Al ritmo de villancicos como “Venid adoremos” y con el recitado de algunos poemas, se iluminó el árbol de Navidad gigante y el nacimiento de tamaño natural, ambos colocados en el centro de la Plaza de San Pedro.

Mientras caía la noche en Roma, en medio de un intenso frío, un grupo de niños accionó los botones que dieron luz, primero al nacimiento monumental en estilo artístico napolitano y después al abeto rojo de 28 metros, procedente de los bosques de Polonia.

La ceremonia, a la cual acudieron cientos de personas, estuvo animada por la banda de música de la Gendarmería Vaticana y fue presidida por Giuseppe Bertello, el cardenal gobernador del Estado de la Ciudad del Vaticano.

El Papa no participó del acto, en cambio recibió en audiencia privada a las delegaciones de la diócesis polaca de Elk, que dono el árbol, y de Sicilia, al sur de Italia, donde se encuentra la Abadía Territorial de Montevergine que regaló el pesebre.

“Cada año el pesebre y el árbol de Navidad nos hablan con su lenguaje simbólico. El árbol, erguido hacia lo alto, nos estimula a tender hacia los regalos más alto, a alzarnos por encima de las neblinas que nos ofuscan, para experimentar cuán bello y alegre es adentrarnos en la luz de Cristo”, dijo Francisco en ese encuentro.

“El nacimiento es el lugar sugestivo donde contemplamos a Jesús que, asumiendo sobre sí las miserias del hombre, nos invita a hacer lo mismo mediante acciones de misericordia”, añadió, hablando en italiano.

A la audiencia asistieron niños enfermos de cáncer que decoraron las esferas y otras creaciones que adornaron el árbol de la plaza vaticana, y que realizaron gracias a un programa de “cerámica-terapia” recreativa en talleres hospitalarios ideados, coordinados y administrados por la Fundación Condesa Lene Thun.

Los acompañaron otros pequeños de las zonas afectadas por los recientes terremotos en el centro de Italia, de la Arquidiócesis de Spoleto-Norcia.

El pontífice les agradeció por haber embellecido esas piezas navideñas y por haber plasmado sus deseos en ellas, que serán admiradas por peregrinos y visitantes de todo el mundo.

“La Navidad del señor sea la ocasión para estar más atentos a las necesidades de los pobres y de aquellos que, como Jesús, no encuentran quien los acoja”, apuntó Jorge Mario Bergoglio.

El nacimiento de San Pedro fue realizado en estilo del siglo XVIII y según la más antigua tradición napolitana, ocupa una superficie de unos 80 metros cuadrados, con una altura máxima de cerca de siete metros.

Las 20 figuras que lo componen, con una altura aproximada de dos metros, representarán las obras cristianas de misericordia. Sus cabezas y articulaciones han sido realizadas en terracota policroma, los ojos en cristal y las vestiduras en tejido.

Tanto el árbol como el pesebre permanecerán montados hasta el domingo 7 de enero de 2018, el día en que se celebra el bautismo del señor y se concluye el tiempo litúrgico de Navidad.