Irrumpe en el panorama literario mexicano la boliviana Liliana Colanzi

Los géneros literarios representan una forma de interrogarnos, por un lado, sobre nuestra relación con aquello de lo cual sabemos poco o nada, que está muerto, y por otra parte, sobre cuestiones que...

Los géneros literarios representan una forma de interrogarnos, por un lado, sobre nuestra relación con aquello de lo cual sabemos poco o nada, que está muerto, y por otra parte, sobre cuestiones que tienen que ver con la ciencia, sostuvo la escritora boliviana Liliana Colanzi (1981).

En entrevista para Notimex, la joven escritora habló sobre su más reciente publicación, titulada “Nuestro Mundo Muerto”, un texto en el que ofrece ocho cuentos que juegan con lo fantástico, lo sobrenatural, sobre el momento en que lo real se quiebra y se tuerce un poco a través de ciertas experiencias de los personajes.

“Por ejemplo, hay experiencias místicas, delirio, paranoia, entonces es una especie de interpelación de lo real, a través de estados alterados. Juego con lo fantástico porque hay por ejemplo, la incursión de lo sobrenatural y de algunos cuentos, con la apariencia de visiones, alucinaciones, fantasmas, y por otro lado, tengo un cuento de ciencia ficción que le da el nombre el libro y que transcurre en marte”, dijo la autora.

Con gran fuerza y una cierta violencia, Colanzi ubica al lector en el umbral de varios mundos: lo terrenal y lo fantástico, la ciencia ficción y la idiosincracia indígena, el recuerdo y la pesadilla.

Haciendo de sus cuentos mecanismos en los que operan lo mismo cantos rurales que testimonios de estudios etnográficos, la autora boliviana construye atmósferas en las que hay siempre una añoranza, ya sea del hogar, la infancia o incluso nuestro planeta, que es producto del encuentro con aquello que nos resulta ajeno, pero en donde lo añorado contiene a su vez enfermedad y pobreza, misterio y muerte.

Así, la magia de la Latinoamérica exotizada es sustituida por la crudeza de la colonia y el extraccionismo, el fanatismo y la superstición.

“Nuestro Mundo Muerto”, por ejemplo, “surgió de una noticia que vi en los medios de comunicación, del proyecto titulado “Mars One”, en el que están pensando enviar en 10 años, lo que sería la primera colonia humana en Marte.

“Leí la noticia de una joven boliviana de 18 años, que había sido seleccionada y que se estaba preparando psicológica y físicamente para una experiencia tan radical y en la que posiblemente no hay retorno”, indicó.

Cuenta que su interés por lo sobrenatural y aquello que no entendemos es filtrado o asumido de diferentes formas, por ejemplo con los niños.

“Un niño tiene una idea muy vaga de lo que es la muerte, y en el libro, hay uno de estos cuentos que se llama ‘Alfredito’, y justamente exploro cómo se enfrenta a un grupo de niños, a la idea de la muerte de uno de sus amigos.

“La idea de este cuento me la trajo un relato de la infancia, cuando un chico de mi edad, en aquella época de 10 años, murió repentinamente y pensaba en que podría aparecer en cualquier momento, no sabía si en forma de zoombie o fantasma, como no tenía una idea concreta de la muerte pensaba que vería a ese amiguito volviendo al curso, a la clase”, dijo.

Entonces, agregó, lo que me interesa es justamente hablar de varias maneras de abordar la muerte en estos cuentos de relacionarnos con aquello que no sabemos.

La autora de “Vacaciones permanentes” y la “Ola”, dijo que también hay otros cuentos en donde se mezcla la experiencia mística o la paranoia.

“A veces, por ejemplo, algo tan simple como tomarte una pastilla, te puede perturbar por completo, la idea que tienes de lo real y estos cuentos desean indagar en ese intersticio en el que lo real se va fragmentando.

“En mis cuentos también me interesa explorar como en la historia de nuestros países y más en Bolivia, hay un trasfondo colonial del que no estamos conscientes. Muchos de mis cuentos transcurren en el campo y el campo es un lugar asignado por esta relación colonial, porque es él que produce la materia prima, los alimentos con los cuales se hace posible la vida en la ciudad, pero en qué condiciones se hace esto”, señaló.

En cuanto al propio género, destacó que siempre ha tenido una tradición muy saludable y viva en América Latina, con escritores de la talla de Juan Rulfo, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

“Somos un continente que produce mucho cuento y en ese sentido, sigue siendo una tradición muy viva. No me parece que sea un eslabón para llegar a la novela o un paso preliminar para lo mismo, es un formato para abordar la ficción que nada tiene que envidiarle a la novela”, consideró.

En “Nuestro Mundo Muerto”, el lector tiene la oportunidad de ser testigo de la irrupción en el panorama literario mexicano de una nueva y potente voz del Sur del continente.