“Fusterlandia”, otra cara de Cuba

Lejos de los viejos edificios que caracterizan el paisaje habitual de La Habana, grandes, coloridos mosaicos y caprichosas esculturas cubren casas y jardines, y han transformado este barrio humilde...

Lejos de los viejos edificios que caracterizan el paisaje habitual de La Habana, grandes, coloridos mosaicos y caprichosas esculturas cubren casas y jardines, y han transformado este barrio humilde en una explosión de arte y creatividad.

“Fusterlandia”, como le llaman los cubanos a esta zona de Jaimanitas, en el extremo occidental de la capital cubana, es un proyecto colectivo encabezado por el artista cubano José Antonio Rodríguez Fuster, quien empezó hace 25 años, con inspiración e influencia de la obra del artista rumano Constantin Brancusi y los españoles Pablo Picasso y Antonio Gaudí.

De acuerdo a Guillermo “Willy” López, asistente personal del artista cubano José Fuster, el proyecto se inició en 1992, cuando Cuba estaba bajo lo que se llamó el Periodo Especial; había caído el muro de Berlín y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas se había desintegrado un año antes.

“Es decir, que había hambre en Cuba, y este pueblo en particular era un pueblo de pescadores con personas muy pobres, y cuando Fuster empezó la gente pensaba que Fuster estaba loco, la gente decía: bueno, solo tenemos hambre, queremos comprar, no tenemos dinero para comprar comida, y este hombre nos está poniendo la casa bonita; una cosa que no se entiende. Pero hoy mismo estas personas entienden, 25 años después, que Fuster lo que tenía era una visión de lo que iba a ser todo este pueblo”, comentó López.

Bajo el nombre de “La alegría de vivir”, el proyecto va más allá de la casa–taller del artista cubano, involucra a 51 inmuebles de los alrededores, dos paradas de autobus, la decoración del médico de la familia, el homenaje a Gaudí a Chavez, y pequeños espacios que ha sido decorados para el disfrute de los niños.

Durante una entrevista exclusiva que concedió a Notimex, el asistente personal de Fuster explicó que a mediados de los ochenta, el artista cubano tuvo la oportunidad de participar en un intercambio cultural con Rumania, en donde conoció la obra del famoso ceramista Constantin Brancusi .

En el mismo viaje visitó España, y conoció la obra de Picasso y Gaudí, quienes fueron su inspiración a finales de los años ochenta para hacer algo similar en Cuba.

En años posteriores trató de reunir los recursos para poder comenzar con su proyecto porque todo el mosaico es material importado, la gran mayoría; de México, Colombia, Venezuela, República Dominicana, porque en Cuba no se produce este material.

“Fusterlandia” es una iniciativa artística que también ha revitalizado la economía de esa comunidad en La Habana porque no sólo empieza a ser una de las atracciones turísticas con acceso gratuito en La Habana, sino que también permite a los dueños de las casas obtener ingresos adicionales.

Según López, cuando tienes la casa decorada por Fuster, puedes rentarla a otros artistas, a otras comunidades que vienen interesados en vender sus obras en Cuba, lo que les representa ingresos adicionales de entre 15 y 20 pesos convertidos o CUC diarios.

“Así que ha sido una manera de cambiarle la economía a un pueblo entero. Y aún así Fuster no está molesto sabiendo que estas personas, que él les ha decorado su casa, le rentan el portal de su casa a la competencia, por decirlo así, porque estos otros artistas vienen a vender sus obras aquí” enfatizó.

El artista cubano Fuster, cuyo abuelo catalán llego a Cuba en los años 40, cuenta con el apoyo de 15 trabajadores profesionales de la construcción, que son los que lo ayudan en el trabajo comunitario. El hace los diseños y los trabajadores los completan.