Un alemán pugna por diálogo interreligioso desde un monasterio en Irak

En Suleimaniya todos lo conocen como abuna, es decir, padre. En el registro es Jens Petzold. Sus orígenes hay que buscarlos en la ciudad de Berlín; después sus abuelos se fueron a vivir a Suiza. Su...

En Suleimaniya todos lo conocen como abuna, es decir, padre. En el registro es Jens Petzold. Sus orígenes hay que buscarlos en la ciudad de Berlín; después sus abuelos se fueron a vivir a Suiza. Su familia, de tradición laica, no veía con buenos ojos su constante búsqueda de algo que iba más allá de la vida cotidiana.

En 1994 fue en una búsqueda espiritual que tenía que llevarlo hasta el Lejano Oriente y que, en cambio, lo detuvo en Siria. Ahí conoció al jesuita italiano padre Paolo Dall'Oglio, fundador de la comunidad monástica de Mar Mousa al-Habashi y desde hace tres años prisionero del Estado Islámico.

"Hasta pronto", le dijo entonces el jesuita. Y así fue. Después de regresar a Suiza, Jens decidió volver a Siria y bautizarse.

Era el Domingo de Pascua del 1996. Cuatro años después de los votos. Fundador del monasterio de Deir al-Maryam al-Ahdra, costilla del de Mar Mousa al-Habashi, el padre Jens cree firmemente en el diálogo interreligioso.

Nacido en Berlín, Jens Petzold creció en Suiza. Ya de niño tenía un fuerte impulso de búsqueda interior. Fue un proceso largo y complejo que le llevó a leer todo tipo de textos religiosos, partiendo de las obras espirituales islámicas. Entre las varias opciones, la del catolicismo nunca le había llamado especialmente la atención.

"Con 32 años recién cumplidos -explica- me fui con la idea de hacer un viaje que me llevase hasta el Lejano Oriente para explorar el budismo. Pero terminé en Siria. Antes de mí en mi familia no se había registrado ningún bautizo desde hacía por lo menos 100 años. Mi abuelo era un socialista de la vieja escuela, muy conocido, y al principio no se tomó bien mi vocación. Pero entonces me vio finalmente feliz y aceptó mi elección".

En Damasco, en Siria, se inscribió en un curso de árabe. A partir de ahí tuvo la oportunidad de hacer muchos viajes en el país, uno de los cuales lo llevó al monasterio de Mar Musa al-Habashi, que data del siglo VI, construido en la roca de las montañas de Jabal al-Qalamoun, entre Damasco y Alepo.

El monasterio fue abandonado en el siglo XIX, pero en los años 80 el jesuita italiano Paolo Dall'Oglio -secuestrado el 27 de julio de 2013 cerca de Raqqa, en el norte de Siria, por parte del Estado Islámico- lo reactivó devolviéndole el esplendor del pasado y convirtiéndolo en un símbolo de la hospitalidad cristiana y del diálogo interreligioso, especialmente con el islam.

"La sensación de paz que encontré en ese lugar -continúa el padre Jens- no la había sentido antes. Tras unas pocas charlas con el padre Dall'Oglio ya tenía las ideas más claras. Cuando nos despedimos me dijo: ‘No te voy a decir adiós, porque sé que volverás'. Y así fue. Volví al cabo de un par de semanas con cada vez más preguntas e inquietud".

Jens volvió a Mar Musa al-Habashi una tercera y una cuarta vez. El padre Dall'Oglio lo invitó a quedarse más tiempo para completar su búsqueda espiritual.

Dice el religioso: "¿Por qué debería haber dicho que no? Me quedé un año. Oí la llamada de Jesucristo. Y pensar que siempre había considerado la Iglesia católica como una secta cerrada e inalcanzable... Sin embargo ahí entendí que estaba equivocado y que el principio en el que se basa la religión católica es la acogida. Pedí que me bautizasen. Era 1996, el día de la Santa Pascua. Una semana después abandoné el monasterio".

Volvió a Suiza para tomar una decisión con toda la tranquilidad. Estaba convencido: quería hacerse monje. Volvió a Mar Musa al-Habashi par el noviciado y tomó los votos en el 2000. Dos años más tarde se trasladó a Roma para estudiar el mundo islámico en todas sus facetas al lado de dos importantes instituciones papales.

Al acabar sus estudios el patriarca caldeo Luis Rafael Sako le confió una importante misión: crear una comunidad en el Kurdistán iraquí, concretamente en Suleimaniya.

"Soy el fundador del monasterio de Deir Maryam al-Ahdra -explica el padre Jens- y estoy muy orgulloso de ello. Esto es ante todo un lugar de acogida y de diálogo. Es frecuentado por musulmanes, todos son bienvenidos aquí".

"Me encanta comunicarme con los jóvenes, espero de alguna manera ser de ayuda en su búsqueda personal. Cada año vienen cientos de chicos y chicas extranjeros dispuestos a conocer este rincón del mundo y compartir sus experiencias. Pero aquí también tenemos otra misión", agrega.

Deir Maryam al-Ahdra da refugio a un centenar de personas que han huido de la persecución del Estado Islámico. Son todos procedentes de Qaraqosh, la principal ciudad cristiana iraquí, situada a unos 30 kilómetros de Mosul. Abuna, abuna ("padre"), gritan los niños cuando ven al padre Jens, a quien reciben con gran alegría.

Los refugiados de Qaraqosh -que recientemente fue liberada gracias a la intervención conjunta de las fuerzas iraquíes y kurdas- viven en habitáculos dispuestos en un patio detrás del monasterio.

"Lo han perdido todo, sus hogares en primer lugar -dice el padre-. Algunos de ellos fueron ayer a Qaraqosh para comprobar el alcance de los daños, pero sólo encontraron escombros. Todo está quemado. Sin sentido, sin ninguna justificación militar. Sólo por pura maldad. Ahora Qaraqosh está libre pero los cristianos ya no tienen dinero. El verdadero problema ahora es la reconstrucción".

Y concluye: "Se lucha es contra el Estado Islámico, no contra el islam. Pero, por desgracia para muchos, la percepción es que son la misma cosa. Hay que marcar bien la diferencia entre extremismo e islam. Es por eso que estoy comprometido a mantener una relación estrecha con los principales imanes de Suleimaniya y organizo encuentros con miembros de las diversas comunidades religiosas".

"El único camino posible para nuestro querido Irak, desde hace demasiados años en el caos, es el del diálogo interreligioso. Conocerse para apreciarse el uno al otro. Y en esto espero ser un punto de referencia, ya que he conocido y estudiado muchas culturas y religiones. Oramos para que el odio que ha caído en esta hermosa tierra junto con la guerra y el terrorismo pronto sea enterrado para siempre", enfatiza.