Beatriz Espejo descubrió muy temprano su vocación literaria

Desde muy joven, Beatriz Espejo (Veracruz, 1939) supo que lo de ella eran las letras. “De niña leía cuentos de hadas en los que las figuras femeninas eran, para mí, grandes heroínas”, recordó hoy al...

Desde muy joven, Beatriz Espejo (Veracruz, 1939) supo que lo de ella eran las letras. “De niña leía cuentos de hadas en los que las figuras femeninas eran, para mí, grandes heroínas”, recordó hoy al participar en el ciclo “Mujeres de letras” que organiza el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Durante la conversación que sostuvo con el periodista cultural Huemanzin Rodríguez en el Palacio de Bellas Artes, la autora comentó para el público que asistió a la Sala Manuel M. Ponce del recinto que disfrutaba de la sobremesa, las conversaciones y el jolgorio de las reuniones familiares encabezadas por su padre, pero subrayó “la felicidad es pasajera”.

Eso, porque tras la muerte de su papá, la nostalgia se convirtió en tema recurrente en sus lecturas y en sus relatos, y desde entonces, ha explorado la otredad y la cotidianidad para crear un universo literario compuesto por cuentos y novelas donde aborda la angustia del tiempo y la nostalgia de la vida, de acuerdo con lo señalado hoy en “Mujeres de letras”.

Hoy, la búsqueda constante de la perfección literaria de Beatriz Espejo la ha llevado a ser una de las narradoras más ilustres de México. Antes, en su natal Veracruz comenzó con su formación académica en escuelas religiosas francesas y más tarde viajó a la Ciudad de México para cursar la carrera de Letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

De acuerdo con la conversación, que fue seguida con interés por el público, allí conoció a Julio Torri y a Juan José Arreola, quienes influyeron en su estilo narrativo con el que ha creado ambientes íntimos de la naturaleza femenina.

En ese sentido, el cuentista Agustín Monsreal ha dejado ver su admiración por la forma como Espejo maneja el lenguaje:

“Es quizá de las escritoras más exactas en el manejo del vocabulario. Es una creadora de historias y, sobre todo, de personajes memorables, que a veces sí se perciben desde los propios títulos, como los cuentos ‘La modelo’ y ‘La dulce’; su amplia obra narrativa está compuesta por historias inspiradas en sus propias experiencias de júbilo y de quebranto”.

En su mayoría, sus protagonistas son mujeres que viven la angustia de la vida con pasión. De eso son ejemplo sus libros de cuentos “Muros de azogue (1979), “La hechicera” (1995), “Alta costura” (1997), “Marilyn en la cama y otros cuentos” (2004) y “Si muero lejos de ti” (2011), y las novelas “Todo lo hacemos en familia” (2001) y “¿Dónde estás, corazón?” (2014).

En sus relatos no teme acercarse a lo más profundo de la condición femenina. Sin estar prejuiciada recurre a la crueldad y el cinismo. “En el género cuentístico se necesita una mayor precisión en la construcción de los personajes y Beatriz Espejo lo logra muy bien, porque describe cómo ven los ojos y qué quieren decir, así va conformando las historias”.

Ella ha sido reconocida con el Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para Obra Publicada 1993 por “El cantar del pecador”, y el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 1996 por “Alta costura”. En 2009 recibió la Medalla Bellas Artes y en su honor cada año el gobierno de Yucatán entrega el Premio Nacional de Cuento “Beatriz Espejo”.