Barberías, el espacio íntimo del hombre

Una toalla caliente sobre el rostro para abrir el poro, es el inicio de una experiencia única que se vive dentro de una barbería, donde además de arreglos de barba y bigote, afeitados, y cortes de...

Una toalla caliente sobre el rostro para abrir el poro, es el inicio de una experiencia única que se vive dentro de una barbería, donde además de arreglos de barba y bigote, afeitados, y cortes de cabello, el varón contemporáneo se relaja, mientras el artista de la navaja pone en marcha las técnicas tradicionales de cuidado personal.

El aroma a bergamota y maderas de los tónicos que nutren el vello facial, son algunos de los olores que se perciben al entrar por las puertas de una barbería, mismas que durante algún tiempo fueron desplazadas por las estéticas en México.

En entrevista con Notimex, el socio fundador de Barbería Capital, Marco Antonio Saldaña Cámara, explicó que la idea de retomar estos lugares nació hace poco más de tres años, ante la necesidad de tener un espacio diseñado por hombres para hombres.

“Este es un espacio de relajación que puedes dedicarte a ti para ver cómo te ves. Puedes venir con tus amigos, es esa especie de club masculino que quisimos crear mi socio Alejandro Lepe Duran, y yo”, destacó.

Como todo buen trabajo, el arte de la navaja requiere de una serie de pasos, en este sentido, el jefe de Barberos, Alían Grimaldi Muñoz, dijo que para un arreglo de barba o afeitado, primero se debe de retirar todo el vello o polvo del rostro.

Después, con las manos limpias, el barbero coloca una capa de aceite sobre la piel del cliente para lubricarla, a fin de que el instrumento realice su función sin lastimarlo.

“A continuación aplicamos un poco de espuma caliente para que abra el poro y esta pueda entrar a recubrir el vello y que sea más fácil retirarlo. Luego ponemos una toalla caliente para que termine de dilatarse el poro”, comentó.

El también encargado de la capacitación de los barberos mencionó que tras retirar el paño caliente, recubren con otra capa de espuma, para iniciar al afeitado con navaja libre, el cual será con hojas desechables, ya que por higiene y reglas de salubridad no se pueden reutilizar.

Grimaldi Muñoz detalló que “el ritual del hombre” continúa con el suministro de una crema hecha a base de bergamota, que regenera las células que se retiran al afeitar, al tiempo que refresca la piel.

“Luego ponemos una toalla fría que cierra el poro después del afeitado, además ayuda a relajar los músculos del rostro”, explicó.

Mientras el cliente afloja la cara, el encargado del aseo personal le da un leve masaje con un instrumento especial en la cabeza, sienes, rostro, hombros, brazos y pecho, para hacer más placentera su estancia.

"En seguida aplicamos una crema para después de rasurar, que lo que hace es hidratar y cerrar el poro para que no entre ningún tipo de contaminante, luego ponemos un tónico o un bálsamo para barba. Si es afeitado ahí termina el proceso”, refirió.

Al final del tratamiento el cliente lucirá un vello hidratado, nutrido, con aroma, brillo y suavidad, que le ofrecieron unos minutos de relajación sobre una silla clásica de barbero, mientras degusta una cerveza, ginebra, whisky, café o agua.

Para Saldaña Cámara es importante preservar la tradición de las barberías que durante mucho tiempo estuvieron prácticamente en el olvido, por lo que además de realizar una selección rigurosa del personal, cuentan con ayudantes, que forman parte del semillero de futuros barberos.

“Se ponen a prueba las habilidades de los barberos y que encajen en el perfil que necesitamos en cuanto a habilidades y servicio al cliente. No tenemos estilistas, tenemos barberos. Ellos saben hacer todos los servicios”, comentó el también jefe Operativo de esta barbería ubicada en la colonia Roma de la Ciudad de México.