Obispos piden a ciudadanos solidarizarse con los más necesitados

En el marco de la Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el Papa Francisco, representantes de la iglesia católica llamaron a los feligreses a dar testimonio de fe y vivir una auténtica...

En el marco de la Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el Papa Francisco, representantes de la iglesia católica llamaron a los feligreses a dar testimonio de fe y vivir una auténtica solidaridad con los más necesitados.

En la Catedral Metropolitana, el cardenal Norberto Rivera Carrera pidió porque Dios “guíe las decisiones de los gobernantes para que promuevan el bien de cada persona”, y porque quienes viven en pobreza y situación de calle, encuentren el consuelo de sus hermanos generosos.

Durante la homilía, el arzobispo primado indicó que “no sólo se peca haciendo el mal, sino dejando de hacer lo que teníamos que hacer”.

Por la mañana, el rector de la Basílica de Guadalupe, Enrique Glennie, instó a la población a dar testimonio de nuestra fe, cumplir nuestras responsabilidades personales y vivir una auténtica solidaridad con nuestros hermanos más necesitados.

Al evocar las palabras del Papa Juan Pablo II, en el sentido de que “he conocido a gente tan pobre que lo único que tenía era dinero”, el clérigo destacó el hecho de que esas personas “no tenían valores, ni se responsabilizaban de nada en su vida”.

“¿Cuántos cristianos inútiles andaremos por acá sin hacer nada?", cuestionó Glennie Graue al llamar a la población a producir frutos, pues en su momento, “todos rendiremos cuentas”.

Posteriormente y al encabezar la peregrinación anual al Templo del Tepeyac, el obispo de la Diócesis de Aguascalientes, José María De la Torre Martín, se sumó al llamado del Papa Francisco para apoyar, en los hechos, a quienes menos tienen.

El clérigo oró también porque haya paz y prosperidad en México y porque reconstruyamos nuestros hogares y Patria, “tan necesitada de luz, vida y amor”, luego de los sismos de septiembre.

“El Papa quiere que la misericordia sea un fruto ordinario (…) que pongamos nuestro corazón en la miseria de los demás (..), seamos misericordiosos de palabra y de obra”, acotó.

Recordó la virtud natural de amar a los demás, y de “no esconder nuestra fe, no sepultar la palabra del evangelio, sino hacerla circular en nuestra vida, casa, trabajo, zonas recreativas, todos los días y los fines de semana, como una fuerza que purifica, renueva, germina, florece y fructifica”.