Músicos se acostumbran a tocar en medio del dolor para ganarse la vida

Aunque los primeros años, tocar en sepelios fue muy duro, pues los músicos también tenemos nuestro corazoncito, el acordeonista Don Mauro reconoce que se convirtió en la manera de ganarse la vida...

Aunque los primeros años, tocar en sepelios fue muy duro, pues los músicos también tenemos nuestro corazoncito, el acordeonista Don Mauro reconoce que se convirtió en la manera de ganarse la vida.

Desde hace 40 años, Don Mauro, quien prefiere reservarse sus apellidos, ha estado detrás de cortejos fúnebres; ve a las personas llorar, pero ahí están ellos ejecutando las melodías que al finado gustaban en vida.

Recordar a esa persona, afirma, con las canciones que le agradaban es también una forma de sentirla cerca, es por ello que Mauro lleva 40 años dedicándose a tocar en funerales.

El ser músico de panteones es un trabajo muy duro, señala, porque el presenciar el dolor de la gente es algo muy difícil pero en este oficio no queda más que acostumbrarse.

“Nosotros también tenemos coranzoncito, pero no queda de otra que aguantarse. Cuando duele más es cuando vemos a los niños llorar, ya sea porque se les murió su mamá o su papá, pero con el paso de los años uno se acostumbra”, comentó el acordeonista.

Desligarse de los sentimientos es una de las principales complicaciones de esta labor, pero no es la única que se presenta, también el tener que estar bajo el rayo del sol es muy agotador, “llegamos a las 10 de la mañana y nos retiramos como a las cuatro de la tarde, porque el panteón lo cierran a las cinco”.

Entre otros aspectos, este tipo de empleos va extinguiéndose porque sólo se requiere un cierto número de músicos por panteón; así como el que la gente ya no los contrate porque llevan sus grupos, en su mayoría bandas; y uno de los más importantes, es que ahora las personas ya no pueden pagar el servicio, “hay veces que nos contratan por tocarles una hora pero en estos tiempos difíciles ya normalmente nos piden una o dos canciones”.

Don Mauro no sólo toca en las cinco secciones del cementerio “Los Rosales”, ubicado en Chimalhuacán, Estado de México, sino que también recorre varios camposantos de la zona, además de irse ciertos periodos a Tijuana, en donde ejerce la misma actividad.

De acuerdo con el músico, las temporadas en las que hay mayor demanda es el 10 de mayo y el Día de Muertos, fechas en las que, junto con su grupo, interpreta todo el día canciones como “Te vas ángel mío”, “Tristes recuerdos”, “Despedida” o “Las golondrinas”.

Aunque Mauro ha tocado en diferentes grupos, con el que lleva mayor tiempo es con el cuarteto que se hace nombrar “Veneno del norte”, el cual es conformado por el acordeón, bajo sexto, tololoche y tarola.

A pesar de que cada vez hay menos trabajo, Don Mauro no piensa retirarse hasta que “ya no pueda caminar o cantar”, ya que este oficio es el que le ha dado techo y comida.