Artistas de la calle ambientan con sus notas el Centro de Puebla

Caminar por las calles del Centro Histórico de Puebla permite agudizar nuestros cinco sentidos. El tacto con la compañía de los amigos, la vista con sus coloridos paisajes, el olfato con sus aromas a...

Caminar por las calles del Centro Histórico de Puebla permite agudizar nuestros cinco sentidos. El tacto con la compañía de los amigos, la vista con sus coloridos paisajes, el olfato con sus aromas a churros y café, el gusto con su inigualable gastronomía y el oído con sus cotidianos ruidos.

Oficinistas, comerciantes, conductores, ambulantes, barrenderos y muchos más elementos mantienen vivo el Centro Histórico de Puebla, donde la actividad no cesa hasta que los locales y comercios se cierran por la noche.

Uno de esos tantos elementos que forman parte de la actividad del primer cuadro de la ciudad, son los artistas callejeros, pintores, retratistas, acróbatas, estatuas vivientes, músicos y cantantes, entre otros.

André González y Misael David Ramírez Pérez, de 20 y 22 años de edad respectivamente, son músicos que los poblanos ya conocen desde hace poco más de año y medio, cuando ambos decidieron llevar su talento a las calles de la ciudad e interpretar melodías con sus violonchelos.

“Todos los artistas que estamos en la calle tenemos talento, solo que nos hace falta explotarlo. Nosotros, por ejemplo, venimos a la calle a tocar, pero no es para toda la vida, es para ganar un dinero extra y continuar nuestros estudios profesionales”, dijo André González, en entrevista con Notimex.

Ambos jóvenes actualmente cursan el propedéutico para la licenciatura en Música. Hace más de cuatro años se iniciaron en este mundo, cuando se conocieron en la Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca Juvenil, de la que actualmente forman parte.

“Esto (tocar en la calle) es un extra. También nos dedicamos a tocar en eventos como amenizar una comida, tocar en una misa, en un canta-bar; de hecho, la gente que nos llega a escuchar en la calle nos contrata para sus eventos. Al mes tenemos cuatro contrataciones por promedio”, relataron.

André y Misael están en el Centro Histórico dos días a la semana, y se encuentran sobre la calle 5 de Mayo y la avenida Reforma, en el Zócalo y en la explanada del Templo de Santo Domingo o en el Pasaje John Lennon de la Facultad de Psicología de la BUAP.

Misael David refirió que al principio le daba nervios llegar a la calle y tocar, tenía miedo que la gente les fuera a rechazar, pero con el paso del tiempo fue ganando experiencia y seguridad, lo que se reforzaba con los aplausos de la gente y sus comentarios positivos.

“El primer día que decidimos tocar en la calle solo estuvimos media hora; porque teníamos muchos nervios y no estábamos muy seguros, entonces solo conseguimos 30 pesos y ya estábamos muy emocionados por eso", expuso.

Agregó que "ahora nos quedamos cerca de 90 minutos y nos llevamos 200 pesos”, mencionó tras referir que su repertorio para la calle se conforma principalmente de éxitos de The Beatles y Colplay".

“Al principio a mi mamá no le gustaba la idea que tocara en la calle, como que pensaba que me estaba rebajando, pero le expliqué que esto no era por dinero sino por experiencias y para quitarnos el miedo de enfrentarnos a diferentes público. Ahora ella se siente orgullosa cuando ve que la gente nos aplaude”, dijo.

Ambos jóvenes se visualizan tocando en una orquesta de manera profesional, viajar y tocar sus chelos en otras orquestas de otros países.

Metros adelante nos encontramos a Mario Romero, un hombre de 40 años de edad, dedicándose a la música desde hace 27 años, y desde hace 15 cantando en la calle acompañado de su guitarra en el Pasaje del Ayuntamiento.

“Todo empezó como un juego, nunca lo vi como una fuente de trabajo. Yo siempre he sido músico y a eso me dedicaba pero debido a una lesión que me provocaron me vi en la necesidad de cantar en la calle ya como fuente de ingreso”, relató sentado en una vieja silla que le sirve de apoyo.

La gente ya lo conoce, toca y canta todos los días por las tardes, pero sábado y domingo inicia desde las 9:00 horas para poderse retirar al mediodía. Dice que prefiere así hacerlo porque los domingos son muchos artistas callejeros y entre todos se hacen competencia.

Por su tono de voz e interpretación ya lo conoce mucha gente, incluso el gobernador José Antonio Gali Fayad, quien en más de una ocasión se ha detenido para cantar con él. Así lo demostró con una foto que compartió con Notimex.

Su repertorio se compone de rock en inglés, trova, balada rítmica y son cubano, el cual programa de acuerdo al día de la semana o dependiendo del ánimo de los transeúntes.

Se visualiza seguir tocando en la calle, le gustaría establecerse en algún canta-bar u otro establecimiento de manera formal, pero reconoce que la paga es baja, pues hay sitios donde los dueños le ofrecen 70 pesos por cantar una hora, mientras que él puede obtener más estando en la calle.

Los artistas callejeros, los jóvenes chelistas y el guitarrista, coinciden que el único problema al que se enfrentan es que la mayoría de las veces personal del Ayuntamiento les piden que se retiren por considerarlos como vendedores ambulantes. Confiesan que nunca el personal nunca les han pedido una cuota o algo por el estilo.

En tema de inseguridad, Mario Romero comentó que en una ocasión, por un descuido intentaron robarle su guitarra y en otra un joven le quiso quitar la bolsa donde la gente le pone las monedas.

También coinciden en que algunas veces, por más entusiasmados que estén, durante la temporada de lluvias o frío les afecta estar a la intemperie y ya no pueden tocar.

Si se resguardan en algún lugar techado, como el Pasaje del Ayuntamiento, tampoco pueden tocar porque hay algunos que no respetan a sus compañeros y aturden a los paseantes porque por un lado está el que toca chelo, pasos más adelante el que canta ópera, metros más adelante, el que toca la guitarra, y en lugar de escucharse con armonía se oyen sonidos que solo molestan a la gente.

Una coincidencia más es que los artistas callejeros consideran que llevar su talento a la calles es una oportunidad de acercar la cultura o este tipo de música de cuerdas a la gente que no puede pagar la entrada a un recital.