La Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, un ecosistema originario rodeado de urbanización al sur de la ciudad de México, es un lugar donde conviven en cada metro cuadrado, especies tan diferentes, adaptadas a la luz solar o a la sombra.

Abarcando casi la tercera parte de Ciudad Universitaria, la reserva se divide en 16 zonas, dispersas en el campus, que tienen la función de proteger este ecosistema original del Pedregal.

La erupción del Volcán Xitle, ocurrida hace varios cientos de años, cubrió 80 kilómetros cuadrados con su lava “y después poco a poco, la vida va tomando ese espacio y se va desarrollando un ecosistema muy particular y prácticamente el más biodiverso de toda la cuenca del Valle de México”.

Así lo señaló, en entrevista con Notimex, la responsable de Comunicación Ambiental de la Secretaría Ejecutiva de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, Hilda Marcela Pérez Escobedo.

“La forma en la que la lava se enfría genera un relieve muy heterogéneo, no genera un planito; produce en muy poco espacio lugares de grieta donde nunca va a tener sol, lo que va generando diferentes microambientes a los cuales las plantas y animales se van adaptando”, explicó la especialista.

Entonces, conviven en el mismo espacio plantas adaptadas a recibir sol todo el año cómo nopales, pasto “zacatón” y cactáceas pequeñas; con otras que necesitan un ambiente más húmedo, sombreado, como los helechos que se encuentran en las grietas.

Y esto sucede también con los animales que habitan esta reserva; como el caso de salamandras o ranas, que al igual que los caracoles, pese a que esta zona atraviesa por seis meses de sequía, se adaptaron a vivir en este sitio.

Estos animales necesitan humedad por lo que “se guardan en grietas, oquedades o en el zacatón, en los microambientes de las plantas; en espera de la temporada lluviosa para poder revivir por así decirlo, retomar energías y rápido, porque tienen muy poco tiempo para alimentarse, aparearse, poner los huevecillos y volverse a dormir”, explicó Pérez Escobedo.

Además, múltiples cantidades de insectos brindan su colorido a esta zona como los escarabajos, catarinas y mariposas, que conviven con tarántulas y alacranes en este ambiente donde también deambulan zorrillos, cacomixtles y tlacuaches.

Asimismo, se pueden encontrar en abundancia roedores y murciélagos, “de las 30 especies nativas de mamíferos que hay; unas 15 son de roedores y murciélagos”, pero también se pueden encontrar halcones y lechuzas, además de aves migratorias, entre otras, afirmó.

Pero la modernidad también amenaza a este espacio de 237 hectáreas, que se encuentran atravesadas por distintas vialidades como la avenida de los Insurgentes o el Anillo Periférico.

Pérez Escobedo recordó que partir de los años 40 del siglo pasado comenzó el proceso de urbanización del Pedregal, y para los 80 se había perdido ya el 70 por ciento de los 80 kilómetros cuadrados originales.

Y en el caso de estos ecosistemas originarios, en la medida en que se van reduciendo, fragmentando, aislando, se hacen más susceptibles a poder padecer “enfermedades” o ser más vulnerables ante cualquier impacto, explicó.

Aunque una ventaja del “ecosistema del Pedregal en particular es, justo por esto mismo: como en poco espacio hay una gran diversidad, eso le ha dado cierta autoprotección, a pesar de que está bastante fragmentado”.

Por lo que, “el listado de riesgos que tiene este lugar; sí, el principal es la urbanización: la transformación del ecosistema la reducción del ecosistema original; ese es el principal problema y de ese se derivan todos los demás”.

De manera que para conservarlo, la Secretaría Ejecutiva de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel realiza actividades dentro y fuera de este espacio, además de la normativa para la realización de eventos.

Pérez Escobedo apuntó que de forma regular se emprenden en la reserva acciones para retirar basura, especies exóticas o personas que realicen actividades no permitidas en su interior, para lo cual cuentan con colaboradores y esto está abierto al público en general.

Finalmente señaló que también se promueve el cuidado y respeto a esta zona mediante pláticas y difusión en redes sociales y otros medios de comunicación, por parte de esta Secretaría que depende de la Coordinación de la Investigación Científica de la UNAM.