Anhelo llevó a invidente Carlos Rubén Cabrera a lograr su sueño: ser pianista

Esfuerzo, disciplina, tenacidad y anhelos llevaron a Carlos Rubén Cabrera, integrante de la compañía argentina Teatro Ciego, a cristalizar sus sueños en convertirse en un pianista, a pesar de ser...

Esfuerzo, disciplina, tenacidad y anhelos llevaron a Carlos Rubén Cabrera, integrante de la compañía argentina Teatro Ciego, a cristalizar sus sueños en convertirse en un pianista, a pesar de ser invidente, discapacidad que no le impidió también titularse en Derecho y, por supuesto, incursionar en el arte escénico.

En entrevista con Notimex, el artista argentino, quien en México participará en las obras "Un viaje a ciegas" y “Mi amiga la oscuridad” con la mencionada agrupación, destacó que su andar por la música no fue nada sencillo, porque provenía de una familia humilde, pero gracias al apoyo de su madre y de amigos logró conquistar lo que más anhelaba: ser pianista.

Detalló que estudió música desde los 14 años en una escuela especial para ciegos y tres años después empezó a interpretar el piano en la única Banda Sinfónica de Ciegos que hay en el mundo, que se encuentra en su país de nacimiento.

Con seguridad en sus palabras, al tiempo que sus manos tocaban el teclado de un piano, añadió que a los 18 años ya participaba en conciertos juveniles, pues tuvo la oportunidad de tener una profesora particular que pagó un señor que lo escuchó tocar, al mismo tiempo que hacia la especialización de concertista.

Por esos años, continuó, la pasión por la música fue lo que le llevó a aprender más, otras cosas, y así terminó la carrera de abogado. No obstante lo anterior, finalmente se quedó con la música porque fue lo que más le gustó.

“En lo que se refiere a las leyes, lo que más me llena es la docencia, por lo que terminé simplemente dando clases de Derecho, no ejerciendo esta profesión, porque me incliné más por la música”, precisó el destacado pianista argentino.

De sus logros dijo sentirse orgulloso, sin dejar de lado el gran apoyo que recibió de su familia, ya que hubo muchos sacrificios, “porque mi familia era muy humilde, tuvimos que trabajar todos para tener acceso al piano, para las clases y para mi carrera” de Derecho, además que debió trabajar también en una fábrica, a los 20 años, “donde era operario y de ahí me pagaba los estudios”.

Se remontó a la primera vez que escuchó a un pianista y dijo que fue muy anecdótico, “estaba en la escuela y había un muchacho más grande, que venía y tocaba las obras de Mozart y Chopin, pero este último era su compositor favorito”, ello le motivo a que “después me sentaba al piano, sin haber estudiado nunca, y de oído sacaba un pedacito”.

Entonces, ese joven le comentó: “¿por qué no vas a clases de piano, si tiene mucho oído? Fui a la clase de piano, empecé la carrera y me gustó, fue la pasión y lo que hoy es la pasión de toda mi vida”, señaló.

Refirió que cuando trabajaba en la fábrica se dañaba las manos, por lo que dejó la carrera de pianista clásico y de la empresa salió a los 32 años de edad. Fue así que volvió a la carrera musical, pero en su vertiente popular y para banda sinfónica, como parte de ella, no solista, dejó claro el maestro Cabrera.

Es así que gusta de tocar piezas populares, como boleros y tangos, y también incursionó en el arte escénico, acompañando a los artistas de la compañía de Teatro Ciego, para lo cual tuvo que hacer casting y se quedó con la plaza desde 2008.

“Fue muy curioso hicieron un casting de pianista, asistieron varios y la cantante le comentó que era muy formal”, expuso al mencionar que a la prueba acudió justo después “de un concierto con la sinfónica, de saco y corbata”, y fue lo que le impacto y, al mismo tiempo agradó. “Siempre procuro usar saco y corbata”.

La mujer, continuó con la anécdota, le dijo: “voy a cantar, ¿puede acompañarme?, y como tenía el oficio de haber trabajado en un lugar en que se tocaba música popular, la acompañé, cantó ella dos o tres piezas, le impresioné y me quedé, y eso tiene casi nueve años”.

Respecto a sus incursiones en la actuación, mencionó por último que fue un campo nuevo para él, pues no es actor de formación, pero debía interpretar a un organillero acompañado de una cajita que tiene en su interior a un pajarito que sale para sacar la cartita de la suerte.