Nueva profesión de mediador cultural se consolida en Italia

Con la llegada masiva de inmigrantes, una nueva profesión se ha consolidado en Italia: la del mediador cultural, que es el encargado de facilitar la inserción de los extranjeros en su nuevo contexto...

Con la llegada masiva de inmigrantes, una nueva profesión se ha consolidado en Italia: la del mediador cultural, que es el encargado de facilitar la inserción de los extranjeros en su nuevo contexto social.

Según una investigación del Centro de Información y Educación para el Desarrollo (CIES, por sus siglas en italiano), actualmente el uso de mediadores culturales en el país europeo se da en un gran número de servicios.

Ellos van desde consultorios médicos, hasta escuelas, hospitales, centros sociales, instituciones penitenciarias, comisarías de la policía, oficinas para extranjeros y, desde luego, centros de acogida para inmigrantes y refugiados.

Cursos y licenciaturas para mediadores culturales son ofrecidos por instituciones de educación superior y todos concuerdan en la necesidad de dotar a quienes se dedican a esa profesión de una formación general, sólida y amplia, en el campo de las ciencias humanas (sociología, psicología, pedagogía y antropología).

“La mediación cultural puede configurarse como una acción que tiende a estructurarse en defensa de los derechos del usuario, que sufre formas de racismo institucional y tiene dificultad para reconocer sus propias necesidades y hacerlas valer", consideró el investigador Francesco Susi.

Dijo que también apoya y ayuda a las personas a utilizar "lo mejor posible las informaciones o las estrategias más eficaces para resolver sus problemas”.

Para la administración de la central región del Lazio, un mediador cultural es normalmente un inmigrante o, de cualquier manera, una persona que ha vivido por periodos prolongados en el extranjero y conoce los códigos lingüisticos y culturales de las personas para las que trabaja.

Pese a la creciente necesidad de ese tipo de figuras, no existen datos sobre el número preciso de personas que se dedican a esa profesión, aunque algunas estimaciones hablan de unas 10 mil, distribuidas a lo largo de todo el territorio nacional y con una tendencia al aumento, a la par que crece año con año el número de inmigrantes.

En Italia, de acuerdo con datos del Ministerio del Interior, hay seis centros para solicitantes de asilo, 10 centros de permanencia temporal y 10 centros de identificación y expulsión de indocumentados.

En todos ellos, los mediadores desarrollan un trabajo imprescindible para hacer menos dura la dramática realidad de los solicitantes de asilo y de los ilegales llegados generalmente por la vía marítima.

Las fuerzas del orden suelen requerir frecuentemente la presencia de los mediadores tanto para los trámites básicos de identificación, como para los que tienen que ver con los permisos de residencia, reunión con familiares y asilo.

En todas esas situaciones contribuyen a hacer accesibles los diversos servicios ofrecidos por los centros, como asistencia médica, psicológica y legal, además de que enseñan nociones básicas del italiano, informan sobre las reglas de permanencia y respecto a los derechos de los inmigrantes.

Según el Ministerio del Trabajo, la profesionalidad de los mediadores en esos contextos tiene que ser de muy alto nivel y deben estar dotados de una gran capacidad de resistencia psico-física.

Para el profesor Michele Grisoni, el mediador cultural debe ser fuerte, explorador y paciente, además de contar con una experiencia de vida significativa en otro país, como haber nacido ahí o haberse casado con una persona originaria de esa nación.

“El mediador cultural es una profesión con futuro”, consideró Grisoni, quien desde la década de los años 80 ha formado a generaciones de personas dedicadas a ese oficio.