Trabajadores agrícolas viven con miedo en Florida

“La mayoría de la gente tiene miedo. Tiene uno que andar con cuidado para que no lo agarre la migra”, expresa angustiado el mexicano Rufino Hernández.El hombre, de 54 años, explica cómo la vida le...

“La mayoría de la gente tiene miedo. Tiene uno que andar con cuidado para que no lo agarre la migra”, expresa angustiado el mexicano Rufino Hernández.

El hombre, de 54 años, explica cómo la vida le ha cambiado en Homestead, una comunidad agrícola al sur de Miami, donde se pizca el tomate y otras verduras, desde que inició la presidencia del mandatario estadunidense Donald Trump.

“La cosa se ha puesto dura para todos nosotros. Yo no tengo papeles, igual están otros que viven conmigo, un guatemalteco y su esposa”, afirma el jornalero de 54 años y originario del pueblo de Siltepec, Chiapas.

Otro inmigrante, Samuel Suárez, nacido en Guatemala, ha estado en Florida por 14 años. Dice que está más temeroso ahora que nunca. "Lo que deba de pasar pasará”, afirma. “Donald Trump no nos quiere aquí”.

Homestead, dice, está lleno de inmigrantes indocumentados que corren el riesgo de ser deportados, como él.

La situación es igual para otros cientos de miles de trabajadores agrícolas e indocumentados que habitan cerca de las granjas de frutas y legumbres por toda Florida, en lugares como Homestead (sur), Immokalee (sureste) y Apopka (centro).

En su mayor parte, estos trabajadores recogen los millones de tomates que abastecen supermercados y restaurantes en todo Estados Unidos durante la mayor parte del año. Con las nuevas políticas de inmigración de Trump, el miedo se ha convertido en su norma.

Muchos de los inmigrantes, al no tener documentos, no pueden obtener una licencia de conducir, así que manejar para sus actividades diarias se convierte en un peligro, porque pueden ser arrestados por una falta de tránsito y esa falta terminar en su deportación.

“Hay muchos que incluso tienen miedo de hacer fiestas, pues dicen que puede venir la policía”, afirma Elvira Carvajal, encargada de la Asociación de Campesinos de Florida.

“Otras personas ya no quieren gastar y mejor dicen que quieren ahorrar y tener un dinerito para regresarse a su país”, señala Carvajal, cuya asociación tiene tres mil trabajadores agrícolas, en su mayoría mexicanos, guatemaltecos y salvadoreños.

La asociación de Apopka cuenta con seis mil jornaleros afiliados, y la de Immokalee con diez mil.

En Immokalee, el líder mexicano Lucas Benítez trata de tener un poco de calma y afirma que la gente más afectada es la que está en las listas de deportables de Trump, y que han cometido delitos una y otra vez.

“El temor es para la gente que está en esa lista, y entonces ese miedo se ha generalizado”, afirma el líder de los trabajadores rurales, al señalar que ya están acostumbrados a que la policía local coopere con las autoridades de Inmigración y Aduanas (ICE).

El condado Collier se encuentra desde el 2007 entre los condados que mantienen el programa 287 (g), que permite que la policía local entable una asociación con ICE y cumpla con los deberes de los oficiales de inmigración.

“Lo que le recomendamos a la gente es siempre mantenernos cautelosos a lo que hacemos y tratar de no tener ninguna clase de problema”, aseguró.

Ante el temor, Benitez dijo que la Asociación Campesina de Immokalee realizará un foro comunitario con una abogada migratoria para explicar a los campesinos las nuevas regulaciones de la administración Trump.