Abby, una niña con aptitudes sobresalientes cuya pasión es aprender y soñar

“¿Soy una niña? Te anhelo con locura y pasión. Si no fuera por ti, ¿por quién sería?”. Así inicia el poema que escribió Abby, una niña de 11 años con aptitudes sobresalientes, para quien el amor por...

“¿Soy una niña? Te anhelo con locura y pasión. Si no fuera por ti, ¿por quién sería?”. Así inicia el poema que escribió Abby, una niña de 11 años con aptitudes sobresalientes, para quien el amor por aprender, crear y soñar, es una virtud que se cultiva todos los días.

“Esas ilusiones que nunca se van que se sienten sin cesar. Pues no solamente por querer estar contigo, sino por siempre desear.....que nunca te vayas...déjame amarte...”, continúa recitando Abby ante un público sorprendido por las cautivantes palabras que son fruto de la maravillosa mente de esta niña.

Calificada a los cinco años de edad como una alumna con aptitudes sobresalientes, Abby mostró destacar en su entorno escolar y social, según información de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en alguno o en varios de las siguientes campos de actividades: intelectual, artístico, psicomotriz, socioafectivo y creativo.

Con sus hermosos ojos negros y una sonrisa que hace resaltar el coqueto hoyuelo de su mejilla izquierda, rasgo que más le gusta de si misma y que heredó de su abuelo materno, Abby posee cualidades del grupo intelectual.

Virtudes que la llevan en el campo intelectual, a poseer una alta eficiencia en la retención y recuperación de aprendizajes.

Ante un público expectante, Abby Naerubi Espitia Sotelo continúa su poema, “porque de verdad, desde ese instante en que te vi, surgieron sentimientos infinitos, solo quiero estar contigo…”.

Desde muy pequeña Abby, al igual que su hermana Libni, de 13 años, comenzó a dar muestras de sus sorprendentes habilidades, al aprender a leer y escribir antes de entrar al kínder.

En entrevista con Notimex, la pequeña recordó que fue hasta tercero de primaria cuando su mamá le contó que ella gozaba de una condición intelectual diferente a la de sus compañeros, situación que por sí misma, ya comenzaba a notar.

“Cuando me enteré me emocioné, me gustó mucho y algunos amigos me preguntaban que por qué salía y le decía que me ponían a hacer actividades para tener más conocimiento, pero nunca les dije, porque yo sé más que tú”, señaló.

Para muchas personas, el estereotipo de un “niño genio” como erróneamente se les señala a estos infantes, es la imagen de un adulto en “chiquito” o la representación de un Einstein con mil fórmulas matemáticas en el pizarrón. Nada más equivocado que eso.

Al observar a Abby interactuar con sus compañeros del Centro de Educación Integral para Altas Capacidades (CEIPAC) localizado en Aguascalientes, es notorio que la pequeña es como cualquier otra niña de su edad.

Disfruta reír de los chistes que comentan sus amigos a la hora del descanso, de correr, de jugar futbol y de comer “chascas”, esquites. Odia el jitomate y los nopales y cuando le preguntan qué quiere ser de grande responde:

“Aún no me decido pero me gustaría ser abogada, científica, estudiar robótica, doctora, dentista y pediatra. Quiero ser todo, menos vagabunda”, menciona mientras todos a su alrededor sueltan una gran carcajada.

A Abby al igual que a los otros 59 alumnos del CEIPAC, lo único que los distingue de los demás niños que no poseen aptitudes sobresalientes, es su capacidad para aprender rápido, su pasión por querer saber siempre más y su dominio de una gran variedad de temas y disciplinas.

“Me gusta leer cosas interesantes hay unos libritos que se llaman lo sabía y pues tengo varios son chiquitos y están muy padres son datos al azar de varias cosas. Es importante saber estás cosas por si una vez me preguntan de algo diga a pues yo lo investigué en tal lugar y pues ya se un poco de ese tema.

“Me gusta tocar el chelo, la guitarra y el piano me enseñe yo solita. Desde el kínder me gusta jugar futbol, además me emociona la tecnología nueva, es fascinante ver cómo funciona”, expresó.

