El director teatral francés Joël Pommerat traerá a la escena teatral del XLV Festival Internacional Cervantino (FIC) una obra que aborda casos y cosas de lo político, que no de la política, la cual indaga en la accidentada y sangrienta carretera hacia la democracia en Francia, a finales del siglo XVIII.

Anne de Amezaga, codirectora de la pieza montada por la Compagnie Louis Brouillard, explicó que se trata de un trabajo escénico que demandó un año en su dramaturgia y dos años en su producción. Pommerat sólo representa obras escritas por él, nunca de otros autores, porque así se mete plenamente en la idea original.

Su compañía cuenta con 60 elementos estables y eventualmente llegan a ser hasta 100 por las actrices y actores invitados. Anualmente escribe solamente una obra, y la conserva durante varios años en su repertorio. En esta ocasión, primera vez que él y su compañía vienen a México, presentará “Todo saldrá bien. El fin de Luis”.

El dramaturgo viene a México acompañado por un equipo teatral de 31 personas para llevar a escena “Todo saldrá bien. El fin de Luis”, la cual estrenó el 16 de septiembre de 2015 en Bélgica. Pommerat deseaba crear un espectáculo de gran formato, por lo que ubicó su historia en el contexto de la Revolución Francesa.

Sin embargo, destacó De Amezaga, el vestuario de los actores y actrices no es de aquella época y la obra no toca el tema de la política, sino de lo político. Para ello, el autor y director de escena recurrió a diversos hechos históricos, obteniendo como resultado una obra de teatro de cuatro horas y media de duración dividida en tres partes.

Esta obra, que constituye una ficción política contemporánea que se pregunta por las conexiones que se deben generar entre el hombre y la sociedad, entre los ciudadanos y sus representantes, y entre la ficción y la realidad, es parte de la oferta de Francia, país invitado de honor en el XLV Festival Internacional Cervantino (FIC).

Para Pommerat, los motivos que inspiraron la obra son muchos, entre ellos el coraje, la violencia, la justicia, la representación política, la legitimidad del poder y la soberanía popular. Más que hacer una recreación histórica, se propuso indagar los motivos profundos de la Revolución Francesa y su vigencia.

El motor de la obra es el conflicto entre el rey, los diputados y el pueblo, y los integrantes de las diversas facciones en lucha. El director evade los estereotipos, y busca que cada personaje responda a impulsos personales; el rey que se menciona en el título, presencia constante en el texto de la obra, no figura como protagonista.

Son las ideas y el imaginario político, las que sostienen el montaje, del cual el autor asegura que no se puede reconstituir el pasado. El pasado no existe más. Se trata siempre de una ficción tanto para el historiador como para el escritor y el director escénico. Esta obra es una ficción verdadera”.

Joël Pommerat nació en 1963 y es actor, dramaturgo y director, aunque prefiere llamarse creador de espectáculos. Luego de un corto paso por el cine, en 1990 fundó la Compagnie Louis Brouillard, con la que trabaja desde entonces con un método personal de actuación que ha expuesto en libros como “Théâtres en présence” y “Troubles”