México y China fueron ejes iniciales de la globalización

México y China, conectados por el comercio impulsado por España en el siglo XVI, constituyen los ejes originales de la globalización, entendida como la conexión sistemática y continua entre...

México y China, conectados por el comercio impulsado por España en el siglo XVI, constituyen los ejes originales de la globalización, entendida como la conexión sistemática y continua entre continentes, afirmaron Peter Gordon y Juan José Morales.

 En su libro “The Silver Way” (La ruta de la plata) , publicado por la editorial Penguin Random House,  los autores argumentan que la integración intercontinental en el mundo inició con los periplos marítimos que unieron a la Nueva España con China, luego que Andrés de Urdaneta estableció este trayecto en 1565.

Aseguran que tras esos vínculos creados en el siglo XVI, China era la mayor potencia económica en el mundo y lo que ahora se conoce como la Ciudad de México, era la urbe más globalizada y cosmopolita del planeta.

La ruta establecida entre China y México a través del Océano Pacifico fundó un comercio de plata y bienes manufacturados que creó la base para la primera moneda realmente global, conocida como “peso de ocho”, y para el surgimiento de la primera “ciudad mundial” en la capital mexicana.

El establecimiento de las rutas comerciales entre la América española y China formaron “los ejes de las rutas comerciales que se extendieron por cuatro continentes”, de acuerdo con Gordon y Morales.

Estas rutas establecieron también por primera vez “un mundo vinculado a través del comercio global y las redes financieras que forman la base del mundo globalizado moderno y que abren la puerta a la economía mundial que permanece actualmente con nosotros”, indicaron.

En entrevista con Notimex, Gordon detalló que esta narrativa sobre la globalización ha sido olvidada a favor de la explicación ofrecida en el mundo angloestadunidense, que señala que la integración mundial inició en el siglo XVIII impulsada por la expansión británica.

Esta explicación prevaleciente se basa en “una narrativa de dominio angloestadunidense sobre todas las cosas, desde la economía y la tecnología hasta el poder militar”, dijo Gordon.

Fundador y editor de la publicación Asian Review of Books, Gordon destacó que rescatar la historia de los lazos entre China y América Latina ofrece “una tercera posibilidad”, respecto de los modelos actuales de globalización.

“China tiene ahora el suficiente peso para impulsar el desarrollo de nuevos modelos y narrativas. La trayectoria que vivimos de globalización (con Nueva York y Londres como sus centros), pudo ya haber terminado luego de 200 años”, consideró Gordon.

En ese sentido, el surgimiento de China como un nuevo jugador global no tiene que significar la integración de este país al modelo de globalización angloestadunidense, aunque tampoco tiene que generar una tensión similar a la de la Guerra Fría.

“Esta tercera posibilidad no es una en que un lado progresa mientras el otro se rezaga, sino en que las partes están en equilibrio, pese a que este equilibrio sea inestable, sujeto a interrupciones, cambios en los términos comerciales, diferentes objetivos y malentendidos frecuentes”, de acuerdo con los autores.

Gordon aseguró que China ya se ha expandido de manera notable en África, pero que su nueva relación con América Latina podría tener incluso mayor profundidad debido a la historia común que comparten.

“China tiene una historia muy abundante con la América española que puede ofrecer modelos, paradigmas y experiencias comunes”, enfatizó Gordon.