Con el propósito de preservar el acervo de la Cineteca Nacional, más de 30 especialistas en diversas áreas trabajan en la restauración digital de las películas más sobresalientes del cine mexicano.

Fue en 2011 cuando se adquirió el equipo necesario y se creó el espacio para albergar el Laboratorio de Restauración Digital que se encuentra en uno de los sótanos del emblemático recinto de la colonia Xoco en la Ciudad de México.

En aquel entonces se reclutó a un grupo de ocho personas. Hoy ese número se ha incrementado y trabajan en tres turnos gracias a que existen muchas producciones que aún se deben rehabilitar.

El nivel del grupo de expertos es altamente competitivo y multidisciplinario, pues se conforma de comunicadores, sociólogos, restauradores, animadores digitales, historiadores y músicos.

“El reto es que todos tenemos que prepararnos y actualizarnos de manera constante, revisando cosas y entendiendo sobre la historia del cine. Por ejemplo, qué tipo de cámaras se utilizaban en la época, qué tipo de micrófonos, qué limitaciones tuvieron los cineastas en su tiempo”, explicó Édgar Torres, subdirector de Preservación de Acervos de la Cineteca Nacional.

En entrevista con Notimex, resaltó que la restauración digital es algo relativamente nuevo en México y a fin de lograr un mejor desempeño los especialistas están en contacto con gente de la Filmoteca de la UNAM, otros laboratorios y archivos para compartir un poco de las experiencias que se tengan en cada área.

“Estamos en un diálogo constante. La Filmoteca de la UNAM también tiene un laboratorio y digitaliza materiales. A veces ellos nos apoyan y, en ocasiones nosotros a ellos. Los Estudios Churubusco también están haciendo su parte, es un reto complicado”, enfatizó.

No obstante, señaló que México se encuentra en buen nivel respecto a la restauración de filmes.

“Estamos aprendiendo mucho. Hay un terreno enorme de oportunidad y muchas cosas más en las que se debe ahondar. Aunque necesitamos reforzar y capacitarnos más, estamos satisfechos con los resultados”, expresó.

A la llegada, en 2013, del cineasta Alejandro Pelayo como director de la Cineteca Nacional, se planteó la restauración de por lo menos 300 títulos en acuerdo con la Filmoteca de la UNAM, los Estudios Churubusco y Fundación Televisa.

Entre los recién concluidos destacan: “El lugar sin límites” (1978), “Naufragio” (1977) y “Cabeza de Vaca” (1990).

El primer filme, de Arturo Ripstein, presentaba un virado al azul con un velo en la mayor parte de la imagen, por lo que se realizó un balance en el valor de los tonos para lograr homogeneidad en las secuencias y cambios de cámara.

Además se intervinieron 158 mil 909 fotogramas que presentaban rayas, roturas y pegaduras de calor, entre otros problemas.

En “Naufragio”, del cineasta Jaime Humberto Hermosillo, se apreciaban cambios de luz y tonos virados a rojos, azules y magenta que se corrigieron digitalmente, mientras que la banda de sonido analógica se convirtió a digital y se corrigieron los diálogos originales que presentaban un desfase en el “lipsync”.

En “Cabeza de vaca” se restauró el color con la asesoría del propio director, Nicolás Echevarría. Respecto al sonido, se utilizaron herramientas para la supresión de ruidos y se efectuó una resincronización de los diálogos.

Edgar Torres reveló que, en la actualidad, los expertos trabajan en “Tívoli” (1974) “Rosauro Castro” (1950) y “Ensayo de un crimen” (1955).  En la lista de espera también están varios filmes de la década de los noventa.

El tiempo de restauración tarda semanas o hasta meses. Es difícil determinarlo porque, a decir de Édgar Torres, cada película es un desafío diferente.

“Depende mucho de la condición que presente cada filme. En el caso de ‘El lugar sin límites’ fueron 16 semanas de trabajo y eso nada más corresponde al desempeño de tres personas sentadas frente a la computadora revisando cuadro por cuadro las imágenes”.

