De las nubes bajó orquesta de música de viento a Palacio de Bellas Artes

En Santa María Tlahuitoltepec, población perteneciente a la Región Mixe de Oaxaca, la Tierra se junta con las nubes. Su gente tiene a la música como emblema y herencia cultural, y una escuela...

En Santa María Tlahuitoltepec, población perteneciente a la Región Mixe de Oaxaca, la Tierra se junta con las nubes. Su gente tiene a la música como emblema y herencia cultural, y una escuela bastante respetable, el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam), que esta tarde celebró sus 40 años.

La banda de música de viento, integrada por niños, niñas y adolescentes de ambos sexos, arribó con su natural emoción y curiosidad infantil al Palacio de Bellas Artes, sin que por ello su profesionalismo y acendrada vena artística se viera opacada. Por solistas tuvieron al tenor Fernando de la Mora, al pianista Héctor Infanzón y a la cantante Susana Harp.

También, a los flautistas Horacio Franco y Concepción Hernández y, de esa forma, el conjunto de instrumentistas y los solistas dieron forma y vida al concierto “Sones de tierra y nube”, que durante más de hora y media mantuvo complacida al aforo de la Sala Principal del palacio, ocupada básicamente por la enorme comunidad oaxaqueña de esta ciudad.

Los chicos de la banda se vistieron de blanco y las chicas con el vestido tradicional de su comunidad, Tlahuitoltepec, donde la música da sentido a la vida cotidiana, porque cada casa es un salón de clases y las calles una sala de conciertos. Ahí, la música de banda de viento se escucha a todas horas del día, todos los días del año, todos los años.

En sus inicios el Cecam solamente era para los mixes del lugar, pero pronto comenzó a recibir a niños y jóvenes provenientes de 60 comunidades indígenas de Oaxaca y de otras entidades del país. A la fecha, 35 generaciones de músicos han egresado del Cecam, y su orquesta, la que hoy tocó, ha elevado su arte en varias ciudades de Estados Unidos.

Si los oaxaqueños dejaran de tocar, dejarían de ser, dejarían de vivir. Ellos son, por su propia naturaleza, talentosos y desenvueltos, respetuosos y leales. Saben gozar y sufrir. “No creas que porque canto tengo el corazón alegre; también de dolor se canta cuando llorar no se puede”, dicen.

El concierto, que contó con el apoyo de la Asociación Cultural Xquenda, propició que el público se regodeara con sones, boleros, polcas, danzones, un vals y chilenas, géneros que dieron muestra de la esencia musical de Oaxaca. La dirección musical fue compartida por los profesores Silvestre Vásquez y Leovigildo Martínez, así como el director invitado César Delgado.

Cabe señalar que desde su creación en 1977, el Cecam ha ofrecido educación musical y formal en la comunidad mixe. Ha sido un centro importante para la formación de niños y jóvenes como instrumentistas, compositores y directores. Además de su tarea educativa, cuenta con una Banda Filarmónica para promover la cultura musical de las etnias de Oaxaca.

Y más que eso, promueve y difunde dentro y fuera del país la diversidad cultural de México, por lo que la música que interpreta es parte de su identidad, así como el uso del vestuario tradicional de Tlahuitoltepec. En su repertorio están las obras de autores como Macedonio Alcalá, Alvaro Carrillo, José López Alavés, Dámaso Pérez Prado y Máximo Solís.

Horacio Franco ofreció una integración de la flauta barroca con la banda y fue interesante ver como Héctor Infanzón improvisó dentro de una armonía, con una amalgama entre el piano y la banda, mientras que Fernando de la Mora cantó “El andariego”; Harp se adueñó del escenario para interpretar “La llorona”, en idiomas español y zapoteco.

El programa “Sones de tierra y nube” se presentó en el Palacio de Bellas Artes en 2004, pero ahora se trató de la gran fiesta por los 40 años del Cecam. Se ha repetido porque es evidente que se gesta una gran hermandad entre todos los participantes en el concierto, y nace algo bonito entre el público y los artistas, porque ahí, todos son oaxaqueños de corazón.