Llega la hora del reloj inteligente

  • Es el primer adoquín en el camino del éxito de los ‘wearables’.
  • Hay 'smartwatch' que permiten hasta realizar micropagos sin contacto.

El reloj, como accesorio tecnológico, ha acompañado a la humanidad desde hace siglos. Conocer y medir con precisión el tiempo ha sido cada vez más importante en el desarrollo humano. Pero con la llegada de los móviles, este dispositivo se extinguió de la mayoría de las muñecas, resistiendo solo como un símbolo de estatus o estilo.

Pero esta situación ahora puede cambiar de nuevo con la aparición de los smartwatches. Estos relojes inteligentes se conectan con los móviles para crear una simbiosis de información optimizada. Su reclamo principal es el de poder realizar la mayoría de las funciones básicas del smartphone sin tener que sacarlo del bolsillo. Desde leer mensajes hasta controlar la reproducción musical incluyendo, por supuesto, ver la hora y el calendario o responder las llamadas telefónicas.

300 euros de media puede llegar a costar un reloj inteligente, un precio que muchos están dispuestos a pagar Esto es solo una pequeña muestra de las cosas que ya se pueden hacer desde la pequeña pantalla de estos relojes, pero hay mucho más. El camino está recién inaugurado para que empresas y desarrolladores inventen apps que doten de nuevas funcionalidades a este tipo de dispositivos. Como ejemplo basta recordar que el primer iPhone (2007) llegó al mercado sin opción de añadir apps y ahora es un mercado que mueve miles de millones de dólares.

Tan solo hace falta que encontrar la killer app que se convierta en imprescindible, o desde un punto de vista más realista, crear apps que faciliten la vida. Entre los nuevos horizontes que se vislumbran se encuentran aplicaciones de salud que permitirán monitorizar y diagnosticar el estado físico del usuario con mayor precisión gracias a la información que pueden recopilar –como por ejemplo ritmo cardiaco, hábitos de actividad o alimentación–.

Micropagos sin contacto

Estas funcionalidades pueden aplicarse a gente sana que se cuida o a enfermos que deben tener una supervisión en su tratamiento. Lo cierto es que si un reloj puede mejorar la calidad de vida de una persona, los 300 euros aproximados que puede costar de media no parecen una inversión descabellada.

En una línea muy cercana encontramos el deporte. Medir la actividad física del usuario (pasos, calorías consumidas, escaleras, etc.) ya es una realidad en las pulseras deportivas, pero los relojes pueden llegar mucho más lejos. La futura variedad de apps o la comunicación inalámbrica son dos buenos argumentos para creer en ello.

La autonomía de la batería es bastante escasa Una de las opciones más interesantes, la posibilidad de realizar micropagos sin contacto (usando el chip NFC) como si fuese una tarjeta de crédito de muñeca, ya es realidad. Tan solo hace falta que bancos y comercios se dejen seducir por la idea, y el comercio electrónico en el mundo real tendrá un impulso extraordinario. Por cierto, habrá que poner especial atención a los métodos de seguridad que se utilicen para evitar el fraude por robo o extravío del reloj.

Pero la incógnita planea sobre todos ellos: ¿son realmente necesarios?, ¿qué problema solucionan?, ¿a qué viene a sustituir? No existe una razón clara de por qué tener un reloj inteligente va a mejorar nuestras vidas.

Su utilidad dependerá en buena manera de cada persona, pero no hay duda de que las marcas están apostando por posicionar estos dispositivos no solo como un gadget tecnológico, sino también como un complemento de moda o un símbolo de estatus. Muchos expertos dudan que los smartwatches lleguen a convencer a los usuarios de forma masiva como ha ocurrido con los móviles. Sin embargo, no es necesario un éxito tan amplio.

Bastaría con que uno de cada diez usuarios de móvil encontrase útil combinarlo con un reloj conectado para crear un mercado realmente atractivo. A pesar del potencial, el mayor enemigo son sus limitaciones. La autonomía de la batería es bastante escasa, apenas uno o dos días de vida lejos de un enchufe, lo que obliga a crear un nuevo y fastidioso hábito: cargar a diario el reloj.

Su dependencia del móvil, especialmente para cualquier tipo de comunicación, también debe ser tenida en cuenta, e incluso su exclusividad respecto al sistema operativo utilizado (Android o Apple).

Claro que ya empiezan a aparecer los primeros relojes inteligentes que incluyen la función de móvil integrando su propia tarjeta SIM, un camino bastante interesante.

Resulta arriesgado predecir cuál será el camino donde tendrán más éxito los relojes inteligentes, pero es casi seguro que han llegado para quedarse. Se trata de un gadget que combina personalidad y funcionalidad casi como ningún otro y que, teniendo en cuenta su vida útil, no parece que tengan un precio especialmente elevado, comparados con los analógicos de similares materiales.