Niños tabasqueños logran reconocimientos por sus proyectos científicos

A su corta edad, los hermanos Genoveva y José Antonio Ramos Pérez, de 12 y 10 años, respectivamente, han vivido experiencias de triunfo en el área de las ciencias y van por más logros, tanto en...

A su corta edad, los hermanos Genoveva y José Antonio Ramos Pérez, de 12 y 10 años, respectivamente, han vivido experiencias de triunfo en el área de las ciencias y van por más logros, tanto en pareja como en lo individual.

Alumnos en la escuela primaria “Fausto Méndez Jiménez” en esta ciudad, con el proyecto de elaboración de un pegamento ecológico a base de yuca, un tubérculo de uso frecuente en la gastronomía tabasqueña.

Tras lograr la acreditación directa desde la ExpoCiencias Tabasco 2014 para la ExpoCiencias Internacional en Bruselas, Bélgica, ganaron con ese proyecto el campeonato en la rama ecológica en el evento europeo.

De acuerdo a Genoveva, en la escuela le encargaron a su hermano elaborar una piñata y al no contar con pegamento, a sugerencia de sus padres les gustó la idea del pegamento natural.

El padre de los niños, Basilio Ramos Calcáneo, profesor en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), señaló que no fue una invención sino el rescate de un producto que hace muchos años se usaba en las comunidades.

“No había para otros pegamentos; fuimos por el molino, les enseñamos a pelar la yuca, a elaborar la harina y pasarla por el tamiz hasta lograr la fineza requerida. Con eso fuimos a Bélgica y se ganó”, expuso.

De acuerdo a Genoveva y José Antonio, la piñata cuyo papel fue pegado con el producto ecológico, fue la que más tardó en ser rota por los menores en su escuela.

Pero dos años antes, en 2013, con menor edad a la actual, se embarcaron en un proyecto de sensibilizar a las personas en su trato con un batracio: el sapo común.

Ese año presentaron en la ExpoCiencias Tabasco el proyecto Salvemos al Sapo Común, con el cual lograron su pase al nacional en Mazatlán, Sinaloa y por el cual en 2014 recibieron el Premio Estatal de Ecología.

“Es para hacer conciencia que los sapos no son malos para el hombre y sí son necesarios para la humanidad, porque se comen las plagas de los cañales o cafetales, así como mosquitos que son portadores de dengue y chikingunya”, comentó Genoveva.

Incluso, apuntó que pueden usarse para detectar si un cuerpo de agua está contaminado, pues evitan ingresar al agua.

La inquietud por generar conciencia, refirió José Antonio, surgió en su escuela, pues al remover unas piedras, varios niños encontraron un ejemplar y lo mataron.

“Y nos dolió. Le dije a mi papá en la casa y me contestó que lo mataron por ignorancia”, comentó a Notimex, con motivo del Día del Niño.

En el patio de su vivienda, agregó, tienen siete ejemplares desarrollados, a los cuales alimentan con una especie de moscón rico en proteínas e incluso con croquetas para perros.

Después de investigar todo sobre la especie, que de acuerdo al padre de los niños y veterinario de profesión no es venenoso -“esos están desde Costa Rica hacia abajo del continente”- decidieron elaborar el proyecto y sin temor alguno manipular a los anfibios.

“Le decimos a la gente la importancia que tienen y que no es cierto que lanzan leche o pipí para dejarnos ciegos. Es un mecanismo de defensa”, expresó José Antonio.

En realidad, abundó, lo que expiran por su cuerpo es una bufotoxina que sí es dañina en perros y gatos si los ingieren, pero que a los humanos no les causa afectaciones a menos que se lleven los dedos a los ojos y les genere conjuntivitis de corta duración.

En este esfuerzo también ha participado la madre de los menores, María Cristina Pérez Torres, quien los ayudó a recabar la información y diseñar las presentaciones en las exposiciones.

Incluso, han recibido invitaciones en universidades, preparatorias y en escuelas de nivel básico para llevar esta conciencia de conservación, que también presentarán la tarde del 1 de mayo próximo dentro de la Feria Tabasco 2017 con todo y los ejemplares.

Para la ExpoCiencia estatal de junio próximo, Genoveva y José Antonio ya cuentan con otro proyecto en marcha, cuyo contenido prefirieron reservarse, así como otro que estará a cargo de su hermana menor, Atala Marina, de seis años, sobre huertos en las azoteas.

Por otra parte, y en lo individual, el niño José Antonio Ramos está a un paso de conseguir uno de los tres boletos para la Olimpiada Nacional de Matemáticas que se efectuará en junio próximo en el estado de Morelos.

El menor es uno de los siete finalistas en nivel de quinto grado de primaria en Tabasco, de 157 menores que participaron en la Olimpiada Estatal en febrero pasado.

“Me gustó desde chiquito las matemáticas y me enseñó mi mamá; me puse a estudiar un montón y participé y quedé entre los mejores; luego nos pusieron uno más (examen de eliminación) y quedamos trece y de ahí otra más y quedamos siete”, expresó.

En dos semanas más, a mediados de mayo, se realizará el último filtro para elegir a tres niños del nivel de quinto grado de primaria.

Tanto Genoveva como José Antonio señalaron que les gustaría ser científicos de profesión, pero que aún les falta mucho camino por conocer y podrían hallar otra cosa que les atraiga.