Para la firmeza y confianza de las opiniones de Abby, no hay tema que no escape de alguna de ellas. ¿Cuál es su opinión sobre la llegada de Donald Trump a la presidencia?

“Ponte en los zapatos de Estados Unidos a ti te encantaría que hubiera un presidente como Trump porque va a mantener tu país más seguro porque se van a ir todos los delincuentes, los que pueden provocar algún daño a tu país y hay que verlo de ese lado”, menciona.

¿Sobre los retos que enfrentan actualmente las mujeres? Su opinión es concisa “ahorita está la violencia hacía la mujer y la discriminación porque muchas veces nos tachan de que no podemos hacer las cosas pero yo no entiendo por qué, se supone que hay equidad de género y nosotras podemos hacer y ser lo que queramos.

“A mí me decían que por ser mujer no podía jugar futbol y después les gustó como jugaba y ya lo tomaron de una manera diferente y es un ejemplo que me pasó a mi como mujer, pero yo pienso que debe de haber equidad de género y que cualquiera puede hacer lo que quiera”, enfatizó la pequeña.

Después de un suspiro, el encantador poema sigue su andar de versos “sólo quiero que sepas que te extraño cada vez que nos separamos, desearía que la vida fuera infinita para estar por siempre contigo y platicar por horas para solo terminar diciendo esa mágica palabra…”, esboza Abby.

Para esta niña que admite tener siempre la disyuntiva de que libro leer primero, el CEIPAC se ha convertido en su segundo hogar ya que aquí convive con niños que al igual que ella, poseen aptitudes sobresalientes y que disfrutan de la enseñanza sin miedo a ser ellos mismos o a sufrir discriminación.

“Es una experiencia muy padre, es como una necesidad de esta escuela, porque en mi anterior escuela había una maestra para atendernos a nosotros pero muy por encima y no era lo que nosotros necesitábamos y en esta escuela nos dan la oportunidad de opinar, de investigar”, describe Abby.

Al respecto, José Ángel Moyano, director del CEIPAC y el hombre capaz de generar extraordinarios planes de trabajo en tan solo unos minutos para “sus niños” como les nombra cariñosamente a los alumnos del Centro, Abby es un ejemplo del equilibrio emocional del que deberían de gozar estos niños.

“Es una niña que tiene mucho equilibrio algo atípico en su edad, que aporta cosas buenas a su grupo porque siempre busca que ellos sumen; tiene la capacidad de comunicar y resaltar los aspectos que encuentra en cada uno de ellos y eso hace que se genere una intención de colaboración fundamental para la familia de CEIPAC”, dijo.

Sin embargo, aunque Abby hoy luce feliz y acoplada perfectamente con sus demás compañeros, durante muchos años sufrió la discriminación por parte de sus “amigos” y de los maestros de la escuela primaria tradicional a la que acudía, situación que atraviesan la gran mayoría de estos niños.

Eloy la simpática y orgullosa mamá de Abby que al conocerla es notorio de donde heredó la pequeña su fortaleza y alegría, describe esta situación “Abby era de estar todo el día levantando la mano y nunca le hacían caso, entonces le decía vamos a jugar a que ya no levantas tu manita para que la maestra te pregunte y le vas a contestar bien.

“Empieza uno a hacer ciertas cuestiones en casa para que ya no salgan mal en la escuela, porque por ejemplo mis hijas son muy perfeccionistas y extremadamente sensibles, siempre quieren hacer las cosas tan perfectas que yo al revés de los papás les tengo que suplicar que ya dejen las cosas como están”, señaló.

Ante esto Abby mandó un mensaje a niños y adultos sobre cómo deben tratar a sus similares “nosotros nos tomamos las cosas muy enserio somos muy humildes, perfeccionistas, por eso tienen que tener tacto cuando nos digan algo para que no lo sintamos tan fuerte”.

Ansiosos por saber el desenlace, el público que yace ante Abby, toma el último aliento, mientras ella con el orgullo reflejado en cada movimiento de su cuerpo y con la seguridad en su tono de voz, exclama “y cuando cierro mis ojos de noche al sentir y pensar, me pregunto ¿acaso soy una niña?”.