Cómo viajar en el tiempo: Del DeLorean de 'Volver al futuro' a la cabina telefónica de 'Dr. Who'

<p>El DeLorean en ua ilustración de ´Regreso al futuro´.</p>
El DeLorean en ua ilustración de ´Regreso al futuro´.
Universal Pictures

Cuenta el director Robert Zemeckis que, en 1985, un joven llamado Marty McFly se convirtió —con permiso de Einstein, la mascota de Doc— en el primer viajero del tiempo de la historia. El muchacho viajó a 1955, donde quedó atrapado y se vio obligado a encontrar una forma de regresar al futuro. No fue su único periplo temporal, después volvió a dar un salto de treinta años, pero hacia adelante, hasta un futurista 2015.

Marty aún no ha llegado, lo hará el 21 de octubre de este año, pero parece evidente que no se encontrará con un mundo sin carreteras en el que se venden pizzas deshidratadas y todos los chavales montan en aeropatín, tal y como vaticinaba Volver al futuro II. Lo que sí descubrirá en su lugar son legiones de fans, millones de fieles seguidores de una trilogía que se ha convertido en uno de los máximos referentes de los viajes temporales.

Muchos de esos fans ya se preparan, con motivo del 30 aniversario del estreno de Regreso al futuro, para una celebración por todo lo alto. El  próximo sábado 13 de junio, el Palacio de Vistalegre de Madrid se transformará en una inmensa sala de cine para ofrecer una proyección muy especial de la película en la que el público acompañará a Marty McFly y Doc Brown a través del tiempo mientras disfruta de la banda sonora original interpretada en directo por la Film Symphony Orchestra, única orquesta sinfónica europea especializa en la realización de giras de conciertos de música de cine.

En el primer borrador del guión de 'Regreso al futuro', la máquina del tiempo no era un coche sino una nevera

Este gran evento, que sólo se celebrará por el momento en otras cinco ciudades más (Lucerna, Paris, Edimburgo, Los Ángeles y Londres), rendirá homenaje a una aventura que, si bien está lejos de ser la primera sobre viajes en el tiempo, es quizá, con su inconfundible y entrañable aire ochentero, la más icónica de este subgénero de ciencia ficción.

La obra de Zemeckis reúne, en tres largometrajes, todos y cada uno de los elementos que hacen que una historia de viajes en el tiempo sea inolvidable: saltos al pasado, saltos al futuro, paradojas temporales y, por supuesto, una máquina del tiempo única, que en este caso es un flamante DeLorean. Como dice Doc, "si vas a construir una máquina del tiempo en un coche, ¿por qué no hacerlo con clase?".

Curiosamente, en el primer borrador del guión, la máquina del tiempo no era un vehículo sino una nevera. Por fortuna para la historia del cine y los amantes de la cultura pop, el buen juicio de los responsables de la película hizo que el frigorífico se reemplazara por un emblemático DeLorean DMC-12, un deportivo de carrocería inconfundible y puertas que se abren hacia arriba.

La máquina, cuyo componente principal era una pieza conocida como condensador de fluzo, debía alcanzar los 140 km/h para saltar en el tiempo. Sin embargo, requería una cantidad de energía tal para funcionar que sólo podía conseguirse mediante una pequeña reacción nuclear (o un rayo). Posteriormente, Doc mejoró el coche: le dio la capacidad de volar y consiguió que funcionase con un combustible mucho más barato y abundante, basura. Por último, creó un nuevo tipo de máquina del tiempo a partir de una locomotora de vapor.

Mil y una formas de viajar en el tiempo

Uno de los grandes referentes que usó Zemeckis para Volver al futuro fue el clásico de H.G. Wells La máquina del tiempo, novela de 1895 en la que se relata cómo un científico de finales del siglo XIX inventa un aparato que le permite saltar en el tiempo. En concreto, el protagonista viaja al año 802.701, donde, en vez de maravillas y progreso, descubre una sociedad en decadencia dividida entre los débiles eloi y los salvajes morlocks.

Pero fue la adaptación cinematográfica de 1960 la que popularizó la historia y, sobre todo, el aspecto visual del invento en sí, una especie de pequeña carroza con una butaca, un panel de control compuesto por tres bombillas y una palanca, y una gran rueda giratoria en la parte posterior. Mucha gente joven la reconoce gracias a The Big Bang Theory y el capítulo La Aniquilación de Nerdvana, donde Leonard compra lo que cree que es una versión en miniatura de dicha máquina y que en realidad es una reproducción a tamaño real de la misma.

