“Teníamos miedo”, relatan sobrevivientes del sismo

Sobre la avenida Eduardo Molina, al norte de la Ciudad de México, la señora María Elena Ruiz vivió 40 minutos de angustia porque veía su brazo izquierdo y pierna heridos, y “pensaba que aquí iba a...

Sobre la avenida Eduardo Molina, al norte de la Ciudad de México, la señora María Elena Ruiz vivió 40 minutos de angustia porque veía su brazo izquierdo y pierna heridos, y “pensaba que aquí iba a morir”.

Desde la cama 545 del Hospital de Traumatología “Dr. Victorio de la Fuente Narváez", cuenta que pasadas las 13:00 horas del 19 de septiembre iba a dejar a su sobrina a la escuela, y "de pronto, cuando vimos ya estaba el temblor y me cayó una cornisa que me tiró al suelo”.

Ella intentó levantarse ante el asombro de la pequeña que se espantó mucho, "lloraba y lloraba”, pero fue imposible. Recuerda que en ese momento llegaron varias personas para apoyarla, y de inmediato le llamaron a un policía de tránsito y a la Cruz Roja.

Al llegar a su auxilio, tomaron la decisión de recorrerla hacia la carpeta asfáltica por el riesgo que corría de estar al lado de una pared. Ahí permaneció unos 40 minutos, y “fue muy duro porque vi mi brazo totalmente roto, los huesos hacia arriba, mi carne escurría, y esta pierna no me la vi porque traía pantalón, pero sangraba”, relata.

Bajo esas condiciones y el tránsito vehicular detenido, indica, la gente “se portó excelente” porque algunos llamaron desde su teléfono para avisar a su hija y, en particular, “hubo un señor que no se despegó de mí y me cubría del sol”.

“Yo sólo pensaba que a lo mejor moriría por ver cómo estaba mi brazo”, expone la señora de 63 años, quien vive en la colonia Penitenciaría, perteneciente a la delegación Venustiano Carranza.

El jefe del Servicio de Urgencias del nosocomio, adscrito al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Óscar Ulises Moreno, señala que la señora María Elena fue una de las primeras pacientes que llegó aquel martes para ser atendida, después del sismo de 7.1 grados.

Detalla que la sobreviviente entró con una fractura expuesta de húmero izquierdo, por lo que fue necesario ingresarla al quirófano para hacer la fijación de la fractura y el aseo de las heridas. El mismo procedimiento se realizó en la pierna lesionada.

En el sexto piso, justo en la cama 631, también estuvo internada la señora Micaela García Hernández, quien presentó una fractura severa en una de sus piernas, al caer con el vaivén tan fuerte del piso que provocó el temblor.

Narra que se desvaneció después de intentar salir de la cocina de su casa, localizada en la colonia Ampliación Guadalupe Proletaria, porque su hija le gritó que estaba temblando.

“Se sintió un jalón y nos íbamos de lado, cuando el sismo empezó más fuerte”, apunta la señora de 56 años, quien desde hace unos 10 años perdió la vista y, por ello, permanece más tiempo en casa.

Sólo recuerda que el piso tronó con la intensidad del movimiento, y su hija y hermano fueron por ella. “Se fracturó mi rodilla, estaba como un péndulo, y me tuvieron que arrastrar hasta el patio”, comenta.

“Dicen que los ojos se me salieron, que la lengua se me salió, que ya no podía respirar; no me acuerdo de nada. Cuando reaccioné, escuché los gritos de mi hija: 'mamá, mamá, por qué me haces esto'. Oía que estaba gritando muy feo”, relata.

Por eso tuvo que ser trasladada al Sanatorio Santa Rosa, de la colonia Vallejo, donde permaneció cuatro días porque los costos son muy elevados, y después fue llevada al Hospital de Traumatología.

El doctor Murillo explica que a la señora Micaela se le practicó una operación de manera urgente para estabilizarle la fractura por medio de un implante, y “ahora esperamos su recuperación para que se reincorpore a su vida normal”.

Sin embargo, García Hernández manifiesta que su mayor preocupación ahora es su rehabilitación, porque carece de seguridad social y dinero. “Sólo espero que me sigan apoyando”.

Ambas mujeres coinciden en que el temblor de aquel martes ha sido el peor, porque a pesar de la magnitud del de 1985, “las personas ya tenemos mucho miedo, oímos la alarma y pensamos que todo se va a caer”.

La señora María Elena recuerda que la noche del 20 de septiembre de 1985 salió, junto con su esposo, a buscar a sus familiares que vivían en el edificio Nuevo León, en Tlaltelolco, y en la calle se asustó demasiado por la réplica del sismo de la mañana anterior.

“Esta vez fue diferente, yo sí lo sentí y tengo temor”, añade la paciente, quien es cuidada en todo momento por el señor Gonzalo Mares, quien es su esposo desde hace 34 años.

Debido a esto, los psicólogos del Hospital de Traumatología “Dr. Victorio de la Fuente Narváez", en conjunto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), implementaron un programa de atención de crisis a pacientes, familiares y personal afectados por el sismo.

La coordinadora de Programas Médicos de la Unidad de Atención Primaria en la Salud de Primer Nivel, María Teresa Torres Plácido, afirma que es necesario dar atención inmediata a quienes vivieron el temblor, porque, de lo contrario, los trastornos adquiridos podrían prolongarse.

Los problemas más frecuentes en las personas son la falta de sueño, nerviosismo, ansiedad, estrés postraumático, fobias, miedo, tristeza y dolores musculares, entre otros, y éstos podrían manifestarse de leves a graves, expuso.