Comercios del Centro Histórico albergan la historia de México

Además de albergar la Plaza de la Constitución, la imponente Catedral Metropolitana y la zona arqueológica del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México también se puede comer...

Además de albergar la Plaza de la Constitución, la imponente Catedral Metropolitana y la zona arqueológica del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México también se puede comer, beber, entretenerse y adquirir productos en sus comercios centenarios.

Con acabado rústico y una construcción original que data del siglo XVII, el restaurante Café Tacuba, fundado en la época revolucionaria por el tabasqueño Dionisio Mollinero, invita a realizar un recorrido por la gastronomía y las tradiciones mexicanas mediante sus platillos.

Esa experiencia también se puede vivir a través de algunos de sus muros que cuentan con pinturas alusivas a la conquista de México, como “El encuentro entre Moctezuma y Hernán Cortés”, del pintor Arturo Romo, mientras que sus techos brillan gracias a coloridos vitrales y al dibujo del Penacho de Moctezuma.

En la calle Bolívar está la zapatería El Borceguí, creada a mediados del siglo XIX. Ahí se ofrece todo tipo de calzado en piel como botas, zapatillas, tacones, mocasines y accesorios para el cuidado de los mismos, así como tenis de diversas marcas.

El establecimiento con asientos de madera y piso de duela hace que la compra de zapatillas para toda la familia se vuelva un viaje a la época de los catrines.

Además ahí se puede visitar el Museo del Calzado, creado en 1991 en honor a Don José Villamayor Castro, empresario de esa industria, cuyo acervo se conforma por dos mil piezas donadas por personalidades de la política, del deporte, del periodismo y las artes.

Algunas de las piezas que se pueden admirar son las zapatillas de la Reina Isabel II del Reino Unido, los tacos del futbolista Hugo Sánchez y hasta los zapatos del abogado Jacobo Zabludovsky y del pintor José Luis Cuevas.

Si de beber se trata nada mejor que visitar El Gallo de Oro, considerada “la cantina más antigua de México”, con un diverso menú a la carta e infinidad de platillos y bebidas de la casa.

Entre carnes, pescados y aves ese antiguo negocio posee un alto número de discípulos de la buena comida, conocedores del menú ejecutivo a cuatro tiempos y del cabrito al horno como plato principal.

Quienes asistan al lugar deben conocer que el menjurje más importante de la taberna es el “menyul”, originario de Veracruz que además de azúcar y hierbabuena tiene una combinación de licor de cacao, ginebra, ron y jerez.

En la calle 5 de Mayo los siete días de la semana la talabartería La Palestina ofrece una variedad de artículos de piel como monturas para caballo, maletas, mochilas, carteras y cinturones.

El establecimiento fue fundado en 1884 y en su inicio era el lugar destinado a la compra de artefactos para los rocines y los jinetes revolucionarios del momento.

Sin embargo a lo largo del tiempo ese sitio ha añadido a su extenso catálogo de vestimenta una gama de artículos sintéticos para transportar material, como maletas de viajero o mochilas para niños.

La Palestina tiene fotografías dedicadas a la charrería, así como figuras e imágenes de periódico que muestran al local como uno de los más importantes de la Ciudad de México.

De acuerdo con información del gobierno capitalino, las leyendas relatan que en los caballos de bronce que adornan las esquinas de la talabartería los generales Francisco Villa y Emiliano Zapata amarraban sus caballos.

Ubicada en un pequeño espacio de un edificio con arquitectura Art Nouveau, el interior dorado con estilo francés de la Dulcería de Celaya recuerda a la vida del año 1900.

A unos pasos del Zócalo de la Ciudad de México se encuentra ese lugar que en su fachada posee un antiguo y distintivo letrero y engalana la acera con el nombre del establecimiento en letras antiguas.

Los visitantes de esa centenaria tienda son recibidos con un tapete recibe con la frase “Todo bueno”.

Así como esos sitios distintos puntos de la capital del país conservan un gran número de negocios que en cada pared guardan un fragmento de la historia de México.