A lo anterior, dijo, hay que sumarle el tiempo que haya tomado la revisión e inspección de los materiales:

“Es la restauración física que se hace del material, el escaneo y ya después el trabajo de sonido, color y la salida digital. Son una serie de elementos que se deben tomar en cuenta y entender. Arturo Ripstein vino y fue muy valioso porque nos guió. En ese sentido, es importante acceder a los creadores para saber cómo hicieron su película”.

El éxito en taquilla se traduce en mayor complicación a la hora de digitalizar debido a que los negativos se encuentran más dañados, pues significa que se hizo un tiraje mayor de la película y se exhibió varias veces.

“Cuando adquirimos el equipamiento del Laboratorio de Restauración Digital se compró un escáner 3K de calidad máxima que garantiza la preservación de un buen trabajo. La salida se hace en 2K, que es la calidad con la que vemos el cine en las salas”.

Destacó que es una fortuna que en México se cuente con un equipo como éste. Incluso, hay otro similar en los Estudios Churubusco y dos buenos escáneres en la Filmoteca de la UNAM al igual que en compañías privadas.

“Hay países que no tienen acceso a esta tecnología y están deseosos de tenerla. Las herramientas digitales pueden hacer un trabajo muy bueno, pero el gran riesgo es excedernos. A las películas podemos darles muchísimo color y hacerla perfecta, pero ya no se notaría que es de época, por ello se debe ser muy cuidadosos”, indicó.

En ese sentido, apuntó que el criterio del Laboratorio de Restauración Digital siempre ha sido el abordaje desde el concepto de la preservación, restauración y teorías del arte. “Hay que respetar la obra como era, tratar de emular lo que fue en su momento. Es el punto más difícil”.

El subdirector de Preservación de Acervos de la Cineteca Nacional reveló que en México no existen carreras de restauración fílmica, de ahí el diálogo constante con el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine).

“También estamos en contacto con la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) para sensibilizar a los jóvenes cineastas respecto a la existencia de estas carreras”.

Sin atentar contra la obra, mencionó que en el Laboratorio de Restauración Digital han tenido que adaptar las películas para que se oigan bien, pues todas las salas cinematográficas en México son digitales y tienen sistema de sonido surround 5.1 o 7.1.

“Nosotros estamos trabajando películas monoaurales y eso, técnicamente es una gran diferencia”, subrayó.

Édgar Torres mencionó que se han topado con cintas en pésimas condiciones, pero casi siempre se pueden rescatar varios fragmentos.

“Existen varios soportes en el cine. Son el nitrato, acetato y poliéster. Cada uno tiene sus particularidades de descomposición. En el caso del nitrato es una película peligrosa, flamable y bastante volátil. Cuando se solidifica empieza a soltar una miel nítrica que al extenderse por la película la hace polvo y se vuelve peligroso trabajarla, pero no imposible”.

Recordó el caso de “El automóvil gris” (1919) como uno de los logros más grandes que ha tenido el Laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca Nacional, pues la película del director Enrique Rosas no sólo fue restaurada sino reconstruida.

“Originalmente estaba planeada en varios episodios. Era un serial cinematográfico que se fue recuperando de diferentes soportes (negativos y positivos) y se estructuró.

"No está completa debido a que era muy larga, pero actualmente tiene una duración bastante mayor de la que se conocía y gracias a ello se puede entender perfectamente la historia”, resaltó.

La restauración digital no es el propósito final, pues en opinión del especialista, una vez rehabilitada la obra se debe regresarla a un negativo cinematográfico.

“La digitalización es una alternativa muy buena para la consulta, pero no una garantía de preservación. Se trata de un terreno bastante vulnerable debido a que los cambios tecnológicos van demasiado aprisa y se va perdiendo información, por ello habría que imprimir nuevos negativos, pues han demostrado que pueden durar más de 100 años”, detalló Torres.