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Xavier Velasco vuelve a la carga. Y esta vez con un texto autobiográfico al 100% en el que 

¿Por qué escribir una novela centrada en la adolescencia?
Mucha gente prefiere olvidar esta etapa pero yo creo que hacer eso es una gran pérdida. Es una etapa muy rica, de gran intensidad… una auténtica mina… aunque llena de vergüenzas. Me había prometido contar esa etapa. Llevaba mucho tiempo esperando para escribirla y al final me atreví. Y eso que no fue fácil porque lo que he hecho ha sido contar las cosas tal cual, sin maquillarlas ni disfrazarlas.

¿Ha aprendido algo después de revisar aquellos años?
He recordado que uno trata de sumarse a la normalidad desde niño… Trata y consigue a la vez lo que puede para que le inviten a las fiestas, a los cumpleaños… pero al final esa estrategia es una estrategia conservadora. Y yo, cada vez que trato de seguir la estrategia conservadora y sigo el “librito” me sale mal. Tengo que seguir mi propio camino porque… si no, me estrello.

Además de eso, me ha permitido ahorrar mucho dinero en psicoterapias (risas).

¿Qué tiene  la adolescencia que no tiene la infancia?
La infancia es más literaria, cuando se narra hay mucha invención, mucha deformación… y se escribe un poco a ciegas. Eso no pasa con la adolescencia, que suele estar muy fresca.

Yo ya escribí una novela sobre la infancia El adolescente tiene mucha más libertad, tiene más margen de maniobra… es virtualmente un adulto, que empieza a encontrar una manera de abrazar la vida.

¿Ha sido difícil volver a meterse en la piel de un chaval de 14 años? ¿Cómo fue el proceso de escritura?
No. En realidad, tenía la novela escrita en la cabeza. Cuando me dispuse a escribirla, empecé a escuchar la música de entonces a volver a imaginarme para encontrar la rabia de aquellos días… pero a los dos meses de empezar a escribirla ocurrió un incidente, perdí a mi mamá, así que la detuve. Finalmente, volví a recobrarla a los meses y surgió una novela que me ayudó a sobrevivir.

Dicen que los negros escribían blues no porque quisieran divertirse sino porque eran esclavos y tenían que sobrevivir…. Algo así me pasó a mí. Y creo que fue un momento muy luminoso porque lo que escribes para sobrevivir al final cobra una fuerza especial.

El protagonista siente mucha insatisfacción y una necesidad constante de que los demás lo acepten... hay muchos momentos de infelicidad. ¿La felicidad no inspira?
Realmente no creo que fuera una época tan mala. Es cierto que hay muchos claroscuros… pero también en esa época, el ánimo de vivir es inigualable y uno tiene una gran capacidad para dejar atrás lo que es malo y volver a reírse diez minutos después. Yo era muy infeliz en la Secundaria pero me reía muchísimo.

Además, hay otras cosas que son irrepetibles… El amor, por ejemplo, era mucho más interesante que todo lo malo que pudiera pasar. Superabas cualquier sinsabor porque en ese momento uno está completamente seguro de que lo que vendrá después será mejor.

¿No le ha preocupado desnudarse ni lo que piensen de usted?
Lo que imaginen de mí no me preocupa, me preocupa solo la novela. Tampoco me tengo por un hombre probo, que no cometió malandrajes… Si quieren jugar con mi persona, denostarla… con gusto. Yo soy un novelista no un autopromotor.

¿Tuvo esta novela un efecto catártico?
Mucho. Muy fuerte. Pasé unos meses casi épicos…. Muy duros. Pero dieron paso a una experiencia enormemente gratificante. Podría decir que con la muerte de mi madre, perdí mi lugar en el mundo y este libro me lo regresó.

En su novela el Diablo Guardián (Premio Alfaguara Novela 2003) ya contaba la historia de alguien que no se adapta al sistema. Parece que le interesan los personajes díscolos, que burlan la ley y nadan a contracorriente ¿Por qué?
Fatalmente, sí. Siento debilidad por los pícaros, quizá por afinidad. Me divierten, no lo puedo evitar. Desde el Lazarillo hasta aquí… formo parte de ella. Me encantan los personajes que imponen sus propias leyes y desafían “el librito”.

¿Es más fácil escribir sobre ellos que hacer literatura de las vidas ordinarias?
Lo que importa es tanto que el personaje es ordinario o extraordinario sino que el punto de vista no sea ordinario. Si tengo como personaje a una persona normal, necesito que el narrador sea un perturbado.

¿Y cree que en la actualidad hay plumas extraordinarias? ¿Qué opina del panorama literario actual?
Me gusta mucho lo que está pasando en México en este momento. Lo que hacen Enrique Serna o Élmer Mendoza, por ejemplo. No me pierdo un libro de Javier Marías, Javier Cercas, Rosa Montero, ni de Arturo Pérez-Reverte.

Y sin embargo, dice que no se siente próximo a ninguna corriente literaria. ¿Por qué?
No me quiero sentir próximo a una corriente literaria ni generar expectativas que luego no pueda cumplir. Me gustaría tener un grupo de amigos que escribiera pero no es así… y no pasa nada. Me molesta la idea de encasillarme. Quiero tener la libertad de contradecirme y de ser mañana aquello que dije que nunca iba a ser.

Jorge Edwards decía…
Yo me pregunto si no tendrá que ver con el estatus de estatua de algunos escritores. A mí me importa un pepino lo que pueda pensar el ámbito literario. No participo. Soy un tipo que escribe literatura y no creo que deba dar una imagen concreta de mí.

Hay un gran conservadurismo en esas actitudes. Un miedo a abrirse y a mostrar los sentimientos... Esas personas son intelectuales orgánicos que no viven de los lectores sino del Estado y que son un poco políticos en el fondo.

¿Cree que el artista debe estar necesariamente comprometido? ¿Qué opinión le merece la política?
Hay entramos en un territorio lleno de porquería. Si tuviera que definirme diría que soy un anticomunista de izquierdas, lo cual creo que no me acerca a mucha gente (risas). Pero la verdad es que no me preocupa. Veo con mucho desdén la política. Desde muy pronto aprendí a taparme la nariz con este tema. Despierta muchos sentimientos y no necesariamente los mejores y nunca nos vamos a quedar satisfechos con ella. La política es un territorio repleto de serviles y mentirosos… un seco pestilente en el que el final feliz no existe.

¿También en México? ¿Cree que la democracia está más dañada en México que en otros países?
No. En México tratamos de perfeccionar una democracia con muchos problemas. Hay gente que creció en la dictadura y que aprendió a pensar así y que aún hoy tiene nostalgia de aquello… Pero estamos mejor que hace 10 años, y hace 10 mejor que hace 20. Yo no siento que se haya producido una restauración arbitraria

Está ya inmerso en su próxima novela, ¿puede adelantarnos algo?
Tenía la idead de escribir una novela sobre el tenis, centrada en el enfrentamiento Nadal-Federer cuando… de repente apareció Djokovic… (risas), así que mandé al diablo el libro y me puse a escribir esta novela que tiene  que ver con las apuestas y de nuevo con personajes que infringen la ley…

¿Sabe algo de la telenovela de Diablo Guardián?
No quiero andar metiéndome. El paso de una serie a una novela es un cambio muy radical y tengo confianza en que lo hará bien. Cuando esté lista, podré opinar. No espero que sea muy fiel, en el fondo tengo la ilusión de que se aparte de la novela para que quien no la haya leído pueda hacerlo y al revés, para que quien sí lo haya hecho pueda acercarse a la serie.