticarro que provocaron y continúan provocando un gran número de víctimas.

Una horrible herencia que hace años que este país del Sudeste Asiático, con todo tipo de medios a su disposición, intenta dejar atrás.

Sin embargo, el Centro Camboyano Antiminas (CMAC), un organismo estatal que tiene socios importantes en todo el mundo, está aún lejos del objetivo declarado de haber limpiado todo el país de minas el año 2025.

Camboya tiene una superficie de más de 181 mil kilómetros cuadrados. Gran parte del territorio es boscoso, montañoso e inaccesible debido a las escasas infraestructuras y, sobre todo, a las minas.

Desde hace décadas estos artefactos marcan dramáticamente la vida de los camboyanos, un pueblo que hasta hace 20 años había participado en guerras salvajes.

Los disturbios comenzaron durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Camboya entró a formar parte, muy a su pesar, del tablero de las grandes potencias; fue objeto de bombas, muchas de las cuales no explotaron.

Fue entonces cuando llegó la Guerra de Indochina (1946-1954) contra la potencia colonial francesa, que condujo a la independencia de Camboya, Laos y Vietnam.

Y luego la Guerra Civil Camboyana (1967-1975), que enfrentó a los Jemeres Rojos (o Partido Comunista de Kampuchea) y sus aliados vietnamitas del Vietcong contra las otras fuerzas gobernativas de Camboya con el apoyo de los Estados Unidos y de Vietnam del Sur.

El ejército de Vietnam del Norte colocó las primeras minas antipersona en Camboya en 1967 y luego continuó haciéndolo hasta el final de la Guerra de Vietnam, en 1975, con el objetivo de proteger las bases y las rutas de suministro establecidas a lo largo de la frontera con Camboya.

Estados Unidos no se mantuvo al margen y respondió con operaciones secretas entre 1969 y 1973, que consistían en el lanzamiento de cientos de miles de toneladas de bombas, muchas de las cuales no explotaron y aún están ocultas bajo tierra.

En el poder desde 1975 hasta 1979, los Jemeres Rojos no dudaron en utilizar las minas para reforzar las fronteras con Vietnam y Tailandia, y transformaron así el país en lo que tristemente se conocía como una "prisión sin paredes".

La organización de los Jemeres Rojos se disolvió en gran medida en la segunda mitad de los años 90, y finalmente se rindió en 1999. Sin embargo, durante todos esos años tanto ellos como las nuevas fuerzas del gobierno siguieron colocando minas para proteger los territorios que estaban bajo su control.

Las facciones involucradas no marcaban los campos minados en los mapas, y a menudo minaban la misma área varias veces, con un resultado de un altísimo número de heridos, incluso civiles. El clima húmedo de Camboya hace que la tierra se trague las minas, cosa que ha complicado su localización y eliminación.

"En Camboya -explica Heng Ratana, director general de CMAC- estimamos que son entre cuatro y seis millones las minas utilizadas durante la guerra, especialmente entre 1980 y 1998. Entre muertos y heridos han causado más de 65 mil víctimas. Hasta el momento las organizaciones de desminado han encontrado y destruido más de un millón de minas”.

“De acuerdo con la Convención Internacional de Ottawa para la prohibición y destrucción de minas antipersona, nuestro gobierno se ha comprometido a la limpieza de las minas de todo Camboya en 2025”, apunta.

Señala: “Nuestros esfuerzos están dando buenos resultados, gracias también a la ayuda de algunos socios como Vietnam, Laos, Colombia, Iraq y Afganistán, países con problemas similares a los nuestros. Hasta hace unos años en Camboya las víctimas anuales eran alrededor de cuatro mil, mientras que ahora son menos de mil".

El CMAC se estableció en 1992, cuando en el país estaba presente la Autoridad Transitoria de las Naciones Unidas en Camboya (APRONUC) para contribuir al retorno seguro de miles de personas desplazadas a su tierra natal.

En el 2000 este centro de desminado se convirtió en un organismo estatal independiente. Tiene mil 715 personas a su servicio, mil 387 de las cuales activas sobre el terreno, y numerosa maquinaria para detectar y destruir minas y otros artefactos explosivos.

El principal donante del CMAC es Japón, que el pasado julio regaló unos sofisticados instrumentos con un valor total de más de 11 millones de dólares. El CMAC tiene su sede en la capital, Phnom Penh, y bases operacionales en todas las provincias.

Uno de los distritos donde el CMAC está más implicado es el de Banan, en la provincia noroccidental de Battambang, a unos 80 kilómetros de la frontera con Tailandia.

"Esto -cuenta Chhou Mab, jefe de la aldea de Thnor, en el distrito de Banan- era territorio de los Jemeres Rojos. Aquí, entre 1985 y 1986, establecieron campamentos, y se quedaron hasta 1990”.

“Llenaron el área con minas que todavía causan muchas víctimas. Mientras haya minas, tendremos problemas. Por eso me alegro de que el CMAC y sus socios estén limpiando la zona, es bueno para todos nosotros", añade.

Lay Ponloeuk, funcionario del CMAC, es el jefe del proyecto IMV3 (asistencia integral para las víctimas de la limpieza de minas fase 3), que se lleva a cabo en cuatro distritos de la provincia de Battambang, incluido Banan.

"Son 485 -dice Lay- las personas activas para la realización de este programa, divididas en 30 equipos que tienen a su disposición 30 herramientas, incluida maquinaria pesada para la destrucción de minas. El objetivo del IMV3 es limpiar el área de las minas y hacerla utilizable para la agricultura y la instalación de infraestructuras modernas".

El perímetro en el que trabajan Lay y sus hombres está completamente cercado con una cinta roja. En los lugares en los que han encontrado minas se ha puesto un letrero, también rojo, en el que el dibujo del clásico cráneo en blanco muestra el peligro de muerte. El personal del CMAC utiliza radares anti-minas, sin descuidar ni un centímetro de terreno.

"Tenemos que ser muy meticulosos -explica Sous Pov, capataz de la Unidad 8- para estar 100% seguros de que el área no tiene minas. El problema principal que nos encontramos a nivel nacional es que las minas están dispersas por todas partes, sin una lógica aparente. Aquí, en particular, los Jemeres Rojos colocaron minas muy sensibles, que explotan al mínimo roce".

Las minas encontradas en esta área son de fabricación china, soviética, vietnamita y, en menor medida, checoslovaca. Los beneficiarios de las operaciones de limpieza del proyecto IMV3 serán cuatro familias de agricultores y granjeros, una de las cuales es la de Loung Lon, de la aldea de Thnon.

"Caminaba por el campo en busca de algo para cenar -recuerda Loung- cuando pisé una mina de producción china. Era 1997. En esos años los Jemeres Rojos pusieron muchas minas, pero nosotros no lo sabíamos”.

Dice: “Perdí una pierna y la parte inferior de la otra quedó desgarrada. También me lesioné el muslo por algunas astillas de roca que saltaron. Hizo falta un año para eliminar todas las astillas. Durante un año entero no pude caminar".

"Como soy pobre -añade Loung-, las autoridades me dan arroz todos los meses, nada más. No siento rabia, ahora ya ha pasado. ¿Por qué tendría que sentirla? Después de tantos años llegué a la conclusión de que este era mi destino, de que el destino quería que topase con esa mina”.

“Ese día yo no era el único que buscaba algo para comer en el campo, pero solo a mí me explotó una mina. Conozco a muchas personas como yo que han perdido una pierna y que no aceptan la situación. Gracias a una prótesis puedo caminar de forma autónoma. Si te toca te toca, lo importante es seguir vivo”.