Otra de las máquinas del tiempo más emblemáticas, también muy anterior a Volver al futuro, procede de la televisión británica. Se trata de la TARDIS, ingenio de gran poder que permite al Doctor Who viajar a través del espacio y el tiempo. Su forma de cabina azul de policía del Londres de los años sesenta se ha convertido en todo un icono de la cultura pop, aunque se supone que ese no es su verdadero aspecto. El invento posee un circuito que le permite adoptar una apariencia acorde a la época y el lugar en el que aparece. Sin embargo, dicho sistema camaleónico se estropeó en su primer viaje a la capital británica, en 1963, lo que hizo que permaneciese siempre con forma de cabina. Esta excusa argumental fue una solución práctica a los limitados recursos de la ficción en sus inicios (en ese mismo año 1963).

Una de las grandes curiosidades de la TARDIS es que es muchísimo más grande por dentro que por fuera. Además, posee una tecnología capaz de traducir automáticamente casi todos los idiomas existentes en el universo.

La máquina del tiempo más disparatada de todas es probablemente la que da título a Hot Tub Time Machine, traducida en España como Jacuzzi al pasado. El loco plateamiento de esta comedia se centra en un grupo de amigos que se quedan dormidos en un jacuzzi. Cuando una bebida energética se derrama sobre los controles de la bañera, esta se transforma en una máquina del tiempo y los traslada desde 2010 hasta 1986.

En muchas otras historias de viajes en el tiempo, la máquina existe, aunque es menos importante y no siempre se muestra en pantalla. En la sagaTerminator, por ejemplo, tanto la letal inteligencia artificial Skynet como la resistencia humana envían emisarios al pasado (desde 2029 a 1984 en la primera película) para ejecutar con éxito sus respectivos planes. En este caso, el viaje se asocia a la aparición de una esfera de luz azul rodeada por rayos de la que emerge una figura humana desnuda.

También se recurrió al recurso del destello azul en la serie de 1989 Quantum Leap (A través del tiempo), una ficción de culto poco conocida que narraba las aventuras del científico Sam Beckett, viajero del tiempo que saltaba de época en época, sustituyendo a determinadas personas, para arreglar errores del pasado. En cada salto, una luz azul cubría a Sam y lo transportaba a un nuevo cuerpo en otra fecha y lugar.

Las películas Los cronocrímenes, Doce monos, Looper o Timecop, entre otras, también giran en torno a viajes temporales, pero la máquina en sí no tiene ningún protagonismo especial en ellas. En otras aventuras, la máquina se sustituye por elementos alternativos: en Los Visitantes se recurre a una poción, en Prince of Persia: Las arenas del tiempo (basada en el videojuego homónimo) el poder lo tienen unas arenas mágicas, en El efecto mariposa se trata de un talento natural del protagonista; Hermione utiliza un amuleto llamado giratiempo en Harry Potter y el prisionero de Azkaban...

Entre los sistemas para viajar en el tiempo de más reciente creación se encuentra el entramado de puertas de la sficción española El Ministerio del Tiempo, una serie de accesos a diversos momentos del pasado de España. Este organismo de alto secreto del estado controla infinidad de puertas temporales, pero se sabe que existen muchas otras fuera de su poder.

Otros han viajado en el tiempo muy a su pesar, como Bill Murray en Atrapado en el tiempo (conocida popularmente como El día de la marmota), condenado a repetir el mismo día una y otra vez. Lo mismo le sucedió recientemente a Tom Cruise en Al filo del mañana, aunque con un toque más de acción y letales bichos alienígenas de por medio. Los protagonistas de Perdidos (Lost) también se vieron atrapados en el pasado durante toda una temporada, aunque en este caso, los viajes en el tiempo era casi lo menos raro de todo.

Los viajes en el tiempo abren tantas posibilidades narrativas que rara es la serie con toques de fantasía (o sin ellos) que no las utilizado en alguna ocasión. En 1971, Mortadelo y Filemón conocieron a Napoleón gracias al largometraje animado El armario del tiempo; en el cuento de Halloween e Los Simpson titulado El castigo del tiempo, Homer viaja a la Prehistoria con una tostadora y, al matar a un mosquito, experimenta las consecuencias del efecto mariposa; varios arcos argumentales de Padre de familia giran en torno a la máquina del tiempo de Stewie; incluso Steve Urkel, cuando los guionistas de la serie Cosas de casa perdieron el norte por completo, construyeron una...

Todas estas historias están totalmente vinculadas a la fantasía, pero también hay algunos ejemplos de viajes en el tiempo reales, los únicos posibles, que son al futuro y sin posibilidad de retorno debido a la relatividad del tiempo. El ejemplo más recordado es el de El planeta de los simios. Cuando Charlton Heston descubre, en una escena que ya forma parte de la historia del cine, la Estatua de la Libertad derruida en una playa, se da cuenta de que su estancia en el espacio ha sido más larga de lo que creía y que en realidad siempre ha estado en el planeta Tierra y no en otro planeta habitado por monos. El año pasado, Christopher Nolan abordó este mismo tema con mucho acierto en la película Interstellar, donde se explica en innumerables ocasiones los efectos de los viajes espaciales en el paso del tiempo.