Historia, cultura y esparcimiento conviven en Bosque de Chapultepec

El Bosque de Chapultepec, uno de los pocos pulmones que existe en la Ciudad de México, ha sido testigo de parte de la historia del país, desde la llegada de culturas como teotihuacana, tolteca y...

El Bosque de Chapultepec, uno de los pocos pulmones que existe en la Ciudad de México, ha sido testigo de parte de la historia del país, desde la llegada de culturas como teotihuacana, tolteca y mexica, a los españoles, hasta en la actualidad ser un espacio familiar que alberga recintos culturales y un zoológico.

El bosque, espacio verde que en esta época se encuentra rodeado de grandes edificios y avenidas, fue considerado hace tiempo como un sitio sagrado, por lo que sus ahuehuetes y manantiales se convirtieron en objetos para rezos y fe religiosa.

Parte de la historia de México ha pasado por el corazón verde de la capital del país. Entre sus árboles caminaron Nezahualcóyotl, Moctezuma, Hernán Cortés, Maximiliano de Habsburgo, Porfirio Díaz y Lázaro Cárdenas, entre otros personajes.

Testigo del devenir del país, un segmento importante del mismo la crearon los Niños Héroes, en el Castillo de Chapultepec, desde donde enfrentaron la invasión estadounidense de 1847.

En lo que hoy se conoce como Bosque de Chapultepec (Cerro del Chapulín, en náhuatl), en la época prehispánica Nezahualcóyotl y Moctezuma realizaron la construcción de un acueducto para distribuir el agua a Tenochtitlan.

También en dicho espacio natural, que surte de aire fresco y limpio a la actual capital mexicana, dichos personajes de la historia construyeron baños rituales y el último mandó a hacer un jardín botánico.

La llegada de los colonizadores españoles cambió esta historia y con la caída de México-Tenochtitlan, en 1521, inició la invasión del bosque. El conquistador Hernán Cortés se apoderó de Chapultepec como parte de la Villa de Coyoacán, primer Ayuntamiento del Altiplano.

Así, por casi 500 años el Bosque ha sido intervenido en su ampliación y remodelación en varias ocasiones. Para 1785, por orden del Virrey Bernardo de Gálvez, inició la construcción del llamado Palacio Virreinal, hoy conocido como Castillo de Chapultepec.

La construcción, que alberga actualmente al Museo Nacional de Historia, estuvo abandonada durante la lucha de Independencia, pero en 1843 se trasladó a ella el Colegio Militar, que en la también llamada Guerra de Intervención Norteamericana de 1847 fue escenario de la famosa defensa a cargo de los jóvenes cadetes.

Posteriormente, en la etapa del segundo imperio en México, Maximiliano de Habsburgo lo convirtió en Palacio Imperial, que habitó junto con su esposa Carlota, de acuerdo a información de la página electrónica “chapultepec.df.gob.mx”.

Tras la derrota del régimen impuesto desde Europa, y con la llegada de Porfirio Díaz a la presidencia, el gobernante mandó a hacerle modificaciones para regresarlo como residencia del Colegio Militar, mientras su Alcázar quedó como residencia presidencial.

En este proceso de cambios, restauraciones, durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, en 1939 fue cedido el edificio al pueblo de México para que este se convirtiera en Museo Nacional de Historia, y para responder a los nuevos tiempos abrió espacio a centros culturales y recreativos.

Posteriormente el Bosque de Chapultepec fue dividido en dos secciones, en las cuales ofrece al visitante espacios como el Museo de Arte Moderno, Museo de Historia Natural, Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, o la Casa del Lago.

En su área también se pueden encontrar espacios como el Zoológico de Chapultepec, la Feria de Chapultepec, el Centro Cultural del Bosque y el Auditorio Nacional.

Parte importante y tradicional es su lago, en el cual el visitante puede alquilar un bote y remar, y por muchos años fue escenario natural del ballet “El lago de los cisnes”, a cargo de la Compañía Nacional de Danza.

También se ha convertido en un sitio que alberga encuentros como el Festival de la Risa. Por todo lo anterior, el Bosque de Chapultepec, el parque urbano más antiguo de América, es un ente vivo, abierto todos los días del año para el gozo de quienes caminan, disfrutan de sus áreas verdes y espacios culturales.